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Domingo Soriano

Las preguntas sobre el clima que Angels Barceló no quiere hacerse ni que nos hagamos

Lo de Barceló y Escolar no tiene sentido: su retórica es similar a la del tipo pegado a 'La joven de la perla', pero están tan tranquilos.

Lo de Barceló y Escolar no tiene sentido: su retórica es similar a la del tipo pegado a 'La joven de la perla', pero están tan tranquilos.
Manifestantes en Londres, este pasado mes de octubre, pidiendo el fin del uso de los combustibles fósiles. | Cordon Press

Hay gente que se está quejando por el tiempo que ha hecho este octubre. En serio.

Yo creo que ha sido el mejor mes (en este aspecto) de mi vida. No digo el mejor octubre: cuando afirmo "el mejor mes" es porque no recuerdo otro período de cuatro-cinco semanas seguidas como éste. Al menos en Madrid, ha estado cerca de ser perfecto: mañanas a 14-15℃, fresquitas pero agradables; hora central del día a 24-25℃, muy buena temperatura para pasear porque, además, el sol pega menos que en verano (en términos cero técnicos: no está tan alto); y noches a 18-20℃, fantásticas para tomar algo con los amigos o cenar en la terraza de casa. Como, además, ha habido poco viento y no demasiada lluvia (aunque sí ha llovido algo, lo suficiente), parecía como si lo hubieran diseñado para que lo recordemos.

Pues hay gente quejándose porque ha sido más caluroso de "lo normal".

En realidad, si la izquierda europea no estuviera tan preocupada intentando callarnos (¿mi declaración de amor a este octubre del 2022 debería ser cancelada según el "criterio Angels Barceló"?) y rezando a Greta, se daría cuenta de que lo ocurrido en estas semanas debería ser la excusa perfecta para un debate real sobre el cambio climático.

Sí, ya sé que los fenómenos puntuales en realidad no cuentan demasiado. Ni otro filomenazo sería la prueba de que no existe calentamiento global ni una ola de calor como la de este verano demostraría lo contrario. De hecho, esta misma semana se han publicado varios artículos en los que se apunta a la erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha'apai como causa inmediata de la subida de las temperaturas este año (y los científicos creen que los efectos podrían durar todavía un lustro). Miren lo que dice un medio nada sospechoso de negacionista como National Geographic:

Esta erupción sigue suponiendo un reto de dimensiones nunca antes vistas para los investigadores pues, según el nuevo estudio, sus efectos podrían llegar a alterar el clima de la Tierra hasta el punto de calentarla durante los próximos cinco años, afectando también a la capa de ozono. Hasta ahora, nunca se había observado que un evento de esta magnitud pudiera inyectar en la atmósfera tal cantidad de vapor de agua, por lo que la comunidad científica permanece alerta para analizar sus efectos a medio y largo plazo. (...) Las estimaciones del estudio indican que 146.000 millones de litros de agua llegaron hasta la estratosfera, lo que viene a ser el equivalente a 58.000 piscinas olímpicas o, lo que es lo mismo, el 10% del agua que ya había en la estratosfera. Tal cantidad de vapor de agua en la atmósfera puede provocar un efecto totalmente contrario: el agua absorbe la energía del sol en vez de reflejarla, potenciando el efecto invernadero. Sin embargo, todos estos efectos requieren de tiempo para poder ser documentados y estudiados, por lo que de momento no hay consenso en la comunidad científica sobre los efectos a largo plazo de la erupción.

Apunte al margen: hoy no me quiero meter en este tema, pero sorprende la cantidad de dudas sobre los efectos de esta erupción y las afirmaciones categóricas sobre todo lo demás que tiene que ver con el clima a largo plazo. Y los intentos de acallar a cualquiera que tenga el más mínimo matiz respecto del discurso oficial.

El debate

Volvamos a octubre y a este inesperado y más caluroso otoño. Por qué digo que debería servir para un debate sereno sobre el clima. Porque este buen tiempo, aunque no sirva como prueba de nada (como ningún fenómeno puntual), sí puede ser la excusa para plantear algunas preguntas:

- ¿Es malo que las temperaturas suban?

