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Las cuentas del 'net-zero' no salen: el consumo de carbón, gas y petróleo está en máximos históricos

Se hace muy complicado anticipar cómo vamos a alcanzar los objetivos planteados en las cumbres del clima para dentro de 25 años.

Se hace muy complicado anticipar cómo vamos a alcanzar los objetivos planteados en las cumbres del clima para dentro de 25 años.
Imagen de una refinería en Alemania, el país que más fuerte ha apostado por el cierre de sus centrales nucleares. | Cordon Press

Para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, tal como se exige en el Acuerdo de París, es necesario que las emisiones se reduzcan alrededor del 45% para 2030 y que se alcance el cero neto hacia 2050.

En la web que la ONU dedica a su iniciativa "Acción por el clima. Coalición Net Zero" son optimistas. De hecho, la imagen que encabeza la página principal recoge el lema con el que quieren animarnos: "Emisiones Netas Cero #EsPosible". Y luego siguen, "el mundo se compromete a tomar medidas":

La transición a un mundo con cero emisiones supone uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la humanidad. Nos exige, ni más ni menos, que se produzca una completa transformación del modo de producir, consumir y trasladarnos. El sector energético constituye la fuente de cerca de tres cuartos de las emisiones de gases de efecto invernadero en la actualidad y encierra la clave para evitar los peores efectos del cambio climático. La sustitución de generadores de contaminación, como la producción de energía mediante el carbón, el petróleo o el gas, por fuentes de energía renovables, como la energía solar o eólica, reducirían drásticamente las emisiones de carbono.

No queremos ser aguafiestas ni fastidiarles la semana a los expertos de la ONU. Pero los últimos datos no apuntan precisamente en la dirección que pretenden. Hace unos días, se publicaba el Statistical Review of World Energy, probablemente el mejor y más completo resumen sobre este tema de cada año. Las conclusiones principales puede que sorprendan a muchos europeos, acostumbrados a escuchar contundentes eslóganes sobre la descarbonización o la transición energética.

1- La producción y el consumo de petróleo, gas natural y carbón están en máximos históricos.

Sí, como nos recuerda @velardedaoiz2, las tres fuentes de energía más odiadas de nuestra era siguen tirando a toda máquina. No es que su consumo caiga un poco... es que no cae.

Por supuesto, no sólo se incrementa el consumo de estas materias primas, sino las emisiones asociadas a las mismas: el pasado año, por primera vez, se superaron los 40.000 millones de toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera. Los autores del informe lo dejan claro desde el inicio:

El consumo de energía a nivel global alcanzó un nuevo récord por segundo año consecutivo; son los países NO-OCDE los que tienen un mayor impacto tanto en el porcentaje de nueva energía consumida como en las tasas de crecimiento anuales. Los combustibles fósiles continúan apuntalando su desarrollo y suponen más del 84% de su mix energético.

Aquí entraría el debate sobre si esto es bueno, malo o regular. Si debemos preocuparnos o si no hay motivo para la alarma. Pero eso es otra cuestión. Lo relevante, viendo estos datos, es que lo hecho hasta ahora (las grandes cumbres del clima, los acuerdos políticos, las palabras de nuestros líderes) no está funcionando. Se hace muy complicado anticipar cómo vamos a alcanzar un net-zero dentro de 25 años, cuando la tendencia no sólo no es decreciente, sino que cada día alcanza nuevos máximos.

2- El estadounidense promedio consume ¡¡20 veces!! más energía que el africano promedio

De todas las tablas del documento, quizás la más significativa sea la de la página 17. En ella se muestra el consumo en términos per cápita en diferentes países. Pues bien, en EEUU, el consumo de energía por habitante es de 277 gigajulios (GJ) al año. Y hay países que tienen una cifra todavía más elevada: Canadá (360 GJ), Noruega (363 GJ), Qatar (816 GJ)...

La media en Europa es algo menos de la mitad que en EEUU (115 GJ), con bastantes diferencias entre los países del norte (los nórdicos suelen situarse por encima de los 200 GJ) y los del este y el sur (en los que, o por falta de desarrollo-industria o por un clima más benigno, el consumo es menor). En España, el consumo fue de 119 GJ por habitante, algo menor que en 2013 (cuando era de 122 GJ), aunque el consumo total es casi el mismo que hace una década por el incremento de población.

