El decano

Errores que provocan conflictos

Prácticamente desde Jovellanos y sus investigaciones sobre los carbones asturianos, y de modo definitivo a partir del "Memorandum sobre la política del carbón" de Perpiñá Grau, se sabe que el carbón español de todas las cuencas es más caro, incluso mucho más caro, que el importado. El único motivo de su extracción era el de buscar la independencia energética dentro del conjunto del nacionalismo económico, y simultáneamente, de nuestra independencia frente a los conflictos europeos de tipo bélico.

Todo eso desapareció tras la II Guerra Mundial, y la labor de tres hombres de Estado importantes –Schuman, Adenauer y de Gasperi– motivó que se hubiese esfumado, y definitivamente eso sucedió tras el fin de la Guerra Fría al derrumbarse el Muro de Berlín en 1989. El comercio internacional se amplió, y a partir de Maastricht, dentro de la Unión Europea se eliminaron las barreras comerciales, mientras la Organización Mundial del Comercio impulsaba la liquidación de trabas en el tráfico internacional.

Automáticamente, España se ve obligada a mantener una alta competitividad, con objeto de no sufrir importantes choques negativos. Por otro lado, el grado de intensidad energética de nuestro país –medido por la energía precisa para impulsar en una unidad el Producto Interior Bruto– supera a cualquier otro de la OCDE. Sin energía barata, esa precisa competitividad se desploma. El que algunos productos energéticos –los hidrocarburos– hayan subido enormemente de precio en los mercados internacionales a partir del famoso "choque petrolífero" de los años 70, exige buscar alternativas más baratas. Una, es la nuclear, abandonada por España a partir del Gobierno de Felipe González y el famoso parón nuclear. Otra, es la hidroelectricidad, pero las posibilidades que aun quedan en España, no ofrecen grandes posibilidades. Las llamadas energías renovables tienen ventajas e inconvenientes, pero algunas ganan con facilidad al carbón.

Éste, además, es una materia prima para las actividades siderometalúrgicas, y en los puertos españoles, los carbones exteriores, sean polacos o colombianos, resultan mucho más baratos que los nacionales, aparte de la presión europea sobre los subvencionados. Todo esto es así, y de pronto, en La Nueva España de 16 de julio de 2012, se publica una carta titulada "Del carbón asturiano y el petróleo canario", firmada por Javier Canteli, donde se lee que existe un "debate sobre el carbón y su supervivencia en los mercados –nacional e internacional– como energía vegetal, barata, segura y ecológica. Si partimos de este principio, el carbón asturiano es más que defendible y debe ser asistido para tener una razonable continuidad". Esa consideración del carbón como una mercancía ventajosa en todo el mundo, por desgracia, y por causas geológicas, no es cierto en España. Pero si se defiende, de inmediato surge la tesis de que merece la pena, a efectos de competitividad, nuestro carbón. Y si no se le ayuda, la reacción es de protesta. Todo un conjunto de planteamientos erróneos, por desdicha para nuestra economía. Existen márgenes de ayuda, pero éstos no son tan grandes como mineros y dueños de minas pretenden. 

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