En la misma tertulia en la que Barceló pedía que no se permita a nadie más escribir una columna como ésta, Ignacio Escolar decía: "El destrozo en el clima que ya hemos provocado va a llevar a que en el año 2030 el clima de España se parezca mucho al de Marruecos o al de Egipto, no habrá invierno y habrá un verano en el que no se pueda salir de casa en las horas centrales del día".

La afirmación es muy categórica. Porque, además, ya no falta tanto. En siete añitos estamos ahí y cuatro grados de incremento en la temperatura media (la diferencia entre los 18,5℃ de temperatura media de Marruecos y los 14,5℃ de España) no van a ser fáciles de lograr. Tampoco creemos que un error como éste vaya a evitar que el director de eldiario.es siga haciendo predicciones.

Pero supongamos que es cierto. En primer lugar, ya hay zonas de España con un clima "como el de Marruecos". De Alicante a Cádiz, no hay tanta diferencia entre lo que ocurre en términos climáticos en la costa mediterránea española y el norte de África. Y no parece que estos lugares sean especialmente invivibles. De hecho, si acaso al contrario, son las provincias que más población atraen: nacional y extranjera, como turistas y como nuevos residentes.

Puede haber regiones, en España y en el mundo, en las que un aumento de un grado y medio en la temperatura media global en el próximo siglo tenga consecuencias negativas, pero habrá otras en las que pase lo contrario (y sí, entre 1,5-1,7℃ de aumento en los próximos 80 años es lo que predice el IPCC en su escenario central para el conjunto del planeta, no 4℃ en siete años). No nos tenemos que ir a Siberia: a lo mejor en Suecia se vive más y mejor con el termómetro marcando temperaturas algo más elevadas.

Además, el volcán tongano nos recuerda que también la naturaleza, sin ser humano por medio, provoca cambios sustanciales en el clima.

Esto último no lo digo por reiniciar el debate sobre las causas del calentamiento global. Hoy parto de la hipótesis de que todo este fenómeno ha sido generado por la mano del hombre (afirmación no basada ni en la ciencia ni en los informes oficiales)... pero aceptamos barco-hombre-culpable de todo sólo para preguntarnos: ¿y si hubieran sido los volcanes? ¿Sería malo que viviéramos en un clima más caluroso que el de 1870 si no hubiera sido por nuestra culpa? ¿Cuál es el clima correcto? Si la tendencia natural en los próximos años nos dirigiera al enfriamiento y los gases contaminantes compensaran esa tendencia natural para mantenernos más cerca de la temperatura de 1870: ¿deberíamos emitir o no? ¿Sería bueno o malo que el clima permaneciese estable si la estabilidad fueran antinatural?

Si este debate tratase de lógica y de las condiciones de vida en el planeta, es evidente que las preguntas anteriores no tendrían una respuesta.

Lo que ocurre es que lo que les molesta no es que el clima cambie. La religión progre de nuestra era nos dice que debemos estar enfadados porque cambia (según ellos) por culpa del hombre. Mejor helarnos o abrasarnos si es Gaia quien nos condena.

Los costes

- ¿Cuál es el coste de no ser Marruecos? Para la segunda pregunta, partiremos de la anticientífica, anti-IPCC y un poco absurda doctrina Escolar: en siete años, somos Marruecos y no tenemos invierno. Esto le parece un drama a muchos, pero han sido precisamente algunos de los países y regiones con ese clima en teoría tan horrible los que más han prosperado en las últimas décadas. Por ejemplo, el Cinturón del Sol en EEUU. O los países del Golfo Pérsico que, ahora que avizoran que los ingresos del petróleo están en peligro, se venden como destinos turísticos o de negocios. En España, ya lo hemos dicho, las provincias que más crecen son las más calurosas. Parece que, puestos a elegir, la mayoría de seres humanos quiere más calor, no menos. Los finlandeses que llenan los campos de golf de Almería de octubre a abril (y créanme, los llenan) no aparentan estar muy preocupados por vivir en un clima 10-15℃ más cálido que aquel en el que crecieron.

