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Los "ricos" no nos roban, nos subvencionan: el 20% sostiene el estado de bienestar

Aunque se insiste en que paguen más al fisco, la redistribución vía gasto es cinco veces más eficiente que vía impuestos.

Aunque se insiste en que paguen más al fisco, la redistribución vía gasto es cinco veces más eficiente que vía impuestos.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este lunes 9 de enero. | EFE

El laboratorio de ideas Fedea ha publicardo el VII Informe del Observatorio sobre el Reparto de los Impuestos y las Prestaciones entre los Hogares Españoles. El trabajo que sale a la luz es de la autoría de Julio López Laborda, Carmen Marín y Jorge Onrubia y toma en consideración el impacto de la fiscalidad y de las ayudas y servicios sociales.

Los expertos consideran que el quintil 1, es decir, el 20% de menor renta, cuya renta es inferior a los 16.000 euros mejora sus ingresos en un 97% gracias al efecto de dos tipos de medidas redistributivas: las transferencias monetarias (es decir, el pago directo de ayudas, prestaciones y subsidios) y las prestaciones en especie (tales como la educación o la sanidad).

También mejoran su renta los quintiles 2 y 3, es decir, los grupos con ingresos de entre 16.000 y 28.000 y 28.000 y 42.000 euros, respectivamente. En el primer caso, la mejora es de un 52%, mientras que en el segundo se aprecia una subida del 28%. Sin embargo, el quintil 4 (de 42.000 a 67.000 euros) se sitúa en una posición neutral, de modo que las rentas medias-altas se sitúan en una posición neutral y su aportación fiscal no se compensa con las prestaciones monetarias y en especie que percibe a lo largo del resto del año.

Los impuestos merman en un 29% los ingresos del quintil 1 y 2, que compensan este empobrecimiento con creces a través de las ayudas y servicios sociales. Para el quintil 3, el impacto de los tributos es del 31%, mientras que en el caso del quintil el peso de los gravámenes ronda el 36%. De nuevo, son las prestaciones monetarias y en especie las que marcan la diferencia y explican que tales segmentos sean igualmente receptores netos de la acción del sector público. En cambio, para el quintil 4, los impuestos tienen un efecto negativo del 38% y, puesto que las prestaciones obtenidas son más modestas, el resultado final es un escenario en el cual apenas se compensa lo aportado con lo recibido.

Esto nos sitúa ante una evidencia que puede resultar políticamente incorrecta, pero que viene plenamente respaldada por los datos. Y es que, teniendo en cuenta que las rentas bajas, medias-bajas y medias son receptoras netas de ayudas y servicios públicos, y asumiendo también que las rentas medias-altas se sitúan en una posición fiscal neutral y no son ni receptoras ni aportadoras netas al sistema, tal aritmética sugiere asimismo que el grueso de los programas del estado de bienestar se financian sobre las espaldas del 20% que más gana.

Ese quintil 5, en el que figuran las personas con una renta de más de 66.000 euros, se puede subdividir en diversos grupos. Así, el decil 9 (rentas de 66.000 a 92.000 euros) pierde un 38% en impuestos y gana un 29% vía prestaciones, de modo que su posición empeora un 9% tras tomar en consideración las políticas redistributivas. Si subimos al centil 91-99 (rentas de 92.000 a 202.000 euros), podemos ver que los impuestos reducen sus ingresos en un 40%, mientras que las prestaciones elevan su renta en un 17%, de modo que el saldo negativo es del -23%. Por último, en el centil 100 (es decir, el 1% que más gana, cuyos ingresos van de 202.000 euros en adelante), las ayudas y servicios públicos mejoran la renta disponible en un 8%, mientras que los impuestos la reducen en un 35%, lo que arroja un saldo negativo del -28%.

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Estos datos no deben sorprendernos. Libre Mercado ya explicó con anterioridad que, en el caso del IRPF, el 5% de más renta genera cerca del 40% de todo lo recaudado, mientras que el 40% de menos ingresos apenas realizan pagos por dicho tributo, una vez se tienen en cuenta las liquidaciones y devoluciones pertinentes.

El informe también pone de manifiesto la limitada capacidad de los impuestos como elemento redistributivo. Al célebre economista estadounidense Arthur B. Laffer le gusta decir que "la política tributaria va de recaudación, la de gasto va de redistribución, no hay que confundir una cosa con la otra".

Sin embargo, al gobierno de PSOE y Podemos le gusta vincular las subidas de determinados impuestos con la reducción de las diferencias de renta. Pues bien, Fedea apunta que, mientras que la redistribución vía gasto reduce el Índice Gini en 0,20 puntos, los impuestos directos solo hacen lo propio en 0,04 puntos. Por tanto, el gasto es cinco veces más eficiente que las subidas de impuestos a la hora de reducir la desigualdad. Esto se entiende fácilmente si tenemos en cuenta que el grueso de las diferencias de renta en nuestro país obedecen al desempleo, con una tasa de paro que duplica la media europea. Así pues, la brecha de renta no vendría de que "los ricos son cada vez más ricos", sino de que millones de personas sufren una situación laboral delicada y, o están en el paro, o están en una situación de precariedad.

En Libre Mercado

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