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El Estado Niñera: ¿qué países aprueban más limitaciones a la comida, el alcohol o el tabaco?

Un nuevo estudio analiza las restricciones aplicadas por los países de la UE al consumo de este tipo de productos.

Un nuevo estudio analiza las restricciones aplicadas por los países de la UE al consumo de este tipo de productos.
¿Qué países europeos son más restrictivos con la comida, el alcohol o el tabaco? | Pixabay/CC/bridgesward

El Índice del Estado Niñera mide la forma en que los gobiernos europeos regulan diversos hábitos de consumo de sus ciudadanos. Para ser precisos, esta publicación considera en qué medida se introducen limitaciones que frenan el acceso de los ciudadanos mayores de edad a la comida y las bebidas azucaradas, las bebidas alcohólicas o el tabaco y los cigarrillos electrónicos .

De acuerdo con el estudio, distribuido en nuestro país por la Fundación para el Avance de la Libertad, España figura en el número 26 de los 30 países incluidos en la tabla. Teniendo en cuenta que una posición más elevada supone una regulación más intervencionista, el resultado que cosecha nuestro país no es malo desde el punto de vista de la libertad de los consumidores. Llama la atención, de hecho, que España mantenga un paradigma menos intervencionista en este tipo de cuestiones, puesto que la tónica general que arroja nuestro modelo de regulación económica es de continua injerencia en el día a día de las empresas y los ciudadanos.

Cabe especular sobre los factores que hacen que la comida, el alcohol o el tabaco estén menos regulados en España. ¿Se trata, acaso, de una permisividad asociada al estilo de vida más social y festivo propio de nuestra cultura? ¿Tiene algo que ver la influencia de la actividad turística, que siempre ha atraído nuevos visitantes a base de ofrecer un marco de libertad en estas cuestiones?

Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que la menor regulación de dichas formas de consumo no es óbice para que España sea el país líder de Europa en esperanza de vida. En cambio, los países con peor resultado en el índice serían Turquía, Noruega, Lituania, Finlandia, Hungría, Estonia, Letonia, Polonia y Suecia. No hay, pues, muchas novedades en el índice, puesto que todos estos países entraban también en las diez primeras posiciones de la anterior edición, publicada en 2021. Si acaso, destaca para bien la relajación del intervencionismo en Letonia, que cae del número 4 al 8.

La zona media de la tabla incluye a Reino Unido, Eslovenia, Francia, Croacia, Países Bajos, Rumanía, Dinamarca, Grecia, Portugal y Chipre. Aquí sí hay más novedades. Por ejemplo, Dinamarca venía de ocupar el puesto 25, de modo que su regulación es ahora mucho más restrictiva. En sentido inverso, Grecia baja del puesto 11 al 18, señal de una relajación de las restricciones.

El resultado de España es mejor que el de otros países que también presentan un grado medio-bajo de intervencionismo, como son Austria, Bélgica, Malta, Bulgaria o Eslovaquia, y se sitúa a la par con la puntuación que recibe Luxemburgo. Las últimas posiciones, que representan una menor intensidad regulatoria, son para Italia, Chequia y Alemania.

Si desagregamos los datos, encontramos que España figura en el puesto 24 de la regulación ligada al tabaco y en el escalón 22 del ranking referido a los cigarrillos electrónicos. Las restricciones al alcohol nos sitúan en el número 24 de dicho subíndice, mientras que la normativa de la comida y las bebidas azucaradas figura en el décimo séptimo lugar de la clasificación.

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No hay correlación entre más intervencionismo y mejor salud

El estudio, elaborado por EPICENTER, recalca que la esperanza de vida no guarda correlación con el intervencionismo regulatorio en estos ámbitos. Por tanto, más allá de los aspectos de mínimos que probablemente nadie discutiría, no hay relación alguna entre más controles y mejores resultados en materia de salud pública.

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Por tanto, el coordinador del informe, Christopher Snowdon, subraya la importancia de respetar la libertad individual y limitar las intervenciones en materia de consumo. "No se puede tratar a los ciudadanos como niños. Muchas de las regulaciones que pretenden limitar la venta de este tipo de productos tienen efectos contraproducentes: elevan los precios y reducen el poder adquisitivo, estigmatizan a sectores de actividad que son legales y tienen demanda real, restringen la libertad de los consumidores, afectan a la producción económica, reducen la información y la publicidad de los productos, etc.", concluye el estudio.

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