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Anthony de Jasay: "El igualitarismo es la nueva religión de Europa"

El filósofo liberal carga contra el proceso de "redistribución de la riqueza" que impera en el Viejo Continente.

DIEGO SÁNCHEZ DE LA CRUZ
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Anthony de Jasay, filósofo y economista | Fundación Rafael del Pino

La Fundación Rafael del Pino organizó el pasado lunes una conferencia magistral titulada Del Estado cristiano al Estado secular… y su religión. El ponente era un invitado de lujo: Anthony de Jasay. Considerado por muchos el filósofo liberal vivo más importante del mundo, este húngaro nacido en 1925 y residente en Francia ha escrito con brillantez desde hace décadas en defensa de la economía de mercado. De Jasay se ha reunido con Libre Mercado para hablar de la situación económica de Europa y del reto que supone lo que él llama el "culto al igualitarismo".

Pregunta: Usted ha explicado en varias ocasiones que el culto al igualitarismo se ha convertido en la nueva Religión de los Estados europeos.

Respuesta: Es que se ha producido una sustitución del cristianismo por el igualitarismo. Antaño, el cristianismo era una Religión de Estado en Europa. Desde el siglo XVIII, esta relación empezó a decaer, lo que acabó separando formalmente el Estado y la Religión. Gradualmente, eso sí, el igualitarismo se ha convertido en la nueva religión de Estado europea.

En el siglo XXI, el poder depende de los votos. Si miramos atrás en la Historia vemos que esto no era así, que el poder se heredaba y permanecía concentrado en unas pocas dinastías. Ahora vivimos el extremo opuesto, los votantes tienen el poder absoluto. Por eso, cualquier persona que quiere obtener y retener el poder tiene que tener en cuenta esa lógica. Conscientes de eso, los políticos promueven el igualitarismo, pues les resulta muy útil a la hora de triunfar electoralmente.

Esto explicaría el continuo juego de la "redistribución de la riqueza" que domina el debate político europeo.

La premisa descansa en quitar dinero a una minoría para repartirlo entre una mayoría, comprando así los votos de los segundos. Así, la propia lógica del poder democrático parece invitar a la redistribución, al igualitarismo… Pero claro, nadie va a tener éxito si dice que hace esto para mantener el poder, y es aquí donde esta doctrina se convierte en una nueva Religión, que justifica el igualitarismo por causas morales. Ese matrimonio entre igualitarismo y democracia es tan natural que resulta casi perfecto. Si no existiese, tendría que ser inventado.

Un proceso de "redistribución de la riqueza" puede tener un resultado aparentemente positivo durante unos meses, pero cuando se extiende de forma permanente y se convierte en un patrón recurrente de actuación, entonces el resultado es catastrófico. Además, avanzar hacia un igualitarismo salarial implica recuperar muchos mecanismos dignos de la Unión Soviética, ya que al fin y al cabo estamos hablando de controlar y de definir el rumbo de todos los aspectos de la economía.

Muchas de las políticas económicas que critica son a menudo justificadas por la necesidad de aumentar la seguridad de los trabajadores. Es el caso del salario mínimo, la indemnización por despido o de la negociación colectiva. ¿Se opone usted a esto?

Para hablar sobre la "seguridad" de los trabajadores, tomemos el caso actual de Francia. Está en vigor un Código de Trabajo que tiene más 3.000 páginas y que crece a un ritmo de 300 nuevas páginas cada año. Se añaden nuevos artículos continuamente, siempre bajo la premisa de que esto aumenta la seguridad de los trabajadores.

Pensemos por un momento en el empleador. En la economía, todo lo importante se mueve en el margen, y es en el margen donde el empresario tiene que ponderar con mucho cuidado si aumenta o no su plantilla. Si contrata a un trabajador que luego no constituye un elemento productivo como se esperaba, lo lógico es rescindir ese contrato, pero en Francia y en muchos otros países de Europa este paso tan evidente resulta muy complejo, lento y costoso.

¿Quiere decir con eso que replegando esas disposiciones el trabajador saldrá beneficiado?

Así, en Francia hacen falta hasta dos años para que un proceso burocrático y judicial decida si es justo o no mantener en la plantilla a ese trabajador. Durante todo ese tiempo, el empleador tiene que seguir contando con alguien que no aporta nada bueno a su empresa. Peor aún, el proceso no tiene por qué acabar bien. Después de todos los trámites, hay una posibilidad de éxito de alrededor del 50%.

El coste absoluto de ese lamentable proceso de despido asciende a decenas de miles de euros. Y como despedir es tan caro, contratar también resulta más caro. Es así como, al final, dando más "seguridad" a los trabajadores, lo que se consigue es que quienes caen en el desempleo permanezcan en el desempleo. Y claro, cualquier político o analista que proponga un cambio se lleva una patada en el trasero, por ser un "sucio capitalista"…. (Ríe).

Hablando de Francia, se habla mucho de la decadencia económica del país galo. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Yo sí considero que Francia está en decadencia, pero se trata de un país intrínsecamente fuerte y repleto de mucha gente con talento, lo que retrasa y ralentiza el proceso. La Administración, por ejemplo, es demasiado grande pero no es tan ineficiente como la de países como India. Puestos a elegir, es menos malo tener una gran burocracia que no es tan ineficiente que tener una gran burocracia que, además, es enormemente ineficiente. Por otro lado, la disciplina económica del pasado y la ausencia de corrupción también ayudan a que Francia no experimente una decadencia tan acelerada y profunda.

Habla usted de instituciones y de corrupción. En España se están aprobando leyes de transparencia, pero sus artículos apuntan que la mejor manera de atajar este problema es reducir los ámbitos socioeconómicos que entran dentro del ámbito de regulación de las Administraciones.

En una transacción de mercado, el productor vende al consumidor y no hay mucho espacio para la corrupción. Puede ser que el producto que se vende esté en mal estado o que el consumidor no esté bien informado, pero esto no es sostenible a largo plazo, pues la mala reputación destroza el mercado del productor corrupto.

Cuando las decisiones económicas pasan a tener un intermediario que decide lo que debe hacerse y lo que no, entonces se multiplican enormemente las posibilidades de que el proceso deje de ser transparente y claro. Un sistema lleno de intermediación burocrática brinda muchas más formas de corrupción. La diferencia está en el grado: la corrupción podrá ser un problema en España ¡pero aún peor es el caso de Rusia!

Por último, ¿qué le parece el desempeño económico de otras regiones del mundo en los últimos años? En poco tiempo, África, América Latina y Asia se han convertido en las locomotoras del crecimiento económico.

Esto es muy positivo porque así la gente tiene la oportunidad de comparar. Si pensamos en Perú, encontramos que con un sistema razonablemente favorable al capitalismo se han conseguido importantes avances. Si pensamos en Bolivia o Ecuador, dos países fronterizos, encontramos resultados mucho peores debido a las idioteces económicas de dichos gobiernos.

Cuando yo era joven, en los años 50 y 60, buena parte de la doctrina económica que llegaba de América Latina era desastrosa. Lo que reinaba entonces era el control de precios, el proteccionismo, el subsidio generalizado… Aquella basura intelectual tenía muy buena recepción en la región, pero hoy ya es marginal, ya que el paso del tiempo ha demostrado la superioridad de las políticas de libertad económica. Quedan las excepciones que hemos comentado, unidas por supuesto a Argentina o Venezuela, pero en general la región ha mejorado mucho, aprendiendo las lecciones de Chile y mejorando su situación económica.

En Libre Mercado

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