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José T. Raga

Los estertores del "para qué"

El objetivo final es que nadie en España se entere de nada de lo que ocurra, y, para ello, se cambiará a quien haya que cambiar.

El objetivo final es que nadie en España se entere de nada de lo que ocurra, y, para ello, se cambiará a quien haya que cambiar.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por los ministros Nadia Calviño, Diana Morant (i) y Joan Subirats (d), a su llegada a la clausura del acto de presentación de España Digital 2026 | EFE

En cualquier sociedad civilizada, o con pretensión de serlo, hay signos que se repiten una y otra vez y que, con mayor elocuencia que las palabras, dan constancia de su estado anímico, de su compromiso por el bien, de su predisposición al esfuerzo… Análogamente, los hay también que nos muestran justo lo contrario: el desánimo, la elusión, el rendir las armas, el abandonar objetivos, ideas, proyectos…

Una nación en este último estado, es una nación agónica, y hay un estribillo que resume su estado de ánimo; eso que tantas veces nos han respondido, más grave cuando son jóvenes, ante un intento de entusiasmarles y de comprometerles, que concluye con una respuesta: "sí pero para qué".

No quiero ser pesimista, pero me atrevo a afirmar que ese "para qué", es general en la sociedad española hoy, tanto en jóvenes, como en los que no lo son tanto. El "para qué", aparece cuando se insiste en que un ministro/a, o un presidente, debería convocar para consulta a las Comunidades Autónomas, para discutir una medida que a todas afecta, o hacer lo propio con un sector económico especialmente afectado por una decisión política… todos piensan que debería ser así, pero terminan con un "sí pero para qué".

Es la profunda convicción de que nada sirve para nada. El gobernante, cada vez más alejado del sentido democrático, vive presumiendo –que es lo único que le queda–, pero sólo, aislado, rodeado de aduladores que, como Tezanos, le convencen de que todo está bien y, lo que no, es por los poderes fácticos que atacan. Recuerda lo que años atrás atribuían al complot judeo-masónico.

¿Cuánto tiempo hace que en España no vemos una sesión que merezca el nombre de parlamentaria? Y, comentando con un compañero dato tan significativo, propio del gobernar por decreto, me contestó: "pues sí, pero para qué, qué más da, si todo va a ser igual".

Nos decía hace unos días, la vicepresidenta económica, tras haber presumido largamente de logros, de crecimiento económico espectacular, de que la deuda pública no importa, porque todo marcha a muy buen ritmo… con rostro triste y tono compungido, ofrecía una nueva información: "vivimos tiempos difíciles y hay que estar preparados, porque lo peor está por venir". ¿Usted también se pregunta "para qué"?

No siga por ese camino, que muchos lo han hecho antes y han desaparecido de lo público. Porque, "para qué"; el objetivo final es que nadie en España se entere de nada de lo que ocurra, y, para ello, se cambiará a quien haya que cambiar.

Hablen ustedes a los jóvenes de una buena formación. El "para qué", aflorará al instante. Cuando los socialistas de entonces (Felipe González) lanzaron el lema de Universidad para todos, no se atrevieron a eliminar la selección para el acceso a la Universidad. Su última reforma, lo ha conseguido.

Pero "para qué" seguir escribiendo sobre temas tan sangrantes. Nuestra España agoniza; ya suenan los estertores que lo vaticinan.

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