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Cómo el rechazo a la nuclear llevó a Alemania a la escasez energética

El país teutón enfrenta una situación límite por el cerrojazo a la nuclear. Toda una advertencia para España.

El país teutón enfrenta una situación límite por el cerrojazo a la nuclear. Toda una advertencia para España.
Angela Merkel y Olaf Scholz, los dos últimos cancilleres germanos | EFE

Cada vez más expertos advierten que la transición ecológica ha llevado a Alemania a un problema de escasez en el campo de la energía. Veinte renombrados científicos especializados en estas cuestiones acaban de firmar la Declaración de Stuttgart, un manifiesto que exige "el cese inmediato de la eliminación de la energía nuclear" y que está generando un intenso debate público.

La operación continua de las plantas de energía nuclear de Alemania, dicen, debe garantizarse "como el tercer pilar de protección climática", tan importante o más como la energía solar y eólica. De hecho, su permanencia es "vital para asegurar el suministro continuado de energía, del que depende la prosperidad de Alemania".

"El aumento de los precios de la energía y la irregularidad del suministro ponen en peligro la competitividad y la prosperidad de nuestra economía", advierten los científicos entre críticas a la transición ecológica. En su opinión, "el enfoque unilateral que se ha adoptado, mirando solamente las renovables y, a lo sumo, el gas natural, ha hecho que Alemania caiga en la escasez de energía".

La energía fluctuante del viento y el sol, señalan, requiere de "una enorme red de centrales eléctricas, líneas de transmisión e instalaciones de almacenamiento, que apenas ahora se está desarrollando". Aún no contamos con esa infraestructura y, además, los costes asociados a la misma son muy elevados.

Retórica frente a resultados

La eliminación gradual de la energía nuclear en Alemania ha puesto de manifiesto que la mayoría de las medidas climáticas no logran sus bienintencionados objetivos y, de hecho, terminan arrojando como resultado exactamente lo contrario de lo que se pretende.

De 1957 a 2004 se pusieron en marcha unas ciento diez centrales nucleares en el país. Sin embargo, desde las décadas de los 70 y 80, los ecologistas teutones han insistido en exigir la eliminación gradual de esta forma de energía. Ningún asunto tenía tal relevancia para dicho movimiento como el desmantelamiento de las centrales. De ahí el enorme problema político que hoy enfrentan Los Verdes: han alcanzado el gobierno en coalición con los socialdemócratas del SPD y los liberal-demócratas del FDP, pero renunciar a la eliminación de la energía nuclear sería perder una bandera que ha marcado su identidad como partido. Admitir que estaban equivocados en un asunto tan relevante sería como hacerse una enmienda a la totalidad de todo lo que ellos mismos representan.

En 1998 se formó un gobierno de coalición participado por los propios socialdemócratas del SPD y por Los Verdes. Dos años después, en 2000, dicho Ejecutivo reguló por primera vez el fin de la energía nuclear, cambiando la relación legal con las centrales. En 2002, la Ley de Energía Atómica de Alemania fue modificada también sobre la base del nuevo marco legal. Aunque posteriormente, en 2010, Angela Merkel tomó la decisión de prolongar la vida útil de las centrales nucleares, esta decisión fue revocada en 2011 tras el desastre natural de Fukushima. Si todo va según lo previsto, la última planta de energía nuclear alemana está programada quedará desmantelada este mismo año.

Fue el desastre de Fukushima en 2011 lo que llevó al gobierno de Angela Merkel a cerrar las plantas de energía nuclear de Alemania mucho antes de lo acordado originalmente. Actuó a la velocidad del rayo, ignorando que el propio gobierno de Japón mantuvo su fe en las nucleares, consciente de las verdaderas causas de lo que había ocurrido.

Cuando Merkel anunció el cerrojazo nuclear, había elecciones en el estado alemán de Baden-Württemberg. El partido de la canciller, la CDU, quería mejorar sus perspectivas disputando a Los Verdes una de sus banderas clave, pero la estrategia fue un fracaso, se produjo un trasvase de votos muy importante a la formación ecologista que, de hecho, alcanzó por primera vez la presidencia de una región alemana.

Una de las principales razones por las que Alemania no ha progresado más en la lucha contra el cambio climático es esta decisión de eliminar gradualmente la energía nuclear. De hecho, Alemania ha reducido sus emisiones de CO2 menos de lo que podría haber hecho. Mientras el país teutón ha cerrado sus plantas de energía nuclear, la participación de dicha fuente en la producción energética nacional de Francia ha crecido hasta situarse por encima de cualquier otro país, en torno al 70%.

