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La inflación, desbocada, supera el 10% en junio y la subyacente alcanza el 5,5%

El IPC se ha disparado en el mes de junio hasta el 10,2% impulsado por el rally alcista de precios en gasolina y alimentos.

El IPC se ha disparado en el mes de junio hasta el 10,2% impulsado por el rally alcista de precios en gasolina y alimentos.
El precio de los alimentos se ha disparado en el último mes | Eroski

El Instituto Nacional de Estadística parece haber decidido no plegarse a los deseos del Gobierno de suavizar la gravedad de los datos que ofrecen sus estadísticos. El último disgusto después del PIB es el IPC. Según el último dato publicado este miércoles, el Índice de Precios de Consumo (IPC) subió un 1,8% en junio en relación al mes anterior y disparó su tasa interanual 1,5 puntos, hasta el 10,2%, su nivel más alto desde abril de 1985, según los datos avanzados publicados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

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Evolución IPC e inflación subyacente | INE

Inflación subyacente

Pero si el IPC preocupa, la inflación subyacente directamente asusta. Escala en junio hasta el 5,5%, valores no vistos desde agosto de 1993.

La inflación subyacente es el indicador que trata de sacar de la composición del índice de precios aquellos que se consideran más estacionales, fundamentalmente la energía y los alimentos no elaborados.

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Evolución histórica de la inflación subyacente | INE

La infalción subyacente, en su tasa más alta de los últimos 30 años, lo que indica, en esencia, es que la subida de precios es consistente y no responde únicamente a los efectos de factores exógenos como la guerra en Ucrania. Los economistas consideran que los alimentos no elaborados o los productos energéticos pueden estar sujetos a fuerte volatilidad y por eso elaboran este indicador quitando de la ecuación estos valores. Sin ellos, una subida tan vertiginosa como la que estamos experimentando y que se refleja en la gráfica histórica del INE, da una idea de la tendencia de precios y de lo anclada que está a nuestra economía. Dicho de otro modo, es un indicador que cada día resta más credibilidad a voces como la de Calviño que han insistido en que la inflación que sufrimos es un efecto coyuntural y pasajero.

Si nos fijamos en el IPCA (IPC armonizado, el que se emplea para las comparativas en las estadísticas con otros países), junio situó su tasa interanual en el 10%, lo que supone un fuerte aumento respecto al 8,5 del mes de mayo.

En su informe, el Instituto Nacional de Estadística señala que la escalada de la inflación se debe, principalmente a las subidas de precios de los carburantes y de los alimentos y bebidas no alcohólicas. También ha sufrido el repunte de precios de los hoteles, cafés y restaurantes. Muy superior al año pasado.

¿Subirá más la inflación?

La evolución de los precios que refleja la estadística del INE ya se nota en el bolsillo de los ciudadanos que viven angustiados con los recibos de los consumos domésticos de energía (luz y gas) y cada vez más preocupados por la subida vertiginosa de la cesta de la compra que, en muchos casos, ya roza el 50% de alza.

Hasta la fecha las previsiones del Gobierno sobre la inflación han errado. Tanto que Calviño llegó a decir que no veríamos inflaciones superiores al 10%. Sin ir más lejos, este mismo miércoles la señora Calviño presumía en el Congreso de que gracias al Ejecutivo la inflación había caído tres puntos, prácticamente a la misma hora que el INE publicaba el dato del IPC en el 10,2%, la inflación más alta desde 1985.

La pregunta en el aire es hasta dónde puede llegar esta situación y cuánto tiempo puede durar. Es muy difícil aventurarse ya que, en buena medida, dependerá de lo que tarden los bancos centrales en disparar los precios del dinero, los tipos de interés. Otro aspecto a tener en cuenta son los llamados efectos de segunda ronda, que es la manera de referirse a la más que posible subida de pensiones y salarios de funcionarios. Algo que alimentaría el círculo vicioso de la inflación.

Los precios industriales

Por otro lado está el indicador silencioso de la inflación que sufre la industria y que poco a poco se va trasladando al IPC. El último dato de precios industriales –conocido como IPRI– situaba este indicador en el 43,6%, no hay registros en el INE de un valor tan alto. En diciembre de 1977 la inflación de la industria alcanzó el 24,6%. En aquel mismo año, el IPC superó el 28%.

Aunque es cierto que la metodología de cálculo de IPRI e IPC ha ido variando con el tiempo, lo cierto es que el propio INE en sus informes y estudios reconoce que existe cierta traslación de los precios industriales al IPC. Tiene sentido, ya que el IPRI refleja la subida de precios que experimenta la industria que elabora los bienes y servicios que consumimos y que, tarde o temprano, tienen que trasladar esos precios al cliente final.

El incremento de la masa monetaria

Otro elemento que debemos tener en cuenta es el de la expansión de la masa monetaria que lleva en marcha durante los últimos 10 años. Un tiempo en el que los tipos de interés, el precio del dinero, ha estado en el 0% o incluso por debajo. Y no sólo eso: los responsables de la política monetaria en la zona euro y en EEUU decidieron aplicar políticas expansivas y, además de bajar los tipos, se dedicaron a comprar deuda pública, toda la que "fuera necesaria", como llegó a decir Mario Draghi.

Esto ha generado enorme masa monetaria que se traduce en inflación, o depreciación de la moneda. O lo que es lo mismo, una fuerte caída del poder adquisitivo.

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