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Charles Gave: "Todos los postulados de Marx han quedado refutados por el capitalismo"

El exitoso inversor francés presenta su nuevo libro en España, en el que defiende el liberalismo cristiano y carga duramente contra la izquierda.

El exitoso inversor francés presenta su nuevo libro en España, en el que defiende el liberalismo cristiano y carga duramente contra la izquierda.
Charles Gave presenta su nuevo libro en España | Gavekal

Hijo de un comandante del Ejército francés que estaba destinado en Siria, Charles Gave nació en septiembre de 1943, en Alepo. Cursó estudios de Ciencias Políticas y de Economía en Toulouse y, posteriormente, se trasladó a Estados Unidos, donde completó un MBA. Su exitosa carrera en el sector financiero arranca en el mercado galo, pero coge vuelo en Londres, a donde se mudó en 1981, tras la victoria electoral de Francois Mitterrand.

Por aquel entonces, Gave no había conocido las mieles del éxito que luego alcanzó en los mercados, pero tenía claro que "no quería vivir en un país controlado por el socialismo y comunismo". Después de tomar esta decisión, se centró en su trabajo como inversor. Su primer vehículo, Cursitor-Eaton Asset Management, fue constituido en 1986 y se vendió en 1995 por 10.000 millones de dólares.

En 2001 vuelve a dar un paso al frente con su sociedad Gavekal Research, que lanzó junto al prestigioso periodista y economista Anatole Kaletsky, muy celebrado por sus escritos en revistas como The Economist o diarios como Financial Times o The Times. Esta firma de asesoría financiera llegó a prestar consejo a más de 800 clientes institucionales.

En 2015, Gave tomó la decisión de regresar a Francia y creó el Instituto de las Libertades, que define como un think tank comprometido con la libertad y el progreso de su país natal. En su país natal, no deja a nadie indiferente. Sus críticos hablan de él como "el millonario que forma a la crema de la extrema derecha", en palabras recogidas por Liberation. En cambio, sus seguidores aplauden su "compromiso con Francia" y su "rebeldía ante la corrección política", según testimonios recogidos por Le Temps. Políticamente, ha mostrado cercanía con Éric Zemmour, el candidato del movimiento Reconquista que logró el 7% de los votos en las elecciones presidenciales, si bien Gave se distanció de Zemmour algunos meses antes de las elecciones, en base a diferencias económicas que difuminaron el entendimiento que ambos habían encontrado alrededor de otras cuestiones más vinculadas a asuntos identitarios o referidos a la soberanía nacional.

Los escritos económicos del poliédrico Gave están muy influenciados por autores como Joseph Schumpeter, Fréderic Bastiat o Milton Friedman. Con éste último mantuvo una fluida relación de amistad que empezó con un intercambio epistolar y terminó culminando con el prólogo que el Premio Nobel de Economía dedicó a su ensayo Leones liderados por burros, publicado a comienzos de los 2000. Esto explica su compleja relación con personalidades como el propio Éric Zemmour, con quien el encuentro en el terreno económico reveló ser muy difícil, a raíz de las posiciones más intervencionistas que mantiene el autor de libros como El primer sexo.

El próximo jueves 28 de abril, a las 19:00 horas, la UFM Madrid acogerá la presentación del ensayo "Un liberal llamado Jesús". El libro de Gave ha sido editado en España por el Centro Diego de Covarrubias en el marco de su colección con el sello Unión Editorial. El acto estará moderado por Domingo Soriano y contará con la participación de Carlos Rodríguez Braun, Guillermo Franco Frías y José Carlos Martín de la Hoz.

Libre Mercado se ha entrevistado con el financiero galo para conocer de cerca los ingredientes centrales de la obra y su encaje en los debates económicos de nuestro tiempo.

P: Ha escrito "Un liberal llamado Jesús" a partir de las declaraciones del propio Jesucristo que se recogen en la Biblia.

Básicamente, sus pronunciamientos ocupan unas 60 páginas. Y he escogido este enfoque por una razón muy sencilla. Cuando uno lee la palabra de Jesús en la Biblia, deja a un lado cualquier tipo de interpretación y puede concentrarse directamente en sus propias declaraciones. Esto es especialmente relevante en términos de filosofía política, porque desde la izquierda se ha intentado defender que su pensamiento era compatible con el credo socialista. Sin embargo, si analizamos las palabras directamente atribuidas a Jesús, vemos que la situación era completamente opuesta. ¡Nada más lejos de la realidad!

P: El título del ensayo es tan sugerente como provocador.

