Crisis

La economía real

La dicotomía entre economía real y economía financiera está siempre sobre el tapete, sobre todo viene estándolo de forma muy acusada en el último cuarto de siglo. Tan así que, si uno se deja llevar por las noticias económicas, o si escucha a los políticos ante una situación de crisis gravísima, se diría que la economía real es inexistente y que sólo importa la economía financiera, la cual sólo depende de eso que llamamos "los mercados".

Ya en condiciones económicas ordinarias, es decir, un par de lustros atrás, cualquier ciudadano medianamente informado era plenamente consciente de lo ocurrido cada día con el IBEX, con el NASDAQ o con el DOW JONES, sin embargo no tenía la mínima idea de cómo había sido la cosecha de trigo, o la producción de calzado o el producto aportado por el sector turístico.

Atraídos por la economía financiera, la población española, y con mayor responsabilidad la clase política, viven actualmente pendientes de la prima de riesgo, de si la sesión comienza con números rojos, o si se produce el esperado efecto rebote; tan así, que todos se satisfacen cuando se coloca la deuda (cualquiera que sea el tipo de interés) sin considerar que la deuda es el resultado financiero de una economía real que no funciona.

Sólo algunos dimos la voz de alarma en 2007, cuando el déficit del sector exterior (balanza por cuenta corriente) llegaba a ser el mayor de los países de la OCDE, con un diez por ciento de nuestro Producto Interior Bruto, lo que ponía de manifiesto la incapacidad de nuestra economía (de la real) para competir con las economías de nuestro entorno. Esto no parecía preocupar a los que tenían que tomar decisiones, porque si no éramos capaces de exportar, sí lo éramos en endeudarnos con el exterior para financiar nuestra incapacidad.

Hoy, nuestra economía real, sigue desconectada del mundo al que pertenece; el mundo de las materias primas, de las horas de trabajo, de las inversiones en equipo capital, etc. Nuestra economía real es la de las manifestaciones, la de las reivindicaciones, la de quienes se oponen a relacionar salarios con productividad, la de los liberados sindicales (costes productivos sin aportación a la producción), la de las huelgas.

¿Qué razones para las huelgas anunciadas por los pilotos del SEPLA? ¿Será por salarios bajos? ¿Por la creación de la low cost? ¿Será por el argumento cazurro de la españolidad de la compañía? Con menos huelgas, menos salarios y más productividad, la situación habría sido diferente. Además, ¿no importa que la profesión de los huelguistas se haya financiado por los españoles? Un elevado porcentaje de los del SEPLA se formaron en el Ejército del Aire.

Mientras las necesidades crecen, por aquello de que tenemos derecho a más, las posibilidades económicas disminuyen, ahondando el proceso de quiebra de la Nación. Pero nosotros seguiremos mirando a la prima de riesgo o al IBEX, huyendo de los problemas de la economía real.

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