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José María Rotellar

El gasto de Sánchez revienta la deuda pública

En los cuatro años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en más de 7.000 euros.

En los cuatro años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en más de 7.000 euros.
EFE

Son ya muchos meses los que llevo publicando en Libertad Digital el terrible aumento de deuda que sufre la economía española, especialmente desde que gobierna el presidente Sánchez. A finales de noviembre de 2018, publicaba un artículo en este periódico que alertaba de cómo Sánchez engordaba la deuda, al situarla, con datos de septiembre de 2018, los últimos publicados entonces, en 1,174 billones de euros. De hecho, ya había incrementado la deuda ese año en 17.000 millones, pues la recibió a finales de 2018 en 1,157 billones de euros, según las notas mensuales que publica el Banco de España con la evolución de la deuda de las Administraciones Públicas.

Así, mes tras mes hemos ido publicando cómo Sánchez mantenía esa tendencia alcista -con alguna corrección a la baja algún mes por el diferente ritmo entre emisiones y vencimientos-, ya que el déficit no es un problema que haya solucionado, sino que estructuralmente lo ha agravado, y la deuda es una consecuencia del déficit, acumulándose en el mismo importe anual.

Y todo sigue así. Ahora, con los últimos datos disponibles, en agosto, aumentó la deuda en 4.444 millones de euros. La deuda se sitúa en agosto en 1,491 billones de euros de endeudamiento, de manera que sigue avanzando hacia los 1,5 billones de euros, con 334.000 millones de euros de incremento desde que gobierna Sánchez (334.110 millones). Sánchez ha engordado tanto la deuda que la hace reventar sobre cualquier parámetro ortodoxo con el que se mida, ya sea el PIB, ya sea los ingresos, ya sea su valor absoluto.

De esta forma, la deuda sigue incrementándose en más de 200 millones de euros al día (215,14 millones) -casi 1.500 millones a la semana- desde que gobierna Sánchez.

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elaboración propia a partir de las notas mensuales de deuda de las AAPP publicadas por el Banco de España

Este grave problema puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla si el BCE deja de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto.

Esto es especialmente grave en estos momentos de subidas de tipos de interés, que afectarán negativamente a los gastos financieros del sector público, tal y como señalan diversas instituciones, como la AIReF y FUNCAS, por ejemplo.

Esto se vio claramente cuando el BCE anunció que finalizaba sus compras de deuda: la prima de riesgo de España se disparó por el sobreendeudamiento de Sánchez, que obligó al BCE a anunciar un mecanismo para mitigar el incremento de dicha prima de riesgo. Es decir, Sánchez está comprometiendo a la economía española y con el efecto que tiene, por ser la cuarta economía de la zona euro, a la eurozona.

El incremento del gasto es un problema importante, con el déficit estructural, construido sobre un gasto desmedido, que se ha ido consolidando en el tiempo, como principal problema. Así, sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en el sector público, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad.

El proyecto de PGE para 2023 vuelve a sustentarse sobre unos ingresos coyunturales, derivados de la inflación, con mayor crecimiento de gasto, que incrementará el gasto estructural y el déficit estructural.

De esa manera, el déficit estructural español se situará en 2023 cerca de cinco puntos porcentuales sobre el PIB, elemento que señala un grave desequilibrio de la economía española. Déficit estructural que es la gran preocupación de la Comisión Europea.

Eso empujará el déficit español al alza, con el incremento del mismo que se prevé en 2023 y años siguientes, tal como estiman todas las instituciones. Sánchez no sólo no rectifica, sino que agrava el endeudamiento de los españoles en el último mes.

La tendencia, así, sigue siendo alcista -y así seguirá mientras siga habiendo déficit, pues la deuda no es más que el sumatorio de los distintos saldos presupuestarios de cada ejercicio- con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone, y para este año, 2022, se prevé un déficit del entorno del 5%, que el Gobierno no ha rectificado en su plan presupuestario enviado a Bruselas, pese a que la recaudación extraordinaria conseguida por la inflación (alrededor de 32.000 millones previstos para cierre de 2022) haría que el déficit tuviese que ser sustancialmente menor. Sin embargo, no lo prevé, elemento que hace pensar que puede que incremente más el gasto todavía amparándose en ese margen transitorio. El problema es que generará, a buen seguro, gasto estructural sobre la base de unos ingresos muy pasajeros.

