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EDITORIAL

La demencial política energética de Sánchez y Ribera es un completo fiasco

La fórmula que han ideado Sánchez y Ribera para intervenir el precio del gas es una completa chapuza digna de su incompetencia.

"Excepción ibérica", "isla energética"... o también podría llamarse "ridículo monumental". Han pasado casi tres meses desde que Pedro Sánchez anunciara a bombo y platillo el gran logro con el que pensaba rebajar el recibo de la luz de los asfixiados consumidores españoles, pero el fracaso de la tardía medida ha sido de tal calibre que ni con su puesta en marcha el Gobierno está consiguiendo disminuir mínimamente la factura.

El motivo es que la fórmula que han ideado Sánchez y Teresa Ribera para intervenir el precio del gas (que a su vez repercute en la luz) endosándole la diferencia al usuario es una completa chapuza digna de la incompetencia de sus autores. Así, cuando se cumplen diez días de su entrada en vigor, el recibo sólo ha logrado bajar en una ocasión de los 214 euros el mw/h, que es el precio que los clientes tuvieron que abonar por la luz el 14 de junio, justo antes de semejante ocurrencia.

Tras este fiasco se esconde una de las grandes farsas del mecanismo mágico del Gobierno. Y es que la fórmula escogida ni rebaja la luz ni topa realmente el precio del gas ni, mucho menos, logra desligar la electricidad de las fluctuaciones del gas natural en los mercados internacionales, como prometió el Gobierno.

Por tanto, cuando el gas sube de precio o cuando aumenta su demanda, la "excepción ibérica" se vuelve más cara para el ciudadano y las promesas del Gobierno se estrellan. ¿Y en qué casos aumenta la necesidad de gas? Pues cuando hace mucho calor, cuando hace mucho frío o cuando las renovables fallan, principalmente. Y varios de estos factores se han producido estos días: subida de temperaturas y una generación eólica hundida por la falta de viento, lo que obliga al sistema a generar cerca del 40% de la energía quemando gas.

Esta realidad, no es más que otra evidencia que desnuda la demencial política ecologista del Gobierno de imponer las energías renovables sin una alternativa tecnológica que las respalde. Como el Gobierno social-comunista también odia las nucleares, no solo no piensa construir un solo reactor, sino que pretende cerrar en los próximos años las pocas centrales que siguen activas en el territorio nacional. A pesar de que la nuclear es una energía limpia, barata, segura y que reduciría sobremanera la dependencia energética exterior del país, la irracional aversión nuclear de Sánchez y Ribera les está llevando a subordinar a España al gas, una materia prima cara, que también contamina y de la que nuestro país no posee ni un ápice.

Los delirios climáticos de la transición verde ni protegen el medioambiente ni, menos aún, alivian al contribuyente. Es urgente liberalizar un mercado hiperregulado, eliminar todas las trabas a la producción de energía, reducir la carga fiscal y apostar por la nuclear. Sólo así familias y empresas podrán conseguir una energía suficiente, fiable y barata. Justo lo contrario de lo que el Gobierno está haciendo.

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