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Las pensiones 'ahogan' el Presupuesto: de 2007 a 2022... y lo que queda

El gasto en prestaciones de jubilación se dispara. Incluso tras el fuerte incremento post-Covid en otras partidas, supone el 40% del total de los PGE.

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El gasto en prestaciones de jubilación se dispara. Incluso tras el fuerte incremento post-Covid en otras partidas, supone el 40% del total de los PGE.
El Movimiento de Pensionistas de Vizcaya se manifiesta la semana pasada, en Bilbao, con el lema | EFE

Cuatro de cada diez euros de gasto real (excluido el financiero) de los Presupuestos Generales del Estado irán destinados al pago de pensiones. Esto suena a ya sabido, a un nivel en el que nos movemos desde hace años. Porque es verdad y porque en el primer borrador de PGE para 2018 y 2019 la cifra era incluso superior. Además, casi nada impresiona ya en lo que hace referencia al gasto en pensiones. Pero si lo miramos con cierta perspectiva veremos que supone un incremento de ocho puntos respecto al nivel previo a la anterior crisis y eso en un ejercicio en el que se dispara el gasto público en otras partidas (lo que debería contribuir a rebajar el peso de las pensiones en el total del PGE).

Lo que nos indica la evolución general es que, más allá del efecto Covid, que lo ha desvirtuado todo en los últimos dos ejercicios, se mantiene la tendencia de las últimas décadas: el gasto en pensiones sigue creciendo. Así, mientras el gasto total sin tener en cuenta las ayudas europeas subirá un 0,4%, la línea de las pensiones lo hará un 4,8%. Hay otras partidas con más incremento, pero ninguna con tanto peso. Y todavía no ha comenzado el grueso del efecto baby-boom que, como explicábamos hace unas semanas, llegará a España a lo largo de esta década.

Las cifras de los PGE pueden apabullar. Los periodistas titulamos con miles de millones de euros, porcentajes de crecimiento, comparativas año a año... Y al final es complicado hacerse una idea de si la cosa es grave o estamos ante la evolución normal de cualquier partida de gasto. Por eso, para comparar con algo más de perspectiva, en este artículo nos fijaremos tres referencias: los Presupuestos de 2007, el año previo a que se desencadenase la gran crisis financiera; 2015, una vez terminada aquella y en un momento de crecimiento y recuperación; y 2022, las que se supone que serán las cuentas de la recuperación post-Covid, una vez eliminados buena parte de los efectos distorsionadores de los últimos 18 meses y con fuertes subidas de gasto público en casi todos los departamentos.

¿El resultado? Aunque ya lo sabíamos, no deja de llamar la atención: el peso de las pensiones en los PGE sigue en el 40% del total y deja menos margen (mucho menos margen) para todo lo demás. Si sigue así, podría alcanzar el 50% del gasto no financiero a finales de la década. Es verdad que no hablamos de todo el gasto público en España: las grandes partidas de Educación o Sanidad están parcialmente excluidas de los PGE (decimos "parcialmente" porque las transferencias que el Estado hace a las CCAA y que sirven para financiar sus servicios sí forman parte de este cálculo). Pero incluso así, es una cifra que debería hacernos reflexionar, sobre las pensiones, sobre las reformas y sobre las cuentas de la lechera con las que nuestros políticos intentan tranquilizarnos estos días.

De 2007 a 2022

Cogeremos para todos los casos las cifras incluidas en el Libro Amarillo de los PGE de cada uno de estos años: 2007, 2015 y 2022.

Gasto en pensiones:

  • 2007: 91.453 millones - 31,4% del total de gasto consolidado, Capítulos I a VIII
  • 2015: 131.659 millones - 37,9% del total
  • 2022: 171.165 millones - 39,7% del total (excluyendo las ayudas europeas)

Como vemos, esta partida, que incluye pensiones contributivas, no contributivas y clases pasivas, acapara ya ocho puntos más de gasto que hace apenas quince años. Es mucho en muy poco tiempo; y más todavía si tenemos en cuenta que ya era la principal línea de los PGE en aquel momento. Según va creciendo el peso de las pensiones en el gasto público, cada año parece que ya no hay margen para más. Pero sí lo hay.

Porque, además, hay un elemento importante. Decíamos antes que en los proyectos de PGE para 2018 y 2019 el peso de las pensiones era todavía mayor que en este 2022. Pero aquí hay un matiz que hacer: para el próximo año hay una serie de partidas extraordinarias que distorsionan la cuenta. Cuando dichas partidas desaparezcan (entre 2024-25), ya sea porque se terminan las ayudas europeas, por la permisividad con el déficit o por cualquier otro motivo, el dinosaurio de las pensiones seguirá ahí. Hay líneas del Presupuesto en que cada ejercicio se decide si se incluyen o no. Puede haber cierta inercia a su mantenimiento, pero ninguna como las pensiones: ahí sí, el margen para el recorte es muy pequeño. No sólo por presión política, sino por su naturaleza: si un año no hay dinero en la caja, se paraliza un túnel y se deja el final de esa obra para el futuro; las pensiones no se pueden paralizar.