Jesús no estaba interesado en cuestiones políticas, sino en tener una relación directa con las gentes de su tiempo, para compartir con ellos el camino de la fe cristiana. Esto es importante, porque significa que su planteamiento siempre se basó en la voluntariedad. Quería atraer a los demás y, de hecho, no daba órdenes ni lanzaba ultimátums. Al contrario, se limitaba a permitir que, aquellos que sintiesen su llamada, se uniesen a él. Por eso, el mensaje central que se extrae de su obra es doble: por un lado, la primacía del individuo, por encima de cualquier abstracción colectiva, puesto que es con cada uno de nosotros con quien Jesús busca construir una relación; por otro lado, la necesidad de descubrir el proyecto que Dios nos tiene reservado, que básicamente fundamenta el libre albedrío, en la medida en que no nos conduce ni nos dirige, sino que nos invita a descubrir un propósito de vida a partir de nuestra experiencia. Y, de hecho, esos dos principios son los que, en esencia, han servido como ejes para la construcción de nuestra civilización occidental.

P: La Iglesia no siempre ha dado su visto bueno al liberalismo económico. De hecho, diría que el desencuentro ha sido notable. Ha habido tiempos de acercamiento, bajo distintos papados, pero ahora mismo volvemos a encontrar que el discurso del Vaticano es muy crítico con el mercado. Esto contrasta con la actitud de muchos fieles, que no solo defienden teóricamente las ideas del liberalismo, sino que incluso plantean filosofías de inversión basadas en la fe y el mercado (el llamado faithful investing que propugnan desde Altum FI).

Juan Pablo II supone un punto de inflexión en el entendimiento que tiene la Iglesia sobre cuestiones económicas que son esenciales para el funcionamiento del mercado. Su pensamiento en dicho ámbito bebe mucho de la influencia de autores como el padre Robert Sirico, fundador del Instituto Acton de Estados Unidos, o Michael Novak, destacado teórico del liberalismo cristiano.

¿Sobre Francisco? ¡Qué puedo decir! El Papa actual… ¡es argentino! Si uno repasa la evolución de su país durante el último medio siglo, lo cierto es que lo que se encuentra es una auténtica tragedia económica. ¿Es esto culpa del mercado? Por supuesto que no. Pero creo que es evidente que muchas de sus apreciaciones sobre el capitalismo, erróneas como son, se explican por esta cuestión…

P: Vd. invoca su fe cristiana como ancla para mantener un discurso muy crítico con lo que podríamos definir como el marco generalmente aceptado de políticas públicas que son consideradas correctas y virtuosas y sobre las que no cabe disentir.

Continuamente nos están diciendo que "tenemos que hacer algo" para "acabar con la desigualdad", para "luchar contra el cambio climático", etc. Y si no compramos ese discurso, se nos conduce a la hoguera y se nos prende fuego en la plaza pública. Pues yo no comparto esa forma de pensar y, en base a la filosofía cristiana, sé que mi convicción individual no tiene por qué asimilarse al convencimiento que lleguen a asumir todos los que me rodean, porque yo no me debo a ellos y no busco su aprobación, si acaso me centro en convencer a otros de mi forma de pensar.

P: Su rechazo al socialismo y al comunismo es frontal y una constante durante toda su vida.

Los postulados de la izquierda han quedado desbordados una y otra vez por la evidencia. Por ejemplo, aunque se intenta ligar el crimen a la existencia de trabajadores empobrecidos, sabemos que hay millones de personas humildes que actúan de forma virtuosa, de igual modo que también hay personas muy acaudaladas que se comportan como bastardos. Este es solo un ejemplo de que, en esencia, la mercancía intelectual que aupó al socialismo ha demostrado ser basura sin fundamento.

En términos de filosofía política, Karl Marx nunca fue el innovador que nos han querido vender. Su pensamiento es, en esencia, una expresión más de la mentalidad de suma cero que también había inspirado a otros autores de épocas anteriores, como por ejemplo Thomas Malthus. La diferencia estriba en que, hasta el siglo XIX, esa idea de la economía como una tarta que no crece y que solo se puede repartir era una idea que podía tener cierto encaja con una producción secularmente estancada, mientras que precisamente en los años en los que Marx escribe su obra se observó la refutación de la misma y la economía de mercado demostró su capacidad de generar cada vez más riqueza y crecimiento.

Básicamente, lo que Marx hizo fue un refrito del pensamiento de suma cero. En su pensamiento no contempla en ningún momento el rol del capital humano. Para él, quien poseía tierras o capital tenía garantizado su futuro económico y, en cambio, los demás estaban condenados a sufrir una vida paupérrima. En esencia, su filosofía no confía en el ser humano y de ahí se deriva su fracaso, porque el gran progreso que se ha dado bajo el capitalismo ha sido fruto del poder de innovación de nuestra mente.

La realidad actual muestra que el capitalismo no refleja ninguno de los futuros que predijo Karl Marx: ni la teoría del valor-trabajo, ni las advertencias sobre la plusvalía, ni la hipótesis del empobrecimiento, ni la advertencia sobre la desigualdad, ni la idea de una tendencia a menos de las ganancias, ni los fundamentos de la lucha de clases, ni el papel de un hipotético liderazgo comunista que representa los intereses del pueblo, ni la implosión del capitalismo bajo una crisis definitiva, ni el mañana de escasez y pobreza generalizada… Nada de eso se ha cumplido.

