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Dan Mitchell: "España debería imitar a Estonia y reducir drásticamente el gasto"

Mitchell, prestigioso economista estadounidense, afirma a Libre Mercado que la austeridad duele al principio, pero "cura".

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Dan Mitchell | Archivo

Daniel Dan Mitchell es uno de los economistas estadounidenses más populares de los últimos años. Colaborador del Instituto Cato, ha centrado su trabajo académico en la mejora de las políticas tributarias, proponiendo alternativas liberales a los agotados modelos fiscales de Europa y Estados Unidos.

Libre Mercado se ha sentado a hablar en exclusiva con Mitchell. El resultado es la siguiente entrevista, en la que se analiza la actualidad europea y se ofrecen soluciones a la esclerosis económica que afecta al Viejo Continente.

Pregunta (P): Usted es un economista de enorme prestigio que trabaja, además, en el seno de un think tank de altísima relevancia, el Instituto Cato. ¿Qué valoración hace de la situación económica europea desde el otro lado del Atlántico?

Respuesta (R): Hemos contado con numerosos analistas europeos en Washington y, en todos los casos, la conclusión a la que hemos llegado es que el Estado es demasiado grande en la mayoría de países de la UE, incluso podríamos decir que en todos. Teniendo en cuenta la evolución demográfica del continente, con la natalidad a la baja y la esperanza de vida al alza, es evidente que el Estado del Bienestar es insostenible.

La lección que sacamos en Estados Unidos es que podemos acabar en la misma posición. Entendemos que vamos a enfrentarnos al mismo tipo de problemas que Europa porque el ritmo de crecimiento del gasto público sobrepasa el ritmo de crecimiento del sector privado. Tardaremos años en llegar a ese punto, yo estimaría que unos quince, pero no puedo predecir esa fecha con exactitud... ¡Si pudiese, sería un millonario de Wall Street!

P: En algunos de sus trabajos sobre la economía europea ha subrayado que los países escandinavos se equivocan manteniendo niveles altos de fiscalidad y gasto público. Sin embargo, afirma que sí son un buen ejemplo de libertad económica en otros parámetros que muchos observadores ignoran... ¿Qué le diría a esas personas que aún explican el "modelo nórdico" como un éxito del intervencionismo?

R: El índice de libertad económica en el mundo, publicado por el Instituto Fraser de Canadá incluye cinco grandes categorías de análisis. Una es la política fiscal, pero el estudio también engloba la política monetaria, la seguridad jurídica de los derechos de propiedad, la apertura comercial y la regulación económica. En los países del Norte de Europa vemos un mal resultado en el primero de esos cinco parámetros, con demasiado gasto y demasiados impuestos. Sin embargo, la cosa mejora si analizamos las demás categorías mencionadas.

Estos resultados coinciden en gran medida con los del índice de libertad económica que publican cada año el Wall Street Journal y la Fundación Heritage. Igualmente, el Foro Económico Mundial refleja conclusiones similares en su Informe Global de Competitividad.

La conclusión es que estos países han cometido un error dejando que el Estado crezca demasiado, pero lo han compensado en parte con un enfoque abierto al laissez faire en otras áreas. Por hacer una analogía: probablemente, no es muy sano que nos tomemos una gran bola de helado, pero si lo compensamos después haciendo ejercicio, supongo que nos lo podemos permitir. El problema es que los países del Sur de Europa se toman la gran bola de helado... ¡y después otra, y después una tarta!

P: ¿Podría darnos algún ejemplo de esas políticas liberales que han adoptado los países escandinavos en los últimos años?

R: Tomemos el caso de Suecia, por ejemplo. En el sistema de pensiones, han aprobado una reforma parcial que, por un lado, ata los beneficios del sistema a la evolución económica del país, habilitando un mecanismo de estabilización, y por otro, introduce un componente de capitalización que permite que el trabajador ahorre e invierta parte de su sueldo de cara a su jubilación.

P: En Europa se habla cada vez más de la necesidad de "armonizar impuestos". Usted, sin embargo, defiende todo lo contrario: pide competencia tributaria entre los países miembros.

R: La Comisión Europea y la OCDE se esfuerzan por eliminar las diferencias fiscales entre países porque son burocracias controladas por países de impuestos altos. Todas las iniciativas que promueven estos organismos buscan consolidar ese modelo.

