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Sánchez dice que recorta la luz y el aire acondicionado para enviar gas a Europa y acaba importándolo vía Francia

El único gasoducto que permite a España exportar gas para ayudar al norte de Europa a sortear los cortes de suministro de Rusia acaba de invertirse.

El único gasoducto que permite a España exportar gas para ayudar al norte de Europa a sortear los cortes de suministro de Rusia acaba de invertirse.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios. | Europa Press

Las peripecias energéticas de Pedro Sánchez empiezan a dar para una novela. Su famoso real decreto de recortes energéticos, apagones y limitaciones al uso del aire acondicionado y calefacción estaba destinado, según escribió su Gobierno expresamente en el texto de la norma, a poder ayudar a los países del norte de Europa porque tenían peligro de cortes de suministro por culpa de Rusia y del ataque de Putin a Ucrania. En el mismo texto, el Ejecutivo aseguraba que España no tenia esos problemas. Pues bien, los datos oficiales del mes de agosto muestran un cambio radical de tendencia: el gasoducto por el que España enviaba gas al norte de Europa, lejos de incrementar más la exportación para ayudar, se ha invertido y está importándolo desde Francia. Una extraña forma de ayudar. Y todo ello, después de que el Gobierno esté alardeando de los recortes impuestos en el consumo de luz y gas a los ciudadanos.

Es difícil explicar el listado innumerable de capítulos extraños que rodean a la política energética española en los últimos tiempos. Necesitamos gas, pero nos enemistamos con nuestro gran proveedor histórico -Argelia- a cambio de nada y tras regalar el Sáhara a Marruecos. Podemos convertirnos en una potencia energética europea gracias a las regasificadoras, pero nos negamos a comercializar ese gran potencial retrasando el nuevo gasoducto Midcat hasta que nos llama la atención Alemania. Necesitamos más fuentes de energía, pero blindamos la muerte de la nuclear y nos gastamos 26.700 millones de euros hasta 2035 para que no puedan generar más energía. Tenemos minas de uranio y gas por fracking, pero nos encargamos de reafirmar que nunca usaremos esos recursos.

Todo ello era ya conocido. Pero el nuevo capítulo de esta inexplicable política energética no deja de ser igual de esotérico. Y es que el único gasoducto -un tubo doble que cruza los Pirineos- que permite a España exportar gas para ayudar al norte de Europa a sortear los cortes de suministro de Rusia acaba de invertirse y, ahora, lejos de ayudar a esos países y, en especial, a Alemania, a recibir gas, lo está absorbiendo de Francia.

Los datos son tozudos: la información oficial registrada por el gestor técnico del gas muestra como el 1 de agosto, lejos de exportar gas hacia el norte de Europa, el tubo importó 54 GWh/día. El día 2 la cosa fue a más: 132,6 GWh/día. El día 3, aún más: 157,7. Y así, sucesivamente, a lo largo de una secuencia de días en los cuales se ha llegado a alcanzar una entrada de ese gas que podría haber ido destinado al norte de Europa de 179,8 GWh/día. Un volumen más que considerable.

La importación de gas vía Francia ha sido más que notable hasta el día 15 de agosto. Los últimos cinco días contabilizados hasta el pasado y muy reciente día 20 de agosto, sábado, la llegada ha ido reduciéndose hasta registrar llegadas de gas por ese gasoducto casi nulas, de 2,4 GWh/día. Pero lo cierto es que entre el día uno de agosto y el 20 de este mismo mes, no ha habido exportación ni un sólo día, sino importación de gas procedente de Francia.

Y es que el problema de España, al margen del riesgo de cortes de suministro, es ya el del precio. Y el gas comprado a EEUU es muy caro, y el importado por Francia desde Azerbaiyán es claramente más barato. Y, por mucho que lo niegue Pedro Sánchez y que el real decreto no recoja ni una sola medida efectiva frente al problema del precio, el disparado coste del gas no es un riesgo, es una evidencia en España. De hecho es la causa real de las reducciones en el consumo de particulares, empresas e industrias. Aunque el Gobierno se empeñe en decir lo contrario.

Hay que recordar, además, que estos datos tumban de un plumazo toda la justificación del Real Decreto que hoy pasa a convalidación por el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez afirmó en su decreto de recortes de luz y gas que España está a salvo del riesgo de un corte de abastecimiento del gas que todos los ciudadanos y empresas necesitan para calefacción y para generar electricidad en las centrales de ciclo combinado. El presidente reflejó, de hecho, en el decreto los datos del año pasado de compras de gas ruso: un 9% del total consumido en España. Y ocultó los datos oficiales actualizados del último mes de junio, donde se puede comprobar cómo Rusia se convirtió, por su culpa y al haber permitido esas compras, en el segundo proveedor de España en junio con nada menos que el 24,4% del total y tras haber multiplicado por cuatro las compras a Putin en pleno ataque a Ucrania. Por lo tanto, si Rusia corta el gas, claro que le afecta a España.

Es más, ese decreto altera los datos con pleno conocimiento e incluye un párrafo en el que señala lo siguiente: "Mientras que un cese de las importaciones de gas ruso podría generar escasez de gas en buena parte de los Estados miembros, España cuenta con una elevada seguridad de suministro, fruto de la baja dependencia de gas ruso, así como de la gran capacidad de plantas de regasificación que permiten acceder al mercado global de gas natural licuado (GNL)". La falsa afirmación la apoya en unos datos maliciosamente desactualizados: "En 2021, las importaciones de gas ruso sólo supusieron menos del 9 % del total. Si dichas importaciones se suspendieran, España cuenta con el 34 % de capacidad de regasificación de la Unión Europea, que permitiría sustituir las importaciones de gas ruso por GNL de otros proveedores. De hecho, España se configura como la puerta de entrada del mercado de gas natural licuado de Europa".

Pues bien, ahora sabemos que también es falso que hayamos pasado a ser "la puerta de entrada del mercado de gas natural licuado de Europa". Porque lejos de enviar más gas con destino al norte de Europa, lo estamos comprando allí para traerlo a España.

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