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El socialdemócrata Scholz hunde el crecimiento de Alemania

Rainer Zitelmann desgrana en LD los motivos del declive económico de una potencia cada vez más mermada.

Rainer Zitelmann desgrana en LD los motivos del declive económico de una potencia cada vez más mermada.
Olaf Scholz junto a Pedro Sánchez en la Eurocopa. | EFE

La economía alemana continúa perdiendo fuelle. El gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz ha sumido a la principal potencia industrial del Viejo Continente en una situación de estancamiento que cada vez preocupa más a los inversores internacionales, que miran con sorpresa y decepción el desempeño del país teutón. Libre Mercado ha hablado con Rainer Zitelmann, colaborador habitual de este diario, para conocer sus opiniones sobre esta deriva.

"En una entrevista de marzo de 2023, el canciller alemán Olaf Scholz prometió al país un crecimiento económico similar al milagro económico de la posguerra. Dijo que, gracias a su plan de inversiones climáticas, Alemania logrará tasas de crecimiento que no hemos visto desde los años 50 y 60, cuando Alemania crecía al 8 por ciento. De hecho, reiteró su convicción y certeza sobre la precisión de este pronóstico durante una sesión parlamentaria celebrada el pasado 3 de julio de 2024. Sin embargo, ¡la realidad es exactamente la opuesta!", explica el autor de Libertad financiera (Deusto, 2024).

En opinión de Zitelmann, "Alemania es ahora el enfermo de Europa… Según la OCDE, el crecimiento global alcanzará el 3,1 por ciento este 2024, pero mi país quedará rezagado y apenas elevará su producción un mísero 0,2 por ciento, lo que supone el dato más bajo de todos los países de la OCDE. Además, el número de quiebras empresariales en Alemania es hoy el más alto de los diez últimos años".

Autor de casi 30 libros publicados en más de 20 países, el experto recuerda que, "bajo el liderazgo del socialdemócrata Gerhard Schröder, se implementaron reformas significativas que ampliaron el recorrido de la economía de mercado. Se liberalizó el mercado laboral y el tramo superior del IRPF pasó del 53 al 42 por ciento. Su sucesora Angela Merkel se benefició de las reformas de Schröder, que sentaron las bases para dos décadas de expansión".

"Sin embargo, durante los 16 años de gestión de Merkel apenas se implementaron reformas. De hecho, la industria energética alemana se ha transformado en una suerte de economía planificada, bajo el lema de la "lucha contra el cambio climático". Alemania ha decidido cerrar todas sus plantas nucleares. Además, hemos prohibido el fracking pero nos dedicamos a importar gas natural licuado (GNL) producido mediante fracking en Estados Unidos", recalca.

Además, "Merkel hizo que Alemania dependiera del gas ruso, a pesar de las advertencias reiteradas de Estados Unidos y de países vecinos como Polonia. Los precios de la electricidad en Alemania han subido drásticamente y la guerra de Putin contra Ucrania solamente ha empeorado la situación. La "transición energética" o "ecológica" costará a Alemania un total de 1.2 billones (¡con b!) de euros en 2035. Una consecuencia directa de esto es que producir en Alemania se ha vuelto demasiado caro, especialmente para aquellas empresas que dependen, en gran medida, de la electricidad. BASF, la compañía química más grande del mundo, prefiere producir en China que aquí, porque allí no paga un recibo de la luz tan disparatado y, además, la burocracia es menor que en suelo germano".

Zitelmann cree que el estancamiento económico de Alemania "va a empeorar aún más tras la decisión de la Unión Europea de prohibir la venta de coches con motor de combustión a partir de 2035. Nunca en la historia hubo un ejemplo de un país dispuesto a prohibir voluntariamente su producto estrella, su logro industrial más exitoso, por el cual Alemania es admirada en todo el mundo. Sin duda, los competidores estadounidenses, surcoreanos o chinos estarán muy contentos con esta decisión absurda".

Subsidios, incentivos perversos e inmigración

Alemania también tiene problemas demográficos "que están llevando a una grave escasez de mano de obra cualificada. Este reto no solo hace muy difícil encontrar trabajadores cualificados, sino que también complica el poder encontrar personas para trabajos más simples. A pesar de que hemos tenido tasas muy altas de inmigración, los problemas demográficos persisten, debido a la expansión del Estado de Bbienestar. A principios de 2023, el gobierno introdujo el Bürgergeld (algo así como el "beneficio de los ciudadanos"), que funciona como una renta básica incondicional. Con el Estado dedicado a entregar pagas de todo tipo, a subsidiar el alquiler y también a repartir muchas otras ayudas, los pagos de las transferencias de dinero público entregadas a una familia promedio, de dos hijos, que vive en una ciudad alemana, por ejemplo Múnich, pueden llegar a los 3.400 euros al mes". Para colmo, esto ha aumentado la economía sumergida, puesto que los trabajadores prefieren cobrar las ayudas "en A" y seguir trabajando "en B", un fenómeno que ya moviliza 481.000 millones de euros anuales.

Nuestro entrevistado recalca la siguiente paradoja: "en teoría hay 2,7 millones de desempleados en Alemania, pero para las empresas se está volviendo extremadamente difícil encontrar empleados. Muchos restaurantes, por ejemplo, ya no pueden encontrar suficientes trabajadores. Ahora, para muchas personas, vivir de la asistencia social es más atractivo que trabajar en empleos que pagan salarios más bajos. Por supuesto, esto también aplica a los inmigrantes. La mayoría de los nuevos residentes llegados del extranjero tienen una cualificación muy baja. Entre los sirios, por ejemplo, solamente un 18 por ciento tiene algún tipo de capacitación laboral. En algunos territorios del país, como el länder de Hesse, donde yo nací, el 76 por ciento de la población inmigrante siria vive de ayudas públicas".

En cambio, "la mayoría de los emigrantes que dejan Alemania poseen títulos universitarios", explica Zitelmann, lamentando esta "fuga de cerebros". Tres de cada cuatro personas que dejan el país corresponden a este perfil. A ello hay que sumarle la salida de capitales, ya por valor de 120.000 millones.

Resumiendo, "Alemania tiene muchos problemas. A todo lo anterior se suma la burocracia, que es aún peor que en la mayoría de las naciones europeos. Los permisos de construcción pueden tardar años, a veces más de una década… Olaf Scholz tiene menos popularidad que cualquier canciller anterior. Los Verdes, que todavía tenían mucho respaldo social hace algunos años, resultan cada vez más impopulares. Pero, independientemente, del resultado que arrojen las elecciones del próximo año, hay pocas esperanzas de que se implementen las reformas que Alemania necesita con tanta urgencia".

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