La deuda, pues, sigue su camino hacia los 1,5 billones de euros, que supone el 114,51% del PIB español sobre la estimación de crecimiento de PIB nominal del Gobierno a partir del dato de previsto para 2022 en el plan presupuestario (1,302 billones de euros), así como su previsión de déficit en 2022 que aparece en dicho plan (5%).

Aunque es obvio que el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitigará el cociente, como vemos al utilizar el dato de previsión del año (1,302 billones de euros), sigue siendo muy elevado porcentualmente y, lo que es más preocupante, creciente en valores absolutos.

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Sobre el dato agregado de PIB de los últimos cuatro trimestres, el porcentaje es todavía mayor, situándose en el 118,11%.

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Es más, como la previsión de déficit para 2022 es del 5%, eso supone incorporar una mayor deuda en 2022 de 65.435 millones de euros. Eso quiere decir que como se ha incrementado ya en estos ocho primeros meses en 64.187 millones respecto al cierre de 2021, el endeudamiento se incrementará en los cuatro meses restantes del año en otros 1.248 millones, de manera que la deuda llegará casi a los 1,5 billones de euros (1,493 billones) y el endeudamiento sobre el PIB se situará en el 114,1% del PIB, que será todavía mayor si el PIB se queda por debajo de las previsiones y si se incorpora la subida salarial retroactiva a los empleados públicos, aunque el PIB nominal, debido a la inflación, es más sencillo que se mantenga en el nivel previsto, no así el crecimiento real sin contar el efecto de los precios.

De hecho, el plan presupuestario enviado a Bruselas estima una deuda sobre el PIB un punto mayor a esta previsión, un 115,1%, es decir, el gasto prevé un mayor gasto en 13.302 millones de euros (al aplicar ese punto de diferencia sobre la previsión de PIB nominal para 2022 de 1,302 billones de euros).

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Todo ello, nos lleva a que desde que gobierna Sánchez la deuda se ha incrementado en 334.110 millones de euros. Durante el primer año, aumentó en 38.688 millones, y al cabo cuatro años de mandato el incremento es de más de 330.000 millones de euros.

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Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los cuatro años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en más de 7.000 euros (7.041 euros, ocho veces y media el incremento del primer año).

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O visto de otra manera: en el primer año, la deuda se incrementaba a un ritmo de 105,99 millones de euros al día. Ahora, tras cuatro años de Gobierno de Sánchez, la deuda crece 215,14 millones de euros cada día.

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De esa forma, nos encontramos con un incremento exponencial del gasto sin haber recuperado el nivel de actividad económica previo a la pandemia (tal y como corrobora Eurostat, ya que España está casi 3 puntos por debajo de su nivel anterior a la pandemia), en un entorno económico complicado, de elevada inflación, siendo muy preocupante la subyacente -la mayor desde hace casi treinta años-, fuertes costes energéticos -que están propagando ese incremento de precios por toda la cadena de valor-, marco macroeconómico irreal, que se está corrigiendo a la baja por expectativas endebles. De hecho, todas las instituciones que realizan predicción rebajan de manera clara las previsiones de crecimiento español, al tiempo que elevan las previsiones de inflación en España. Todo ello está presionando, de nuevo, la prima de riesgo española, sólo mitigada por la herramienta antifragmentación anunciada por el BCE, que estará condicionada a reformas.

Los ciudadanos necesitan que el Gobierno le aligere de cargas, como, por ejemplo, la deflactación del IRPF y la bajada de impuestos, no que los endeuden más. Es imprescindible, por tanto, reducir el gasto ineficiente, porque es el origen del problema y vuelve insostenible el mantenimiento de la estructura económica con semejante endeudamiento, y devolver a los ciudadanos la recaudación extra que el Gobierno está consiguiendo gracias a la inflación, que asfixia a los españoles, les hace perder poder adquisitivo y les impide llegar a fin de mes y poder competir, en el caso de las empresas, en los mercados.

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