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La desglobalización y sus consecuencias: ¿ha muerto la era del libre comercio?

Inversores, empresarios, economistas y politólogos, de acuerdo en la deriva del sistema internacional.

Inversores, empresarios, economistas y politólogos, de acuerdo en la deriva del sistema internacional.
La nueva era de desglobalización, coronada por el auge chino | EFE

La globalización tocó techo a mediados de la primera década del siglo XX. El estallido de la Gran Recesión en 2007-2008 puso coto al avance del comercio internacional de bienes y servicios, inaugurando una nueva fase de desconfianza que solo se ha incrementado desde entonces. La crisis de la Eurozona introdujo más dudas en el sistema, poniendo en jaque la integración económica del Viejo Continente entre 2010 y 2012. La década siguiente debió haber estado presidida por una normalización de los términos de intercambio, pero lo que realmente ocurrió fue una guerra comercial cada vez más intensa y un auge del populismo autoritario que también contribuyó a la discordia. En 2020, el estallido de la pandemia del coronavirus impuso aún más obstáculos en el escenario mundial, que llegó exhausto a 2022, con una crisis de estanflación a la que se ha sumado la invasión rusa de Ucrania.

En su último libro, Principios para navegar el nuevo orden mundial (Deusto), el legendario inversor Ray Dalio afirma abiertamente que la era de la globalización liderada por Estados Unidos está llegando a su fin. El impulsor del mítico fondo Bridgewater considera que los ciclos de poder tienden a verse superados cuando concurren una serie de circunstancias geopolíticas y económicas que desgastan de forma definitiva a las potencias hegemónicas. El excesivo endeudamiento de su país, combinado con la pérdida de influencia a nivel global y el papel cada vez más relevante y controvertido jugado por China, serían motivos de sobra para considerar que el poderío de la nación norteamericana va en retroceso, como ocurrió en tiempos pasados con otros agentes hegemónicos.

Si la guerra en Ucrania ha hecho sonar todas las alarmas y ha puesto en duda la capacidad de Occidente de repeler las avanzadas de potencias abiertamente hostiles, la creciente tensión en Taiwán se antoja como el escenario en el que nadie quiere pensar, pero puede llegar a desatar una guerra abierta en la que estarían involucradas las principales potencias. En este sentido, cobran especial valor las últimas declaraciones de Morris Chang, ampliamente reconocido como el padre de la industria de los microchips y los semiconductores. Según el empresario taiwanés, máximo responsable del gigante TSMC, "la globalización está prácticamente muerta".

En la misma línea parece ir el pensamiento de Tim Cook, consejero delegado de Apple. El sucesor de Steve Jobs ha puesto en marcha una estrategia de relocalización de la producción, con la que pretende asegurar que el grueso de la producción de la compañía se desarrolle íntegramente en Estados Unidos. "Por muchos años, Apple y Silicon Valley han transformado nuestros dispositivos, ofreciendo nuevos niveles de desempeño y permitiendo que nuestros usuarios hagan cosas que nunca antes habrían imaginado. Ahora, apoyándonos en el trabajo duro de mucha gente, queremos asegurarnos de que los chips de nuestros productos son orgullosamente fabricados en América. Es hora de que Estados Unidos propicie una nueva era en el ámbito de las manufacturas avanzadas", declaró en el mismo evento en el que Chang hizo su sombría advertencia.

Otra voz que se ha pronunciado recientemente sobre esta deriva es Dani Rodrik. Conocido por sus escritos sobre los excesos en los que habría incurrido una globalización excesivamente dominada por la banca y las grandes corporaciones, considera asimismo que el cambio que estamos viviendo es a peor, puesto que las crecientes tensiones geopolíticas estarían conduciéndonos a un mundo menos eficiente, en clave económica, y menos seguro, en términos de paz. El crítico de la hiperglobalización llama ahora la atención sobre los efectos de la desglobalización.

También merece la pena revisar los trabajos del politólogo sueco Andreas Johansson Heinö, académico del influyente think tank TIMBRO. El investigador escandinavo ha elaborado a lo largo de los años un Índice de Populismo Autoritario en el que denuncia un imparable aumento de estas ideas y alerta del impacto que tiene en la economía mundial el avance político de las nuevas derechas proteccionistas y las viejas izquierdas anticapitalistas, antagónicas en tantos puntos pero coincidentes en su rechazo al modelo de mercado.

De modo que el pesimismo expresado por inversores, empresarios, economistas y politólogos de diversa procedencia y trayectoria encaja, en última instancia, con un mismo planteamiento, según el cual la globalización está en un punto crítico y podría estar condenada a un declive imparable debido al auge de planteamientos geopolíticos y económicos que, en última instancia, tienen difícil encaje con los principios de una economía global abierta e integrada.

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