Sin embargo, creo que la libertad de cambiarnos de país y beneficiarnos de impuestos más bajos es algo muy importante. Actuar contra esto es actuar contra los mismos principios de la Unión Europea, que históricamente se había jactado de promover las "cuatro libertades" fundamentales (bienes, capitales, servicios y personas) en el seno de su mercado común.

P: Una de las principales alternativas que propone a los modelos tributarios europeos es el "flat tax", el sistema de impuestos de tipo único. ¿Podría explicar esta propuesta a un español de a pie que, probablemente, desconoce en qué consistiría esta reforma?

R: Lo primero que tendríamos que aclarar es que un "flat tax" o impuesto de tipo único está diseñado para que la recaudación tributaria sea más simple y afecte menos a la economía del país. Consiste en eliminar numerosas figuras fiscales (evitando la doble tributación que suponen figuras como el impuesto sobre patrimonio, el impuesto de sucesiones o el impuesto de capitales) y aplicar un único impuesto, con un único tipo de nivel bajo que se aplica de forma generalizada y no alberga deducciones ni favores especiales.

Hay más de 30 países que han aplicado con éxito el "flat tax", entre ellos Hong Kong y Estonia. Me gustaba también la aplicación que había hecho Eslovaquia del impuesto de tipo único, pero me temo que el nuevo Gobierno podría cometer la locura de acabar con el sistema.

Existen otras propuestas alternativas, como el llamado "fair tax". Dicho modelo cambiaría todos los impuestos federales de EEUU por un IVA nacional. Lo que me preocupa, eso sí, es que los políticos usen este tipo de propuestas para crear nuevas formas de recaudación sin eliminar las antiguas. Desde el Instituto Cato reivindicamos un Estado mucho más pequeño y limitado, de acuerdo con lo que en su día defendieron nuestros Padres Fundadores.

P: Ha mencionado a Estonia, país que recientemente fue ridiculizado por Paul Krugman como un ejemplo desesperado de sus críticos liberales. ¿Por qué se equivoca el de Princeton y por qué Estonia sí es un buen ejemplo?

R: La recesión empezó en Estonia en años de expansión del gasto público. En la fase del "boom" económico de la última década, el Estado llegó a consumir un 40% del PIB en sus presupuestos.

Krugman se equivoca porque no analiza hasta qué punto Estonia rebajó el gasto público de forma drástica en 2009 y 2010. No hablamos de recortes que en realidad significan aumentar menos de lo previsto los presupuestos, sino de profundos ajustes al gasto público total. Esa austeridad genuina no es fácil, pero pensemos en ello como si nos quitásemos una tirita: duele cuando la retiramos, pero su aplicación nos ha servido para curarnos.

Aunque Krugman lo critique, a Estonia le va hoy mucho mejor que a países como Francia o España, donde las subidas de impuestos han sido la norma. España debería emular a Estonia y dejar de aumentar el gasto como receta contra la crisis. La lección de esta crisis es que hay que asegurarse de que el crecimiento del gasto público vaya por debajo del crecimiento del sector privado.

P: ¿Qué me dice de los llamados "paraísos fiscales", culpados por muchos de la actual crisis económica? A usted le gusta defender este tipo de jurisdicciones y afirmar que son beneficiosas para todos, no solo para las grandes fortunas. ¿Por qué a un español de a pie le debería importar la independencia de estos países a la hora de tener impuestos bajos?

R: Personalmente, que algo sea calificado de "paraíso" ya me suena de entrada muy bien. Prefiero estar en un "paraíso fiscal" antes que en un "infierno fiscal" como Francia o España. Lo bueno de estas jurisdicciones es que evitan que los políticos de otros países suban los impuestos tanto como lo harían sin este tipo de competencia tributaria.

Desde los 80, las rebajas de impuestos de Thatcher y Reagan crearon un efecto arrastre en todo el mundo. Eso benefició a los ricos, a las clases medias, a las personas humildes... Y eso hay que defenderlo en los países que pretenden volver a los impuestos de los años 60 y 70. Hay que frenar a ese "cártel tributario" que son los países que tanto se quejan de los "paraísos fiscales".

En Libre Mercado

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