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José María Rotellar

La herencia envenenada de Sánchez: dispara la deuda 445.000 millones desde que llegó

Pedro Sánchez sigue incrementando la deuda, al igual que durante todo su mandato, en febrero se situó en más de 1,6 billones de euros.

Pedro Sánchez sigue incrementando la deuda, al igual que durante todo su mandato, en febrero se situó en más de 1,6 billones de euros.
Durante el mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en más de 9.100 euros | Europa Press

Como venimos diciendo, la deuda pública no deja de crecer, y con los datos de febrero acelera su incremento. Así, la deuda pública sigue creciendo en valores absolutos, y así sucederá hasta que se elimine el déficit, cosa que no parece que se vaya a conseguir mientras no haya un gobierno dispuesto a aplicar una cirugía selectiva pero decidida sobre el ingente gasto público inasumible que tenemos. El constante aumento, que se ve como una cosa normal, sin embargo debilita la solvencia de la economía española, drena recursos, a través del pago de intereses de la deuda, para otros fines esenciales y provoca un efecto expulsión de la inversión privada. En febrero de 2024, la deuda aumentó, un mes más, tal y como podemos comprobar con los datos publicados por el Banco de España, que mantienen y aceleran la senda alcista:

En febrero, aumentó la deuda en 19.549 millones de euros, que confirma la tendencia alcista y acelerada del último quinquenio.

Así, Sánchez sigue incrementando la deuda igual que lo ha hecho durante todo su mandato.

La deuda supera por primera vez los 1,6 billones de euros y se sitúa en febrero en 1,602 billones de euros de endeudamiento, con 445.000 millones de euros de incremento desde que gobierna Sánchez (445.325 millones), según las notas iniciales de deuda de las AAPP emitidas por el Banco de España con carácter mensual.

De esta forma, la deuda sigue incrementándose en más de 200 millones de euros al día (212,06 millones) -casi 1.500 millones a la semana, 6.000 millones al mes, casi 9 millones cada hora- desde que gobierna Sánchez.

O dicho de otra manera, Sánchez incrementa la deuda cada minuto en 147.264 euros.

Es decir, mientras un ciudadano hace una pausa de quince minutos para tomarse un café por la mañana, Sánchez habría incrementado la deuda en más de 2 millones de euros.

Y durante una jornada laboral completa, en la que un ciudadano habrá estado trabajando duramente ocho horas, generando actividad económica, empleo y pagando sus impuestos, Sánchez habrá aumentado la deuda en casi 70 millones de euros.

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Fuente: elaboración propia a partir de las notas mensuales iniciales de deuda de las AAPP publicadas por el Banco de España

Este grave problema puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla si el BCE deja de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto.

Esto hay que tenerlo especialmente en cuenta ante las turbulencias financieras ocurridas hace algunos meses, que han tenido alguna repetición en Estados Unidos y que amenazan con volver a producirse: si se reprodujesen más y de forma persistente, que esperemos que no suceda, podría haber un cambio en la política del BCE que dejase más frágil el respaldo de deuda española por parte del BCE o que encareciese su financiación. De momento, se mantiene la política monetaria contractiva a ambos lados del Atlántico, cuyo giro está siendo retrasado por la persistencia de la inflación, que repunta, pese a los importantes signos de desaceleración de la economía. La persistencia de la inflación lejos del objetivo, tanto en Estados Unidos como en la zona euro han hecho que la Reserva Federal y el BCE, respectivamente, enfríen las expectativas de una bajada de tipos, con lo que los efectos de la política monetaria en la economía, en forma de un menor crecimiento y de un encarecimiento del coste de la deuda pública, se mantendrán durante más tiempo.

El incremento del gasto es un problema importante, con el déficit estructural, construido sobre un gasto desmedido, que se ha ido consolidando en el tiempo, como principal problema.

Así, sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en el sector público, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad: con una recaudación adicional de más de 30.000 millones en 2022, el déficit sólo se redujo 2 décimas sobre el objetivo, que denota el importante incremento del gasto que se está produciendo (tres décimas si empleamos la revisión del PIB, pero no es comparable con la previsión inicial, realizada con un PIB estimado menor, al no haberse revisado entonces). Además, la IGAE ha detectado un pequeño incremento del déficit posteriormente, que se come una décima. En 2023, el gasto siguió aumentando y si el déficit disminuyó se debió sólo al incremento de ingresos por aumento de la inflación, al igual que en 2022.

Este endeudamiento se agravará, con mayor crecimiento de gasto, que incrementará el gasto estructural y el déficit estructural, especialmente con las medidas electorales que tomó Sánchez ante el adelanto electoral y con las anunciadas en su debate de investidura. Deuda que aumentará con el esfuerzo presupuestario que supone la medida intervencionista de la entrada del Estado en Telefónica a través de la SEPI.

