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No al 'pobrismo': el dinero trae más felicidad, mejor salud y menos problemas

Los estudios son demoledores y confirman que la vida es mejor para quienes más ganan.

Los estudios son demoledores y confirman que la vida es mejor para quienes más ganan.
Alamy

Recientemente, un ciudadano ganó el mayor premio en la historia de la lotería en Alemania, dotado con 23,2 millones de euros. Según la compañía que gestiona dicha modalidad de juego, el afortunado se quedó en estado de shock una vez se anunció la combinación ganadora y se retrasó en cobrar sus ganancias porque, según dijo, necesitaba algo de tiempo para procesar lo que significaría tener tanto dinero. "De hecho, sopesé incluso si realmente quería percibir una suma tan grande de dinero y me planteé si de verdad quería aceptar algo que podía cambiar mi vida", declaró el ciudadano en cuestión, un vecino de la localidad de Potsdam, cerca de Berlín. Finalmente, decidió recoger su premio.

Dos días después, un conocido periodista escribió una carta dirigda al ganador y publicada en el principal tabloide de Alemania, el Bild. La misiva decía lo siguiente: "has decidido que es mejor ser rico. No estoy de acuerdo. El dinero no trae la felicidad. Los ricos sufren el cáncer tanto como la gente pobre. Los ricos se divorcian y pelean con sus cónyuges, al igual que le ocurre al resto. Pero, además, los ricos acaban sufriendo úlceras estomacales porque viven preocupados y angustiados por conservar su dinero. Además, los ricos viven continuamente con recelo y miedo de las miradas codiciosas de los envidiosos".

Si ser rico es algo tan terrible, ¿por qué cientos de millones de personas en todo el mundo juegan a la lotería? ¿Y por qué hay tantos libros, videos de YouTube, seminarios y demás contenidos que versan sobre cómo hacerse rico? Vale la pena hacernos estas preguntas y tumbar los mitos pobristas que reflejan escritos como la carta publicada en el Bild.

De entrada, hay que recalcar que, si queremos hablar de riqueza y salud, lo cierto es que los que más dinero tienen gozan a su vez de mayor esperanza de vida y una existencia más saludable.

Por supuesto, los ricos también pueden caer enfermo. Pero sería un error pensar que hay que elegir entre tener buena salud o tener mucho dinero, puesto que, de hecho, los estudios que se han realizado en Estados Unidos apuntan que el 1 por ciento que más gana vive mucho más que el 1 por ciento de menos ingresos (para ser precisos, la brecha es de quince años entre los hombres y de diez años entre las mujeres. En el caso de los primeros, la esperanza de vida es de 87,3 años entre los ricos y 72,7 entre los pobres).

En Alemania, la investigadora Dorothee Spannagel dedicó su disertación a estudiar el impacto y las dinámicas propias de la riqueza económica en el país teutón. En su trabajo, comparó el promedio de la población con el grupo de trabajadores que percibe dos o tres veces más ingresos que la media. No hablamos, pues, de ricos frente a pobres, sino de rentas medias-altas frente a rentas medias. Pues bien, también en este caso vimos que, en el caso de quienes perciben el ingreso promedio, un 22,8 por ciento dice estar "muy preocupado" por su propia salud, frente al 10,2 por ciento que declaró lo propio en el segmento de rentas medias-altas. La investigadora llegó a una conclusión clara: "la comparación se puede resumir sucintamente, puesto que ha quedado establecido que, a medida que aumenta la riqueza, crece la proporción de personas que declaran tener una buena salud". Los resultados de sus encuestas muestran claramente que, en materia de salud, las rentas superiores al promedio se comparan favorablemente con el grueso de la población, puesto que "no solo disfrutan de un mejor estado de salud, sino que también están más satisfechos con la forma en que se encuentran".

Sin embargo, esto tampoco significa que ser pobre o tener menos renta sea necesariamente sinónimo de sufrir más problemas de salud. El problema no está en la falta de dinero, sino en el estilo de vida de las personas. Muchos estudios muestran que los tramos de rentas más bajas acostumbran a presentar una mayor incidencia de problemas como el alcoholismo, el tabaquismo, la obesidad, la falta de ejercicio, el abuso de la comida rápida…

Obviamente, nada de esto tiene que ver con el dinero, porque fumar a diario es más caro que pagar la cuota mensual de un buen gimnasio, de igual modo que comer comida rápida es más caro que cocinar de forma saludable en casa. También es evidente que el alcohol es más caro que el zumo de naranja exprimido en nuestra cocina. Por tanto, vivir una vida poco saludable es, de hecho, más caro que vivir una vida de buenos hábitos.