P: En cambio, Vd. considera que la esencia del crecimiento económico que ha experimentado Occidente y que ha dejado sin base ni legitimad alguna al socialismo está en la obra de un filósofo cristiano, como era John Locke.

La gran cuestión de las ciencias políticas siempre ha sido determinar cómo se puede limitar el poder del Estado. John Locke jugó un papel esencial y, tratando de conciliar razón y fe, describe el papel que puede y debe jugar el sistema legal como fuente para frenar al Leviatán a base de garantizar la división de poderes, la validez de los contratos privados, el respeto a los derechos de propiedad… De ahí nace la Revolución Industrial y el capitalismo y, con ello, un enorme salto adelante en las condiciones de vida de las personas.

P: Vd. es un inversor y empresario de éxito. ¿Por qué los anticapitalistas se equivocan en su rechazo frontal a personas como Vd.?

Lo que creen los comunistas es que, si mezclas el trabajo con el capital, ya obtienes un beneficio. Pero esto no es así, hace falta alguien más, a saber, un empresario capaz de optimizar la manera en que se despliegan el trabajo y el capital, en base a todas las necesidades que expresan las personas que compran bienes o servicios en el mercado. Por eso, el empresario actúa en base a la información que proporciona cada uno de nosotros, cada vez que compramos… o que nos abstenemos de realizar una adquisición. De modo que el papel del empresario se ve validado o revocado por la competencia, a través de la destrucción creadora que potencia la supervivencia de las empresas que mejor responden a los deseos de los consumidores. Los marxistas siempre se olvidan de eso, porque no creen en el individuo ni en sus decisiones.

El mercado te permite expresar tus preferencias y elecciones de forma libre. Si quieres un coche sólido y seguro, te compras un Volvo; sin embargo, si aparte de eso quieres proyectar éxito, pagas un 30% más y te haces con un Mercedes. Uno debería tener la libertad de actuar de esa forma, si así lo considera oportuno. Yo soy austero en muchas de mis decisiones, ¡pero respeto esa libertad! Eso es lo importante: tolerar las decisiones de los demás y entender que, al final, la producción responde al incentivo de conseguir un beneficio mayor que, no obstante, solo llega cuando las preferencias y elecciones de los consumidores se canalizan libremente.

P: Vd. mantuvo amistad con Milton Friedman, quien ayudó enormemente a replegar el peso del Estado sobre la economía. ¿Estamos volviendo a perder aquella batalla?

Cada vez hay más actividades reguladas o intervenidas por el Estado. Es cierto que el sector público ya no produce bienes, porque ya no nacionaliza y estataliza empresas o sectores como antes, pero a cambio vemos que el legislador se ocupa de regular todo, de cobrar cada vez más impuestos, etc. Eso genera mercados cautivos, en los que unos pocos se enriquecen vendiendo aquello que desean primar los políticos en vez de lo que desean los ciudadanos. Eso es lo que ha pasado, por ejemplo, con la industria artificial de las energías renovables. A eso es a lo que se llama "capitalismo de amiguetes", un modelo en el que se gana dinero sin asumir riesgo, simplemente a base de contactos políticos.

Al desaparecer el riesgo, desaparece la naturaleza propia del mercado. Yo he perdido mucho dinero, pero sigo aquí porque he tenido también muchos aciertos como inversor. Al final, esa es la moralidad del mercado: el hecho de que, cuando apuestas por algo, arriesgas tu capital en torno a esa idea, a esa tesis empresarial o inversora. En cambio, hoy vemos cómo se están deformando estos procesos. En mi país, Francia, hasta el 60% del PIB está en manos del Estado, en forma de gasto público, de modo que queda muy poco mercado y, por tanto, muy poca libertad.

P: Cuando se habla de religión y economía, se tiende a decir que los países de tradición católica abrazamos el capitalismo en menor medida que los protestantes.

En mi think tank hemos medido el Coeficiente de Gini, que estudia la desigualdad, y hemos relacionado este indicador con el Índice de Libertad Económica. Las conclusiones son interesantes. Al Norte de Europa hay mucha igualdad y mucha libertad económica, caso de países protestantes como Suecia, Alemania, Polonia… En el bloque anglosajón, con su sistema de common law, ocurre algo diferente: también hay mucha libertad económica, pero en su caso la desigualdad es mayor.

¿Y al Sur de Europa? Nosotros, los países católicos, presentamos más desigualdad y menos libertad económica. Es el caso de Francia, España, Italia, Grecia… Por lo tanto, debemos reflexionar sobre estas cuestiones, pero partiendo de la base de que, cuando nuestras economías han replegado el intervencionismo, han prosperado. Los problemas del mundo siempre han venido de la falta de libertades y de la ausencia de una moral que nos indique lo que debemos hacer. Pues bien, en el Sur de Europa no nos falta una moral de este corte, lo que sí echo de menos es más libertad económica.

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