De esa manera, el déficit estructural español se habrá situado en 2023 cerca de cinco puntos porcentuales sobre el PIB, elemento que señala un grave desequilibrio de la economía española. Déficit estructural que es la gran preocupación de la Comisión Europea.

De hecho, la Comisión Europea, mantiene la previsión de crecimiento para España en 2024 por debajo de la estimada por el Gobierno, al igual que la mayor parte de instituciones, que estiman un menor crecimiento que el del cuadro macroeconómico, pese a revisarlas al alza por el efecto estadístico de arrastre del último trimestre de 2023, no por verdadero crecimiento de 2024. Asimismo, la Comisión Europea considera que España no cumplirá con el objetivo de estabilidad del 3% en 2024, al situarlo en el 3,3% del PIB, para lo cual le ha pedido un ajuste de gasto de 6.000 millones de euros adicional al del fin de las medidas antiinflación, ajuste presupuestario que también cree necesario el Banco de España. Eso se debe a que el gasto se está acelerando, de manera que se están desperdiciando los ingresos adicionales derivados de la inflación para reducir el déficit y la deuda. Así, el Gobierno ni deflacta para no subir los impuestos a los ciudadanos como consecuencia de la inflación, ni lo aprovecha para cuadrar las cuentas, ni reduce la deuda, que es una losa que se traducirá en más impuestos futuros para pagarla.

Sánchez no rectifica, pues la disminución de la deuda que algún mes se produce, no es real, sino por efecto estadístico del distinto decalaje entre amortizaciones y nueva financiación.

La tendencia, así, sigue siendo alcista -y así seguirá mientras siga habiendo déficit, pues la deuda no es más que el sumatorio de los distintos saldos presupuestarios de cada ejercicio- con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone, como también ha sucedido en 2022 y en 2023, pese al incremento extraordinario de recaudación motivado por la inflación, que ya se desacelera a pasos agigantados, situando el gran problema a partir de 2024, donde la ralentización económica será mayor y los ingresos podrán cubrir todavía peor los gastos.

La deuda con esos más de 1,6 billones de euros, supone el 103,87% del PIB español sobre el dato estimado por el Gobierno en la actualización del programa de estabilidad enviado a Bruselas.

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Sobre los datos de PIB agregados de los últimos cuatro trimestres, el porcentaje se eleva al 109,6%.

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Aunque es obvio que el efecto del denominador derivado del crecimiento del PIB mitiga el cociente, como vemos, seguirá siendo muy elevado porcentualmente y, lo que es más preocupante, creciente en valores absolutos.

Todo ello, nos lleva a que desde que gobierna Sánchez la deuda se ha incrementado en 445.325 millones de euros. Durante el primer año, aumentó en 38.688 millones, y al cabo cinco años de mandato el incremento es de 445.000 millones de euros, según las notas mensuales iniciales publicadas por el Banco de España sobre la deuda de las AAPP.

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Así, si durante el primer año creció la deuda por persona en 828,03 euros, en los más de cuatro años de mandato de Sánchez la deuda por persona ha aumentado en más de 9.100 euros (9.164 euros, más de diez veces el incremento del primer año).

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O visto de otra manera: en el primer año, la deuda se incrementaba a un ritmo de 105,99 millones de euros al día. Ahora, tras casi cinco años de Gobierno de Sánchez, la deuda crece 212,06 millones de euros cada día.

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De esa forma, seguimos con un incremento exponencial del gasto, manteniéndonos en el furgón de cola de la recuperación de la UE, pese a la revisión extraordinaria al alza que ha realizado el INE y al impulso que en 2023 le dio el gasto público al PIB, en un entorno económico complicado, de todavía elevada inflación, que, además, no cae, sino que simplemente modera su crecimiento, pero con repunte mensual en febrero, con el agravante de venir de niveles muy elevados, siendo muy preocupante la subyacente -la mayor acumulada desde hace más de treinta años-, fuertes costes energéticos -que están propagando ese incremento de precios por toda la cadena de valor-, y un optimismo imprudente por parte del Gobierno.

Es más, la mejora en las revisiones para 2024 son debidas al artificio estadístico del efecto arrastre del último trimestre de 2023, de manera que el Banco de España constata una importante desaceleración en el ITR-2024.

Los ciudadanos necesitan que el Gobierno les aligere de cargas, como, por ejemplo, la deflactación del IRPF, y la bajada de impuestos, no que los endeuden más.

Es imprescindible, por tanto, reducir el gasto ineficiente, porque es el origen del problema y vuelve insostenible el mantenimiento de la estructura económica con semejante endeudamiento, y devolver a los ciudadanos la recaudación extra que el Gobierno está consiguiendo gracias a la inflación, que asfixia a los españoles, les hace perder poder adquisitivo y les impide llegar a fin de mes y poder competir, en el caso de las empresas, en los mercados. Es decir, se necesita una política económica radicalmente distinta a la de Sánchez.

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