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Daniel Rodríguez Asensio

Qué está pasando (y qué no) con la inflación en España

el INE solo tiene en cuenta los precios de las tarifas reguladas de luz y de gas a la hora de fijar el IPC. Estos afectan a muy pocos consumidores.

el INE solo tiene en cuenta los precios de las tarifas reguladas de luz y de gas a la hora de fijar el IPC. Estos afectan a muy pocos consumidores.
EFE

Seguro que muchos de los lectores han escuchado en las últimas semanas al Gobierno y a sus satélites mediáticos hablar en tono triunfalista en relación con la inflación. "Tenemos una de las tasas de inflación más bajas de Europa", "gracias a las medidas del Gobierno estamos doblegando la inflación" y un largo etcétera. ¿Es esto cierto?

Para analizar este fenómeno, como siempre, debemos comenzar por el principio. La inflación está desacelerando en España. Desde el 10,8% que sufrimos en julio y agosto, el último dato de octubre apunta hacia un incremento de los precios del 7,3% con respecto a octubre de 2021.

Esto se produce, además, en un contexto de aceleración de este fenómeno en Europa. La media de la UE ya supera el 10% y hay países, como Alemania o Italia, que están en el 11 y el 12%.

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Por lo tanto, el mensaje del Gobierno de España es artificialmente cierto. Y subrayo el artificialmente porque en esta evolución subyacen razones estadísticas y decisiones de política económica que están maquillando una situación grave. O, dicho de otra manera: El demonio está en los detalles.

Entre las razones estadísticas está el efecto base. Vean la tabla anterior: En octubre de 2021 la inflación en España era del 5,4%, mientras que en Italia era del 3,2% y en Alemania del 4,6%. O, dicho de otra manera: El fenómeno inflacionista comenzó antes en España, y por eso el punto de partida para los datos que vamos conociendo es más alto en nuestro país que en el resto de economías.

Este efecto base es coyuntural, por lo que irá remitiendo en el resto de Europa como así ha ocurrido en España.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta la cesta de bienes y servicios que contempla la inflación y el proceso de fijación de los precios energéticos en cada país.

En España el INE solamente tiene en cuenta los precios de las tarifas reguladas de luz y de gas a la hora de fijar el índice de precios al consumo (IPC). Por todos es sabido que estos precios afectan a muy pocos consumidores (en torno al 15% de los consumidores de luz y aún menos de gas), y, en el caso de la luz, está directamente ligado a los mercados mayoristas.

Por lo tanto, cuando la luz se dispara en los mercados mayoristas, el componente energético del IPC también lo hace y arrastra al índice en su conjunto. Esto ocurre, como hemos explicado anteriormente en esta columna, en verano y en invierno, porque de toda la capacidad renovable eficiente instalada sólo está funcionando una parte (la solar en verano, y la eólica en invierno). Por lo tanto, ahora en el entretiempo, el mix energético es óptimo gracias a las renovables, y por eso el precio mayorista cae notablemente, llegando a situar a España entre los países con precios más bajos de toda Europa.

En consecuencia, los mismos que decían (con razón) que la inflación era ligeramente menor cuando la tarifa regulada de luz estaba en máximos históricos porque la mayor parte de los consumidores estamos en el mercado libre y eso no lo computa el INE en la cesta de la compra, ahora deberían reconocer que la inflación es ligeramente mayor de la registrada por el efecto espejo.

Otro efecto que también atañe a la factura energética y no está contabilizando el INE en su cesta de la compra son los efectos adversos del tope al gas.

Además de disparar la demanda de gas para producir electricidad porque es más barato (lean), la diferencia entre el precio topado y el precio de mercado se incluye como un concepto más en la factura de los consumidores que tienen tarifa de mercado libre y están renovando sus condiciones. De ahí que haya mucha gente que de un día para otro se hayan encontrado en su factura con un nuevo concepto cuyo título es confuso y su cálculo inexistente. Y, por supuesto, un concepto que no está contemplado en el incremento del IPC porque, al igual que en el punto anterior, las facturas que están en mercado libre (en torno al 85% del total) son imposibles de cuantificar y computar a nivel de IPC.

¿Esto significa que todas las medidas del Gobierno están equivocadas? No, ni mucho menos. Hay dos que han funcionado y van a seguir haciéndolo en los próximos meses: La reducción del IVA de la luz, y la reducción del IVA del gas.

Los precios están cayendo en España porque, tal y como advertimos en esta columna, somos uno de los países menos expuestos, tanto directamente como indirectamente a la invasión de Ucrania. Siempre lo hemos sido, y la presión inflacionista que hemos sufrido en verano ha sido consecuencia de una concatenación de malas políticas económicas fundamentalmente, sin obviar el hecho de que los mercados energéticos han afectado negativamente a todos.

Ahora la inflación no está en el 7%. Los precios continúan creciendo más (hay 2 de cada 3 productos de la cesta de la compra que crecen por encima del 10%) y, lo más importante, el entorno económico empeora y el mercado laboral en España también.

La evolución de los últimos meses no cambia el escenario base: La inflación se va a estabilizar en 2023 en torno al 7,5/8%. Y el impacto sobre la renta disponible de las familias y la competitividad de las empresas va a seguir siendo relevante.

De hecho, ya lo está siendo. La consultora IHS Markit ha publicado el dato adelantado de actividad del sector manufacturero y España ha registrado el quinto peor dato de todos los países que monitorizan.

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Pero de eso hablaremos en otra ocasión. De momento, mantengo mis perspectivas para otoño (lean).

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