¿Estoy diciendo que este panorama no tendría costes? En absoluto. Tendríamos que adaptarnos, en todo: en las cosechas que cultivamos y en nuestra relación con el entorno. Habría grandes cambios en la flora y fauna que nos rodea. Tendríamos que tirar de imaginación e inventiva, como ha hecho Israel, para gestionar y aprovechar mejor el agua. Lo que digo es que traería cosas malas (más veranos insoportables como el que acabamos de pasar) pero también muchas buenas (otoños tan agradables como éste). ¿Cuál sería el sumatorio? ¿Negativo? ¿Por qué?

¿Morirían más personas por las olas de calor? Seguro. ¿Y menos en invierno? También seguro. De hecho, el saldo en este punto sería positivo (ya lo está siendo).

En 2030 comprobarán ustedes (y Escolar, si quisiera comprobar algo, también) que no seremos Marruecos. Pero lo que quiero decir hoy es que, si lo fuéramos, tampoco pasaría nada. O quizás pasaría, pero lo soportaríamos. Puede que (o puede que no) lo soportáramos mejor que lo que tenemos ahora. Por eso hablo de costes y alternativas: ¿merece la pena infligirnos un daño en términos de crecimiento económico ahora a cambio de evitar esa posibilidad de tener un clima como el de Marruecos en el futuro? ¿Qué cuesta ahora esa transición energética y qué costaría en el futuro adaptarnos a la nueva situación? ¿Qué es mejor: un planeta que ahora crece más a riesgo de pasar más calor en el futuro o ese mismo planeta más frío en el futuro pero quizás también menos rico? ¿Debemos dejar de consumir desde ya, como dicen los activistas de Just Stop Oil, unos combustibles fósiles que suponen más del 80% del mix de energía a nivel global y por encima del 70% incluso en la UE? ¿Y cómo lo haríamos?

Estos deberían ser los términos del debate. Incluso si aceptamos las hipótesis más catastrofistas sobre el clima. Pero no quieren debate. Lo que quieren es asustar, que no contestemos y que ese miedo nos lleve a darles más poder.

El pegamento

Por último, otro apunte al margen, pero que es clave para entender lo que está pasando. Sobre los tipos que tiran pintura a cuadros famosos o se pegan con cola a ellos. Dice mi compañero y amigo Raúl Vilas que son los únicos coherentes de esta historia. Y es cierto: si uno se cree de verdad que el planeta está en peligro y a punto de explotar por culpa del ser humano y los combustibles fósiles es normal que (1) esté en un estado de ansiedad que roce la locura y (2) que esa misma ansiedad le lleve a cometer todo tipo de estupideces o le empuje a iniciativas a mitad de camino del heroísmo y la desesperación. Yo no lo creo y por eso vivo mi vida tan tranquilo y disfruto de este octubre de 2022 con total despreocupación.

Lo que no tiene sentido es lo de Barceló y Escolar. Que tienen una retórica no muy diferente a la del tipo pegado con Loctite a La joven de la Perla, pero están ahí, tan tranquilos, en su tertulia. Si asumes el editorial que la presentadora de la SER leyó el otro día en antena, la única pregunta que queda por hacerle es: ¿por qué sigues ahí? Cómo puede ser que no hayas apagado el micro inmediatamente, después de leer una declaración de este tipo:

Este programa es una actividad no esencial que consume, tanto para ser producido como para ser escuchado, mucha más energía de la necesaria. Todos los que intervenimos aquí gastamos más, mucho más, en nuestro día a día, que el ciudadano medio del planeta. Esto tendría sentido si nos dedicáramos a la medicina o la producción agrícola. Pero poner en peligro el planeta para montar una tertulia es un acto de irresponsabilidad que roza lo criminal. A partir de ahora, viviré con el mínimo gasto energético que pueda y animo a todos mis oyentes a hacer lo mismo.

Si no lo hacen es porque no se lo creen. Como el Gobierno que los lunes nos alerta de la emergencia climática y los martes nos regala 20 céntimos por litro de gasolina. No se creen este cuento. Y al decir "cuento" no me refiero a lo del calentamiento en el último siglo y medio, que eso sí se lo creen aunque no tienen ni idea de las cifras reales; sino a los anexos sobre las consecuencias catastróficas o sobre las medidas a tomar para evitarlas. Por eso, porque no están ni cerca de creerse su propio discurso, intuyo que Angels e Ignacio han disfrutado de las terrazas de Madrid este octubre... incluso más que yo.

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