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La extrema izquierda alemana propone poner un límite al precio de los kebabs

Die Linke ha tenido la ocurrencia de poner un tope en el precio del kebab en 4,9 euros y que el resto lo subvencione el Estado.

Die Linke ha tenido la ocurrencia de poner un tope en el precio del kebab en 4,9 euros y que el resto lo subvencione el Estado.
Kebab en Alemania | Alamy

En Alemania hay un producto que convive en el día a día de sus ciudadanos y que es toda una delicia culinaria. Se trata del kebab. Este producto ha experimentado una desorbitada subida de su precio, lo que ha llamado la atención de ciudadanos y políticos.

Tanto es así, que el partido de extrema izquierda Die Linke ha tenido la ocurrencia de proponer establecer un tope en el precio del kebab en 4,9 euros y que el resto lo subvencione el Estado a través de unos tickets que se le pagarían a los empresarios. Esta formación política es la última encarnación del partido comunista que gobernaba Alemania del Este. La propuesta viene del lado de la facción joven del Die Linke.

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Este tipo de ideas rocambolescas y anticapitalistas no son desconocidas en España. Desde Podemos (con la cesta básica) al PSOE (con los alquileres), la izquierda ha propuesto y aprobado todo tipo de medidas que afectan a los precios. Para poder llegar a entender el daño que estas políticas hacen a la economía hay que partir por comprender el funcionamiento de la oferta y la demanda de forma básica. La ley de la oferta y la demanda nos muestra la relación que existe entre el precio y la cantidad de oferentes y demandantes. Cualquier cambio en cualquiera de las partes (oferta, demanda, precio) influirá en el resto de agentes.

La Ley de la oferta que no entiende la izquierda

¿Y qué pasa en el mercado oferente cuando suben los precios? Podemos intuir que cuando hay empresarios que tienen mayores beneficios por un producto, más empresarios quieren aprovecharse de ello, por lo que más oferentes entrarán en el mercado. Entonces nos situamos en un mercado en el que hay más oferentes de los que había antes y, suponiendo que el lado de la demanda siga igual, tenemos los mismos demandantes para más cantidad de oferta. Esto significa que a cada persona tiene más capacidad para elegir entre uno u otro, y se irá al que satisfaga mejor sus necesidades (precio, calidad, tiempo, etc), y es en ese momento donde los oferentes se dan cuenta que tienen que hacer las cosas mejor que su vecino porque si no, el que antes era su cliente porque no tenía más opciones, o la suya era su preferida, va a darse cuenta que hay otro oferente que es capaz de satisfacer mejor sus necesidades, y por lo tanto, el primer oferente se quedará sin ese cliente.

Esto implica que los oferentes empiecen a competir entre sí, buscando dar el mejor servicio al cliente. Eso quiere decir que empezarán a buscar las mejores localizaciones para aquellos clientes a los que les importe el tiempo, empezarán a hacer el mejor producto posible para aquellos a los que les importe la calidad, y empezarán a bajar los precios para aquellos a los que les importe el dinero. Y estas son las consecuencias de la competencia, pero también hay que entender cómo se comporta la demanda.

Y la de la demanda

En el caso de la demanda, en caso de subir los precios, empezarán a usar e invertir su dinero en aquellos productos y servicios que satisfacen mejor sus necesidades. Si tienen hambre tendrían que elegir entre arroz para cocinar en casa, o irse a un restaurante. Si quisieran divertirse, tendrían que elegir entre ponerse Netflix en casa o irse a la discoteca, y así con todo. Esta elección entre un oferente u otro (si son productos complementarios o competencia entre sí) producirá una caída en la demanda y por lo tanto en la cantidad de posibles clientes de los oferentes.

Esta es una explicación sencilla de cómo funciona una subida de precios en el mercado y, aunque existen más variables que analizar, se debe partir de esta base para poder entender la ley de la oferta y la demanda y qué pasaría si se pone un precio tope a los precios.

Perdería el contribuyente alemán

Eso sí, en el caso alemán, los empresarios no perderían dinero porque la diferencia del precio de mercado del kebab la pagaría el Estado. Tal es la repercusión que está teniendo el precio de este producto, que hasta el año pasado el Gobierno alemán tuvo que explicar en una infografía por qué realmente sube su precio.

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Sin embargo, si no fueran los contribuyentes alemanes los que tuvieran que sufragar la idea de los comunistas y fueran los dueños de los kebabs, un tope de los precios supondría menos incentivo de los empresarios de participar en ese mercado, e incluso algunos de los que ya estaban, se replantearían mantenerse ahí. Esto crearía una reducción de la oferta o limitación de ella, y por lo tanto, menos competencia (ya hemos explicado cómo funciona la competencia).

Esta sería una consecuencia, pero el desequilibrio trae más consecuencias, ya que la reducción o limitación de la oferta de un producto o servicio, llevaría a la demanda a satisfacer sus necesidades de otro modo, y la forma más sencilla es invirtiendo ese dinero en productos/servicios sustitutivos (Ej: No puedo tomar un kebab, me tomo una hamburguesa), por lo que la intervención también afecta a esos productos.

Cualquiera que entienda esto, la siguiente vez que escuche a un político hablar sobre controlar precios, podrá analizar de forma crítica las verdaderas consecuencias de esas decisiones y decidir si apoyar o no apoyar la medida, pero desde el conocimiento y no desde el sesgo ideológico. En definitiva, el debate sobre el control de precios del kebab en Alemania nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre las complejidades del mercado y los peligros del intervencionismo estatal en la economía.

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