Otra pregunta que debemos hacernos es si el dinero lleva a conflictos conyugales y provoca menos felicidad en las relaciones amorosas. Las discusiones sobre el dinero juegan un papel importante en todos los divorcios, tanto cuando hay mucho en juego como en casos en que el patrimonio que debe dividirse es más pequeño. Sin embargo, la cuestión del dinero no solo importa en una ruptura: también puede ser un punto de discordia muy importante en las relaciones.

Lauren Papp de la Universidad de Wisconsin pidió a cien parejas con hijos que escribiesen sus experiencias cotidianas en un diario por un periodo de unas dos semanas. Uno de los requisitos que Papp pidió a las familias participantes fue el recoger por escrito qué temas podían generar disputas a lo largo de cada día, estimar cuánto tiempo duraba cada discrepancia y definir sencillamente el motivo de la discordia.

El resultado de su investigación mostró que no hay ningún tema sobre el que las parejas discutan con tanta tenacidad y persistencia como el dinero. La mayoría de las parejas reconocieron que sentían que las disputas sobre el dinero amenazaban su futuro en común y situaron estos enfrentamientos como los de más difícil resolución.

El psicólogo especializado en asuntos empresariales Erich Kirchler, de la Universidad de Viena, analizó por su parte de qué hablan y discuten las parejas casadas. Para ello, hizo que cuarenta parejas escribieran sus experiencias cotidianas en un diario, esta vez por unperiodo de un año. Pues bien, las finanzas resultaron ser los temas más conflictivos de todos. Las parejas discutían repetidamente sobre el dinero: en qué gastar, cuánto gastar, etc.

Si, durante un mes, escribimos en un diario todo lo que le preocupa (el trabajo, la salud, la crianza de los hijos, las finanzas, la sociedad, nuestra condición física, etc.), probablemente encontraremos que muchas de estas preocupaciones se esfumarían si tuviésemos diez millones de dólares en el banco… Esto no significa, como es lógico, que nuestra vida podría enfrentar nuevas preocupaciones, pero es de esperar que esas inquietudes serían de menor gravedad.

Entonces, ¿el dinero da o no la felicidad? A mucha gente le gusta insistir en que tener más riqueza no nos hace felices, pero esto es una tontería, porque no conozco a nadie que haya afirmado alguna vez que el dinero es, por sí solo, capaz de hacernos felices. ¿Acaso tener buena salud es suficiente para estar satisfechos? ¿O tener sexo basta para estar alegres con nuestras situación de vida? Obviamente, tampoco es el caso. Y, sin embargo, nadie diría por ello que debemos recelar de la buena salud o de las relaciones sexuales.

Poetas, bardos y filósofos han acuñado todo tipo de aforismos para cuestionar el valor del dinero y condenar la búsqueda de riquezas terrenales. "Si tu felicidad depende del dinero, nunca serás feliz contigo mismo", advirtió el filósofo chino, Lao Tse. El músico Bob Dylan se preguntó: "¿Qué es el dinero? Un hombre solo tiene éxito si se levanta por la mañana, se acuesta por la noche y, en medio, hace lo que quiere hacer". Albert Einstein dijo que "el dinero solo apela al egoísmo e invita irresistiblemente a cometer abusos".

Pero, por suerte, siempre ha habido poetas y filósofos que han analizado este asunto desde un prisma diferente. "Una persona sana y sin dinero vivirá medio enferma", escribió el gran poeta Johann Wolfgang von Goethe. Por su parte, la poetisa estadounidense Gertrude Stein declaró "he sido rica y he sido pobre. Y es mejor ser rica...". De igual modo, el escritor Oscar Wilde, a quien le encantaba exagerar para provocar indignación y así revelar verdades simples y rotundas, afirmó lo siguiente: "cuando era joven pensaba que el dinero era lo más importante en la vida; ahora que soy viejo ya sé que, efectivamente, lo es".

