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José María Rotellar

Siete síntomas de que el retroceso económico llega a la industria

Que la inversión empresarial disminuya es un síntoma claro de un debilitamiento económico, derivado, en este caso, de un empeoramiento de expectativas por la inseguridad generada.

José María Rotellar
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Que la inversión empresarial disminuya es un síntoma claro de un debilitamiento económico, derivado, en este caso, de un empeoramiento de expectativas por la inseguridad generada.
Trabajador en un horno de una fábrica de acero | Alamy

El crecimiento se ralentiza con cada dato que aparece. Hace no mucho la evolución del crecimiento del PIB del segundo trimestre mostraba una paralización tanto por el lado de la demanda como por el de la oferta, pero en ellos, parecía que la industria todavía se comportaba de una mejor manera. La realidad es que se trataba de un momento transitorio, porque con los nuevos datos industriales, ya actualizados a agosto, la evidencia del retroceso en actividad económica llega al sector industrial.

Era de esperar, porque en el segundo trimestre la inversión empresarial se caía: retrocedía 3,3 puntos en comparación con el incremento del mismo período del año anterior (justo cuando Pedro Sánchez llegó al Gobierno), de manera que su crecimiento se quedaba en el 0% en este segundo trimestre de 2019.

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Que la inversión empresarial disminuya es un síntoma claro de un debilitamiento económico, derivado, en este caso, de un empeoramiento de expectativas por la inseguridad generada ante las dudas sobre la política económica que será aplicada en España, ya que de poder formar gobierno el actual ejecutivo en funciones, muchas inversiones no se llevarán a cabo, al igual que las decisiones de consumo por parte de las familias, que, ahora, de momento, se están aplazando a la espera de que se clarifiquen tanto el escenario político como también los riesgos internacionales que acechan a la economía. En cualquier caso, la respuesta del Gobierno no está siendo concluyente en nada de ello, no ya ahora que está en funciones, sino incluso antes, cuando no afrontó ningún intento de impulsar reformas estructurales que mejorasen la economía. Todo ello, hace caer el índice de confianza empresarial un 2,9%, cuando crecía en el momento de producirse la moción de censura. Dicho índice, refleja las expectativas que en el futuro cercano tienen los empresarios.

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Y ese retroceso en la inversión empresarial derivado de esas peores expectativas comentadas, que nos lleva a esa pérdida de confianza empresarial, se materializaba con especial fuerza en la parte de inversión que está más vinculada con la producción industrial, como es la inversión en bienes de equipo. En el segundo trimestre del año, la inversión en bienes de equipo cae un 1,8%, cuando un año antes crecía un 8,4%. Es decir, en doce meses ha empeorado 10,2 puntos porcentuales.

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Y eso, con los últimos datos publicados, los agosto de este año, está dejando ya su impacto en la evolución industrial. De esta manera, la entrada de pedidos en la industria refleja claramente y con contundencia esta evolución negativa:

  • Cae un 23,9% en términos mensuales.
  • Retrocede un 4,5% en tasa interanual.
  • Desciende 26 puntos porcentuales respecto al dato de este indicador en el instante en el que Sánchez ocupó la presidencia.
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Esa evolución negativa de los pedidos industriales es símbolo de la desconfianza que se ha generado, que repercute negativamente en la producción industrial. Así, el Índice de Producción Industrial (IPI), también cae:

  • Un 24,7% intermensual.
  • Un 0,5% interanual.
  • Retrocede 23,5 puntos porcentuales desde el momento de la moción de censura.
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Y todo ello, incide negativamente también, en lógica coherencia, con la cifra de negocios de la industria, que presenta la siguiente evolución negativa:

  • Desciende un 27,9% intermensual.
  • Cae un 3,6% interanual.
  • Es 27,5 puntos porcentuales menor que al llegar Sánchez a La Moncloa.
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Este retroceso en el sector industrial es sumamente preocupante, al tratarse, en primer lugar, del segundo sector económico español, con un peso del 15,9% sobre el Valor Añadido Bruto (VAB) de la economía española, con lo que una caída de la Industria afecta de manera importante al conjunto de la economía nacional.

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Y, por otra parte, porque la inversión reacciona de manera mucho más volátil que el consumo ante los cambios de ciclo económico y ante la mejora o empeoramiento de las expectativas, con lo que estos grandes cambios a la baja de estos indicadores industriales recogen esas variaciones a la baja en la inversión y en la inversión en bienes de equipo, elemento que supone una clara advertencia de la ralentización de la economía ante el empeoramiento de las expectativas.

Estos datos recomiendan insistir en la necesidad de aplicar cuanto antes reformas estructurales que dinamicen la economía española y hagan que esté mejor preparada para minimizar la desaceleración, evitar una crisis y volver a crecer sólidamente lo antes posible, al tiempo que hay que huir del incremento de gasto público y de las subidas de impuestos, que lo único que harían, estos últimos, sería deteriorar más la situación económica.

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