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La austeridad de Feijóo: el gasto de la Xunta estuvo congelado durante diez años

Heredó unos presupuestos con 11.556 millones de gasto, los redujo hasta los 9.428 millones y evitó nuevos aumentos hasta 2019.

Heredó unos presupuestos con 11.556 millones de gasto, los redujo hasta los 9.428 millones y evitó nuevos aumentos hasta 2019.
El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo | Europa Press

La llegada de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del Partido Popular ha frenado la sangría que venía experimentando la formación azul en los sondeos de intención de voto. Las primeras encuestas conocidas tras la proclamación del gallego avanzan la posibilidad de una nueva mayoría parlamentaria capaz de relegar a la izquierda y articular el gobierno de España con los votos de PP y Vox.

¿Qué agenda económica impulsaría un eventual gobierno de Feijóo? Esa es la pregunta que muchos empiezan a hacerse. Y lo cierto es que la respuesta a esta pregunta no es sencilla, puesto que el líder gallego acaba de "aterrizar" en Génova 13 y aún no ha podido concretar sus planes en este campo. Sin embargo, su gestión en Galicia permite avanzar que una de sus prioridades será la contención del gasto.

Echemos la vista atrás y repasemos sus años de gobierno en la región atlántica. Feijóo llegó a la presidencia de Galicia coincidiendo con los peores momentos de la Gran Recesión. Desde un primer momento, el sucesor de Manuel Fraga al frente de la derecha gallega se centró en contener el aumento del gasto público para cumplir los objetivos de estabilidad presupuestaria y evitar la escalada de la deuda pública.

En 2008, bajo gobierno del socialista Emilio Pérez Touriño, los presupuestos de la Xunta contemplaban un gasto de 10.668 millones de euros. Un año después, en 2009, Feijóo se estrena con un presupuesto "a medio hacer" y cierra el ejercicio con un desembolso de 10.903 millones. Ya en 2010, su gobierno tiene mando en plaza y empieza a consolidar gastos innecesarios, hasta plantear unos desembolsos de 10.830 millones.

Conforme van pasando los años, Feijóo consolida un modelo de gestión más eficiente y, en 2011, el presupuesto autonómico se sitúa en 9.658 millones. Un año después, y con la recuperación en marcha, el gasto total se coloca en 9.805 millones, mientras que en 2013 se aplica una nueva ronda de ajustes, hasta los 9.428 millones, el mínimo de su larga etapa al frente del gobierno autonómico. De hecho, en 2014 los gastos totales seguían siendo de 10.227 millones, por debajo de los 10.668 millones que había heredado Feijóo.

Los datos de los cuatro años siguientes también arrojan un escenario de moderación en el gasto: 9.736 millones en 2015, 10.257 millones en 2016, 10.976 millones en 2017 y 10.717 millones en 2018. Solo en 2019, antes de la pandemia, los desembolsos rebasan el umbral de la época socialista. De modo que la Era Feijóo estuvo marcada por una década de austeridad en la gestión pública.

Esto explica por qué Galicia ha sido, junto con Madrid, la región con mejor cumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria fijados por el Ministerio de Hacienda. De hecho, la Administración Feijóo solo "suspendió" en materia de déficit durante el curso 2011, frente a otras comunidades como Cataluña en las que los incumplimientos fueron reiterados durante todos los años del periodo de crisis e incluso después de la Gran Recesión.

De hecho, si en vez de fijarnos en los gastos efectivos tomamos el enfoque de comparar los Presupuestos aprobados por el Parlamento de Galicia en los años 2008 y 2019, encontramos que el último plan de gasto de PSOE y BNG ascendía a 11.566 millones, mientras que la cifra que planteaba Feijóo para 2019, el último ejercicio pre-pandemia, era de 9.850 millones. Otra muestra de la apuesta por la consolidación fiscal que siempre ha estado presente en los años de gobierno del nuevo presidente del Partido Popular.

Como es sabido, los votantes gallegos no solo no han rechazado estas políticas, sino que han apostado de forma masiva por Feijóo cada vez que se han celebrado elecciones autonómicas. Se cumple, pues, lo señalado por expertos como Alberto Alesina, quien explicó en su libro Austeridad que las consolidaciones presupuestarias no tienen por qué suponer un deterioro de las perspectivas electorales, siempre que se vuelquen por el lado del gasto.

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