En tiempos recientes, se han publicado muchos trabajos científicos dedicados a la investigación de la felicidad. Desde este campo también se ha afirmado que el dinero no hace feliz a la gente. Ya en 1974, el economista Richard Easterlin afirmaba que no existe una correlación positiva entre obtener mayores ingresos y tener un mayor nivel de felicidad, una vez nos encontramos por encima de un mínimo nivel de renta anual. Dos Premios Nobel de Economía, Daniel Kahneman y Angus Deaton, matizaron el hallazgo de Easterlin y lo relacionaron solamente con ciertas expresiones del sentimiento de felicidad – pero también concluyeron que la correlación entre mayores ingresos y mayor felicidad solo aplica hasta cierto límite (a saber, un ingreso anual de 75.000 dólares). Cualquier escenario por encima de dicho nivel de renta ya no tendría un impacto significativo en la felicidad de las personas, que ya se habrían acostumbrado a vivir con más seguridad financiera y solo harían ajustes mínimos en su estilo de vida con cada aumento ulterior de su renta.

Sin embargo, una nueva investigación ha refutado esta tesis. El análisis más reciente proviene del psicólogo Matthew A. Killingsworth, quien ha encontrado que tanto el "bienestar experimentado" como el "bienestar evaluado" van a más con la mejora de los ingresos. El "bienestar experimentado" se midió analizando 1,7 millones de informes que recogían un muestreo de las experiencias cotidianas de 33.391 estadounidenses, quienes eran contactados en momentos aleatorios a través de sus teléfonos inteligentes, para responder a la pregunta "¿cómo se siente Vd. ahora mismo?". Al mismo tiempo, se midió el "bienestar evaluado" con otra pregunta periódica, menos ceñida a cada contexto cotidiano ("en general, ¿cómo de satisfecho está Vd. con su vida?". El resultado de la investigación determinó que el "techo" de 75.000 dólares propuesto por Kahneman y Deaton no existía.

De hecho, entre las personas con ingresos superiores a los 75.000 dólares, el estudio de Killingsworth confirma una clara correlación entre tener mayores ingresos y ser más feliz. Metodológicamente, el estudio cuenta con algunas ventajas respecto a los estudios anteriores. Por ejemplo, en trabajos realizados antaño, los encuestados solo podían responder "sí" o "no" a las preguntas sobre su felicidad, mientras que en el estudio de Killingsworth se utilizó una escala que permite matizar el grado de satisfacción. Otra gran ventaja consistió en la nueva técnica que permitió contactar a los encuestados a través de sus teléfonos móviles, lo que permite medir los estados emocionales de los encuestados de forma cotidiana. En estudios anteriores, a las personas simplemente se les pedía que recordaran cómo se habían sentido en un momento dado del pasado, pero como es lógico estos recuerdos a menudo están distorsionados y fuertemente teñidos por los estados emocionales presentes de los encuestados en el momento en que se les pregunta.

De modo que, si tuviese que hablar con el ganador de la lotería, le diría que ignore la carta del Bild. Eso sí: me cuidaría de advertirle sobre algo… Lo cierto es que los ganadores de la lotería deben tener cuidado. Hay demasiados ejemplos de personas que pierden todas las ganancias conseguidas por esta vía o mediante fórmulas similares. Al fin y al cabo, aquellas personas que se enriquecen a través de su trabajo como empresarios o inversores van forjando una cierta estructura de personalidad, como mostré en mi disertación doctoral, publicada en formato libro con el título de The Wealth Elite. Pero, como es lógico, las personas que ganan la lotería no tienen esa preparación previa, simplemente tienen suerte, de modo que es poco probable que tengan el conocimiento y las habilidades mentales suficientes para administrar tanto dinero. Ocurre algo parecido con los innumerables casos de estrellas de la música o deportistas de élite que ganaron mucho dinero de forma súbita, pero acabaron perdiéndolo todo. Y, claro está, estas personas no eran infelices cuando tenían mucho dinero: eran infelices cuando lo perdían...

Rainer Zitelmann es sociólogo, historiador e investigador especializado en la riqueza. Es autor del libro The Wealth Elite, en el que analiza científicamente la psicología de los superricos.

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