Pero lo más relevante es lo que nos dice esa tabla sobre los países en vías de desarrollo: en Sudamérica, por ejemplo, el consumo por habitante está en 58 GJ al año (una quinta parte de la cifra de EEUU). En la zona de Asia-Pacífico, la media es de 67 GJ por habitante (a pesar de que aquí hay países con elevados consumos, como Corea, Australia o Singapur). Y si miramos a África, el contraste es todavía mayor: 14 GJ al año, ¡¡20 veces menos que en la primera economía del mundo!!

Y la pregunta es: ¿de verdad nos creemos que en todas estas regiones van a dejar de consumir energía de forma creciente en los próximos años?

3 - El carbón también está en máximos y más de la mitad se consume en China

Es cierto que en el apartado anterior estamos hablando sólo de consumo de energía en términos absolutos, sin diferenciar por las fuentes de producción de la misma. Podría ocurrir que un país que consuma mucha energía también esté entre los menos contaminantes, si casi todo lo que consume proviene de fuentes renovables. En Europa, por ejemplo, nos dicen que éste es el objetivo: no tanto dejar de usar la energía, como hacerlo de forma más verde.

El problema es que a nivel global esta narrativa no se sostiene. El carbón (sí, esa materia prima que viendo nuestros telediarios parece un recuerdo lejano de la Revolución Industrial) alcanzó el año pasado su récord de consumo. Más del 56% del total corresponde a China. Y otro dato llamativo: sólo el consumo en India ya supera al de Europa y América del Norte combinados.

Esto es importante porque: (i) nos dice que los esfuerzos que estamos realizando los países ricos apenas tienen un impacto mínimo en las emisiones globales. Recordemos que, en todo este asunto, lo importante es la cifra total, no la de tal o cual región.

Y (ii) las regiones en las que más está creciendo el uso de la energía son las menos verdes. En Europa y EEUU estamos viendo un proceso de desindustrialización acelerado. En ocasiones, forzado por la legislación. Más allá del debate sobre si está justificado o no, la pregunta sería: ¿tiene sentido en términos de emisiones? Porque si cierras una planta de coches de combustión en España y te la llevas a China, donde son líderes en automóviles eléctricos, ¿has reducido las emisiones en términos netos? Probablemente, no.

Algo parecido ocurre en África. Es una ilusión pensar que los habitantes de los países subsaharianos que, como hemos visto, consumen 10-15-20 veces menos energía que los de los países ricos van a renunciar a incrementar esa cifra de GJ per cápita. Y es una ilusión todavía más grande pensar que pueden pasar de los 14 GJ de la actualidad a los 100 de Europa sólo con energías verdes. Eso no va a ocurrir, al menos por el momento.

4 – El 60% de la electricidad del mundo se genera con combustibles fósiles

La electrificación es una tendencia. Pero no toda electrificación tiene por qué ser verde. En 2023, el 35% de la electricidad a nivel mundial se generaba con carbón, el 22,5% con gas y algo más del 2% con petróleo. Enfrente, la nuclear suma el 9,1% y las renovables el 16%; el resto queda para la hidroeléctrica y otras.

Por supuesto, en los países más pobres, pero que son los que más crecen y en los que el uso de la energía cada vez es más importante, el peso del carbón en el mix eléctrico es muy superior al de los países ricos.

Otro aspecto importante es que la nuclear no termina de despegar. De hecho, en el año hubo una caída total de la capacidad instalada, aunque la producción creció un 2%. Quizás esta fuente de energía sea la que tiene un futuro más incierto. En algunos países, como Alemania, directamente ni se cuenta con las nucleares. En otros están apostando fuerte por los reactores. Probablemente, con la tecnología disponible en la actualidad, sería la mejor opción para descarbonizar muchos sistemas eléctricos. También es cierto que no es ni fácil ni rápido construir una central y ponerla en funcionamiento.

En cuanto a las renovables, siguen su tendencia ascendente, pero ni mucho menos podemos pensar que van a sustituir al resto en unos años. Ahora mismo suponen algo más del 8% de la energía consumida en todo el mundo. Es mucho más que hace un par de décadas pero sigue siendo un porcentaje muy bajo (recordemos, el objetivo es net-zero en 25 años) y su crecimiento ni siquiera alcanza para cubrir las nuevas necesidades de energía (por eso, el consumo de carbón, petróleo y gas está en máximos).

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