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Cuatro calamidades que Sánchez debería tener en cuenta antes de decir que el dato de inflación es "positivo"

A pesar del optimismo gubernamental, que el IPC haya cerrado el mes de noviembre en el 6,8% está muy lejos de ser una buena noticia.

A pesar del optimismo gubernamental, que el IPC haya cerrado el mes de noviembre en el 6,8% está muy lejos de ser una buena noticia.
LD

Hoy hemos conocido ya por parte del Instituto Nacional de Estadística el dato definitivo de la evolución de la inflación durante el mes pasado, el mes de noviembre. Y creo que es un dato aun siendo aún alto, de un 6,8, es un dato positivo.

Es un dato positivo porque apunta a que estamos doblegando la curva de la inflación, como ya apuntamos desde el Gobierno de España hace unos cuantos meses. Y lo hacemos en torno, como he explicado siempre a los españoles y españolas, desde el inicio de la guerra e incluso antes, con dos dimensiones.

Así aplaudía el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el dato de inflación que publicó ayer miércoles el Instituto Nacional de Estadística (INE). El pasado mes de noviembre, el Índice de Precios de Consumo (IPC) bajó una décima respecto a octubre y moderó su tasa interanual, hasta el 6,8%. ¿Es un resultado para celebrar?

A pesar del optimismo gubernamental, que el IPC haya cerrado el mes de noviembre en el 6,8% está muy lejos de ser una buena noticia, simplemente, porque significa que los precios siguen subiendo desde hace casi dos años. De hecho, la crisis inflacionista actual está provocando que cada día que pasa el poder adquisitivo de los ciudadanos se erosione cada vez más.

1- La ilusión estadística del IPC

Por eso, no hay que dejarse engañar con el último dato del IPC. Como ya advertimos en Libre Mercado, que la inflación haya subido menos que otros meses lleva aparejado un claro efecto estadístico porque la cifra de noviembre se compara con la de noviembre 2021, donde ya estaban subiendo los precios un histórico 5,5%, tal y como se observa en el gráfico.

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Otro espejismo estadístico es que, para calcular el IPC, el INE solo tiene en cuenta el precio de la energía según la tarifa regulada de luz (que depende de los mercados mayoristas), pero este precio ha subido tanto, que la mayoría de los clientes se han trasladado al mercado libre, donde las facturas también han subido y cuyos precios no aparecen en la fórmula oficial.

2- La subyacente no da tregua

En la línea amarilla del gráfico anterior también se observa la evolución de la inflación subyacente, un indicador que no da tregua en España. Esta variable excluye del IPC a los alimentos no elaborados y a la parte energética. Es decir, es la que elimina el componente más volátil de la inflación y viene a confirmar el incremento generalizado de los precios en todas las actividades económicas.

Fue el pasado mes de agosto cuando la inflación subyacente alcanzó su pico máximo en el 6,4%. En septiembre y octubre, este indicador se moderó muy ligeramente hasta el 6,2%, pero de nuevo ha vuelto a subir en noviembre.

3- Los alimentos suben más del doble de la inflación

Uno de los datos más preocupantes de los que publicó ayer el INE es la escalada del precio de los alimentos, los bienes básicos por excelencia de los ciudadanos. La partida de alimentos y bebidas no alcohólicas se disparó en noviembre un insólito 15,3%. El mes pasado también subieron un 15,4%, por lo que es ahora cuando más caro les está saliendo a los españoles subsistir.

Los ascensos de productos tan habituales en el día a día de los consumidores como los cereales (22,9%), los huevos (27,1%), la leche (30,9%) o el azúcar (50,2%) en noviembre son verdaderamente preocupantes

4- Mazazo al ahorro

¿Y qué pasa con los ahorradores? La inflación es un fenómeno letal para el ahorro y los datos del INE también revelan la pérdida de poder adquisitivo que están sufriendo los ciudadanos de a pie.

Por ejemplo, para aquellos que tengan un depósito tradicional en el banco, sin apenas remuneración, la inflación se ha disparado un 12,7% en dos años. Es decir, los 50.000 euros de noviembre de 2020 equivalen ahora a 43.650 euros, o lo que es lo mismo, ese ciudadano habría perdido 6.350 euros en tan solo dos años.

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