Tontería económica

Sampedro y el capitalismo

Agradezco a los seguidores de mi cuenta en Twitter (@rodriguezbraun) que me facilitaron unas declaraciones del famoso escritor y economista José Luis Sampedro, encabezadas con este diagnóstico: "El sistema capitalista se acaba".

Lo primero que llama la atención es que el gran pensador no diga nada sobre el sistema socialista. Casi un siglo tiene de existencia, y más o menos unos cien millones de trabajadores muertos por sus políticas antiliberales, empobrecedoras en lo económico y criminales en lo político. Y este paradigma del progresismo, que habla del "sufrimiento de los trabajadores", no pierde ni un segundo en comentar algo sobre la (mala) suerte de los trabajadores allí donde prevalecieron los enemigos del capitalismo.

También asombra Sampedro porque asegura que el final del capitalismo significará en fin de "la etapa del dinero" que comenzó, nos asegura, en el siglo XV, y que todo irá a mejor gracias a las innovaciones tecnológicas.

La tecnología es sin duda importante para los cambios sociales, pero no se entiende bien por qué es una amenaza para el capitalismo en concreto. Por ejemplo, no es en Estados Unidos donde las autoridades prohíben internet, sino en Cuba y en China. Esperamos ansiosos algún comentario iluminador de Sampedro al respecto.

El odio al dinero es típico de los enemigos de la libertad, pero ¿por qué se le ocurrió al icono progresista la fecha del siglo XV? ¿Es que antes los seres humanos despreciaban el dinero? No es, desde luego, lo que pensó el autor sagrado al hablar del becerro de oro, ni lo que pensó Virgilio al despotricar contra la auri sacra fames. Quizá la explicación estribe en que no es la codicia lo que desea condenar Sampedro sino específicamente el capitalismo, difícil de remontar hasta los tiempos de La Eneida.

Tras los tópicos habituales sobre el dinero para la banca pero no para la sanidad, como si la banca no fuera ejemplo de intervencionismo, y como si el gasto público realmente hubiera caído de modo apreciable, José Luis Sampedro terminó melodramáticamente: "España no está para melodramas". Su propio copioso y perdurable éxito demuestra que esto está lejos de ser verdad.

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