¿Supone esto un peor desempeño en materia de protección medioambiental? Alemania ocupa el décimo puesto en el Índice de Protección Medioambiental de 2021… mientras que Francia figura en el quinto lugar. En cuanto al Subíndice de Prevención de Riesgos Climáticos, Alemania aparece en el número 14 de la tabla, frente al puesto 4 que logra Francia.

Los investigadores de la Universidad de Yale que han elaborado dicho estudio advierten, con cautela y diplomacia, que "algunos analistas parecen ser de la opinión de que la eliminación de las nucleares en Alemania podría dañar el progreso del país en materia de desempeño medioambiental", lo que quedaría validado con sus resultados.

Menos diplomático, pero más preciso, fue el editorial en el que el Wall Street Journal afirmó sin paños calientes que Alemania está desarrollando "la política energética más tonta del mundo". La principal justificación del cierre nuclear alemán son, de acuerdo con el relato oficial, los riesgos asociados con su uso. Sin embargo, estos riesgos están siendo exagerados sin medida. Por ejemplo, los estudios que miden el número de muertes por unidad de energía generada (TWh) muestran que la energía nuclear se ha cobrado 0,07 vidas frente a las 18,4 del petróleo o las 24,6 del carbón. Incluso la energía hidroeléctrica es significativamente más peligrosa que la energía nuclear.

Una fuente de energía con futuro

El empresario e innovador Bill Gates, que ha llegado a escribir un libro titulado Cómo evitar un desastre climático, ha explicado que "es difícil prever un futuro en el que descarbonicemos nuestra red eléctrica de manera asequible sin usar más energía nuclear". Esto se debe a que "la energía nuclear es la única fuente de energía libre de carbono que podemos usar en casi cualquier lugar, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, con un coste razonable".

Quienes se oponen a la energía nuclear en Alemania han insinuado repetidamente, ya sea directamente o empleando formulaciones vagas, que el resultado de la fusión del reactor en Fukushima en 2011 fue el fallecimiento de 20.000 personas. En realidad, esta cifra es correcta pero no se debió a la radioactividad, sino a un devastador terremoto que vino seguido de un tsunami. De ninguna manera se pueden imputar estos fallecidos a la operativa nuclear.

Además, las nuevas generaciones de plantas de energía nuclear son más seguras que sus predecesoras. La mayoría de las personas ni siquiera son conscientes de los avances que se han logrado en este campo. Al fin y al cabo, en los medios se exageran enormemente los problemas de gestión de los residuos radiactivos y se presta poca atención a los nuevos reactores, que de hecho han recortado casi por completo la incidencia de este problema.

En la misma línea, el climatólogo Kerry Emanuel, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha admitido que "no se pueden tener las dos cosas a la vez. Si dicen que el cambio climático es apocalíptico, o que es un riesgo inaceptable, y luego de repente descartan una de las formas más obvias de evitarlo, como es la energía nuclear, no solo estamos ante planteamientos inconsistentes, sino probablemente ante personas poco sinceras".

La conversación sobre estos temas se ha avivado y se ha vuelto más objetiva en muchos países, pero no es el caso de Alemania. Gracias a ese debate más somero, hay incluso activistas medioambientales que están pronunciándose a favor de construir plantas de energía nuclear.

En California, más de 50 start ups están trabajando actualmente en el desarrollo de nuevas formas de tecnología nuclear. Algunos expertos hablan ya de "Nuclear Valley" como una rama de "Silicon Valley"… El propio Bill Gates fundó la empresa TerraPower en 2008 y, si tiene éxito en su empeño, logrará que sus reactores puedan operar con residuos nucleares de otras instalaciones nucleares.

El ejemplo de la energía nuclear muestra que la intervención del gobierno en la economía, incluso cuando se justifica por motivos medioambientales, suele estar impulsada por el populismo y los dogmas ideológicos, en vez de por consideraciones racionales. Las economías dirigidas por el Estado o los modelos de planificación central siempre han desembocado en grandes problemas medioambientales. En Europa, la contaminación fue mucho más intensa en países socialistas como la Unión Soviética, la República Democrática Alemana o la Polonia comunista. Nada es tan dañino en la lucha contra el cambio climático como la fe ciega en el Estado.

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Rainer Zitelmann es empresario, además de doctor en Historia y en Sociología. Considerado uno de los liberales más influyentes de Alemania, ha publicado más de una veintena de libros, entre los que destacan "El capitalismo no es el problema, es la solución" (2021) y "Los ricos ante la opinión pública" (2022), en Unión Editorial.

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