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José María Rotellar

El nefasto balance económico de los treinta y tres meses de Pedro Sánchez

Vuelve al recuerdo de los agentes económicos la grave crisis de no hace tanto tiempo, porque el horizonte económico que tenemos por delante podría ser peor, ya que no ha sabido ocuparse del problema económico a tiempo.

José María Rotellar
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Vuelve al recuerdo de los agentes económicos la grave crisis de no hace tanto tiempo, porque el horizonte económico que tenemos por delante podría ser peor, ya que no ha sabido ocuparse del problema económico a tiempo.
Pedro Sánchez, en un acto en Moncloa. | EFE

Tras ya casi tres años como presidente del Gobierno, el presidente Sánchez tiene que enfrentarse a los datos de su gestión también en su vertiente económica. Es obvio que la crisis sanitaria ha impactado en la economía española, pero hay que realizar dos matizaciones: ni todo el empeoramiento económico se debe a la crisis provocada por el coronavirus, pues la ralentización se intensificaba cada vez más desde finales de 2018 sin que el Gobierno hiciese nada positivo para frenarlo, cuando no incentivaba la desaceleración con sus medidas de incremento de gasto, ni el impacto del virus en la economía ha tenido la misma fuerza en todos los países, pues quienes han sido previsores y han gestionado mejor, han podido tomar medidas más suaves, incluso no cerrar la economía y ahora cuentan con una fortaleza económica estructura muy superior a la española.

En este balance pesa, y mucho, la forma de hacer política de Pedro Sánchez, aplicada también a la política económica.  Su problema es de origen, del momento y modo en cómo llegó a la presidencia del Gobierno. No se puede pretender gobernar con una cifra tan escasa de diputados del propio grupo en un parlamento que cuenta con 350 escaños. Todo lo más, como hizo Sánchez, se puede alcanzar el poder, pero no gobernar, de manera que tiene que estar sometido a las alianzas que él ha querido tener: los comunistas, los independentistas y el antiguo brazo político de la banda terrorista ETA, que llevan a aplicar políticas perjudiciales para la economía.

Cuando Pedro Sánchez deje el Gobierno, su legado será malo, no ya por los datos de nivel que presente, sino, sobre todo, por tres elementos: la tendencia de agudización del empeoramiento por la inseguridad generada, la ausencia de reformas y las propuestas populistas de incremento de gasto y subida de impuestos que habrán desestabilizado la economía. Ese balance, tras estos treinta y tres meses (casi tres años), ya se comienza a vislumbrar de manera clara.

Todo eso, lo que ha desatado no es otra cosa que la desconfianza en la política económica que se aplicará ahora. Vuelve al recuerdo de los agentes económicos la grave crisis de no hace tanto tiempo, porque el horizonte económico que tenemos por delante podría ser peor, ya que no ha sabido ocuparse del problema económico a tiempo, hundiéndolo con medidas muy restrictivas que tampoco ha demostrado que sirvan para conseguir progresos sanitarios. Todo lo ha hecho mal, porque ha primado la propaganda sobre la gestión y el sentido común. Las ayudas, tardías e insuficientes; los impuestos, sin condonar; la confianza, por los suelos; la vacunación, retrasada; y la incertidumbre, elevada de manera exponencial.

Eso repercute sobre los agentes económicos. Y esos agentes económicos, principalmente las familias y las empresas, han intensificado su prudencia ante el empeoramiento de expectativas tras la gestión ineficiente del Gobierno a lo largo de estos meses, donde han cerrado la economía y han motivado el fin de muchas empresas.

En primer lugar, las familias reducen su consumo y aumentan su ahorro en previsión de que dicha reducción en renta llegue, al ver cómo muchas otras personas ya cuentan con menos recursos. El consumo de las familias se hunde un 8,4% interanual, mientras que cuando Sánchez llegó al Gobierno crecía un 1,1%.

Es más, y como prueba de que el deterioro económico ya venía de antes de la situación sanitaria derivada del coronavirus, el comportamiento interanual del consumo en 2020 fue negativo en todos los trimestres, cuando del primer trimestre sólo le afectó el cierre medio mes.

Por su parte, las empresas hacen lo propio: anulan o, en el mejor de los casos, aplazan decisiones de inversión hasta ver qué camino tomará la política económica y si la economía española se reforma para ello o no. Así, la formación bruta de capital (la inversión), pasa de crecer un 8,4% interanual en el IITR-2018 a bajar un 14,3% en el último dato disponible.

Es más, también en la inversión se ve que el efecto de la política económica aplicada por el Gobierno ya ralentizaba la economía antes de la pandemia, al caer en términos interanuales todos los trimestres de 2020, y hacerlo, en el último, de manera más acentuada respecto a lo que había parecido una leve mejoría en el trimestre anterior.

Ese descenso de la confianza empresarial que nos transmite la inversión se ve claramente en la inversión en bienes de equipo, fundamentales para la producción. Se ha pasado de crecer un 12,5% interanual al llegar Sánchez a caer ahora un 17,5%.

Por la parte de la oferta, destaca el deterioro de la construcción. Cae un 18,2%, mientras que cuando Sánchez llegó al Ejecutivo crecía un 6,4% interanual.

Y también destaca en la oferta, especialmente, el quebranto provocado al comercio y la hostelería, que con tan duras medidas, que desangran su actividad, pasan de crecer un 2,9% interanual en el IITR-2018 a caer ahora un 20,4%.

Esa caída del comercio y la hostelería llega después de haber adoptado medidas tan duras con este sector, que hizo que llegase a caer más de un 45% en el IITR-2020, de manera que lo han puesto contra las cuerdas, sin casi ya posibilidad de recuperación, por agotamiento de recursos financieros.

La industria y los servicios también se ven afectados globalmente de manera muy intensa, con bajadas importantes en los dos principales sectores de nuestra economía, especialmente en el más relevante, los Servicios, con una caída de casi un 10% interanual en el IVTR-2020.

Tampoco son mejores los datos de inversión extranjera recibida, que cae 14.773,60 millones desde que Sánchez gobierna, ni los de deuda, que crece en 153.961 millones desde que llegó al poder. Es decir, se pierde una gran parte de la inversión extranjera que se recibía al tiempo que la deuda crece exponencialmente (crece diez veces la cifra de inversión que se pierde). Ello denota tanto la incertidumbre generada, que hace que no se reciban tantas inversiones, como el desmedido gasto público, que será muy perjudicial de manera estructural en forma de déficit y deuda.

Todo ello desemboca en el empleo, con 712.273 parados más y 86.188 afiliados menos desde mayo de 2018.

Ése es el balance que deja Sánchez hasta el momento. Una economía atenazada por la incertidumbre, con su estructura económica dañada por el cierre productivo motivado por la falta de medidas tempranas en el ámbito sanitario, sin una buena dirección y coordinación en el plan de vacunación y sin reformas que permitan minimizar los problemas y que posibiliten dinamizar la economía para volver a crecer de manera rápida, sólida y robusta, de manera que la gestión equivocada hace que los indicadores económicos se deterioren cada vez más y hagan más complicado salir de la crisis.

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