Alguien podría pensar que estamos hablando de gasto nominal y que el ajuste con la inflación minimizaría el efecto de ese incremento desde los 91.000 millones de 2007 a los más de 171.000 previstos para el próximo año. Y sí, es cierto que hay que tener esto en cuenta, pero incluso así apenas explica una pequeña parte de la subida. Usaremos la herramienta que nos da el INE para calcular cuánto ha cambiado el coste de la vida en los últimos quince años. Cogemos agosto 2006 vs agosto 2021 (último mes disponible en la herramienta) y nos sale una tasa de variación del 23,1%. O, lo que es lo mismo, si la partida de pensiones hubiera subido lo que le tocaba por el coste de la vida, los 91.453 millones de 2007 se habrían convertido en unos 112.579 millones a finales de 2021. La realidad es que los PGE para 2022 hablan de más de 171.000 millones de euros.

Esta diferencia no es ninguna sorpresa. Quizás sí en la magnitud, pero no en la tendencia. Es lo que podría esperarse de lo que ya sabemos:

(1) El número de jubilados crece cada año y lo hace más que proporcionalmente al incremento de la población. Llegan muchas más personas a los 65-67 años de las que fallecen, lo que es una gran noticia. Esto quiere decir que hay más entradas que salidas del sistema de la Seguridad Social: en 2007 había algo más de 7,5 millones de pensionistas que cobraban unos 8,4 millones de pensiones contributivas; en septiembre de este año, ya tenemos a casi 9 millones de pensionistas y 10 millones de pensiones contributivas (8.949.770 y 9.871.644, respectivamente).

De esta manera, según los últimos datos que ofrece la Seguridad Social: "Desde enero hasta agosto de 2021 han causado alta 399.911 nuevas pensiones. Durante el mismo periodo, desde enero hasta agosto de 2021, han causado baja 330.040 pensiones". Es decir, sólo en los ocho primeros meses de este año, hay 70.000 pensiones más que pagar.

(2) Las pensiones de los nuevos jubilados son mucho más elevadas que las de los fallecidos. Incluso aunque las reformas de 2011 y 2013 han surtido algún efecto y el ritmo de crecimiento de las nuevas pensiones se ha ralentizado, las nuevas altas llegan a la jubilación con más derechos acumulados, carreras más largas, etc.

La pensión media de jubilación en el Régimen General de las nuevas altas suponía en 2007 una mensualidad de 1.234 euros al mes; en agosto de este año, esta prestación de las nuevas altas superaba los 1.500 euros (1.502 euros). Mientras tanto, la pensión media de las bajas del régimen general en este mes de agosto ascendía a 1.218 euros al mes. Por lo tanto, cada nuevo pensionista de Régimen General que sustituye a un fallecido genera 300 euros más de gasto al mes (hablamos de jubilación y régimen general, en cada régimen y clase habría cifras diferentes pero siempre al alza).

(3) Las decisiones políticas han impulsado todavía más este incremento de gasto. Es verdad que durante los años de la crisis hubo algún pequeño ajuste para que no se disparara todavía más el gasto. Pero se han visto más que compensados por los años de generosidad presupuestaria. En estos quince años 2007-2022, si hay un colectivo que ha salido beneficiado y que no ha tenido merma en sus ingresos, ése ha sido el de los jubilados.

El futuro inmediato

Todo esto es el pasado, eso es verdad, pero en este caso es muy relevante, porque anticipa el futuro. Los puntos 1 y 2 no van a cambiar: habrá más pensionistas y tendrán derecho a pensiones mucho más elevadas que las de los fallecidos. Hay otras cuestiones relacionadas con el Presupuesto en las que puede haber dudas o debate: ¿subirán más o menos los ingresos impositivos?, ¿habrá que pagar más o menos prestaciones por desempleo?. Pero en lo relacionado con las pensiones, las grandes tendencias son sencillas de anticipar.

Además, hace unas semanas recordábamos un hecho relevante que so siempre tenemos en cuenta: el baby-boom en España todavía no ha alcanzado su edad de jubilación. Lo gordo, si se nos permite la expresión, llegará a lo largo de la década de los 20. Es decir, las tendencias que acabamos de ver y que se refieren a los últimos quince años podrían agudizarse en los próximos quince. Porque las reformas en marcha como mucho suavizarán este fenómeno.

Y la pregunta que queda es muy clara: desde un punto de vista presupuestario, ¿qué margen queda? Si ya gastamos el 40% de los PGE en pensiones, ¿hasta dónde podemos llegar? ¿Qué otras partidas se recortarán? ¿Qué impuestos se subirán? Con una derivada de la que en Libre Mercado hemos hablado a menudo: el gasto sanitario, que crece de forma pareja al envejecimiento de la población. ¿Hay dinero para todo? Por lo pronto, para el próximo año, ya tenemos 171.000 millones apartados para pensiones. ¿Cuándo llegaremos a la frontera de los 200.000? Probablemente entre 2024-2025, aunque tampoco tiene más importancia y no es más que un dato anecdótico. Pero sí será un recordatorio más, quizás uno más llamativo, de la tendencia más importante desde el punto de vista presupuestario, una tendencia que no cambiará y nos exigirá tomar decisiones complicadas, ya sea para esta partida o para las demás.

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