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Diez claves políticamente incorrectas sobre la desigualdad

España empeora su posición en los índices que miden el desequilibrio en los ingresos y el patrimonio. ¿Qué significan y qué explican estas ratios?

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"España es el segundo país más desigual de la Unión Europea tras Letonia". "España es el país desarrollado en el que más sube la desigualdad". Son sólo dos ejemplos, pero titulares parecidos pueden encontrarse a decenas, en los últimos meses, en la prensa española.

La desigualdad está de moda e incluso en espacios poco habituados a los temas económicos, como la televisión, se discute sobre ella. Hace unos días, por ejemplo, Jordi Evole le dedicaba un capítulo de su exitoso Salvados al tema, con el elocuente nombre de Arriba y abajo.

Lo primero que hay que apuntar es que ambos titulares son ciertos. En el caso español, los indicadores que miden la desigualdad (los dos más citados son el índice Gini y la ratio 80/20) se han disparado con la crisis. Pero el problema no es la estadística, sino cómo se utiliza ésta.

Por ejemplo, es cierto que el índice Gini para España se disparó entre 2007 y 2012, pasando de 31,9 a 35 puntos (ese nivel que nos situaba segundos tras Letonia). Pero esto es sólo una ratio: ¿qué quiere decir? ¿qué implicaciones tiene? ¿por qué ha subido tanto en nuestro país?

Del mismo modo, podría destacarse que en 2013, el índice bajó con fuerza, pasando de 35 puntos a 33,7 puntos (sigue por encima de la media de la UE, pero nos situaría en el sexto puesto no el segundo). ¿Qué pasó el año pasado? ¿Inició el Gobierno algún tipo de política de choque antidesigualdad?

Seguramente, esta caída estará mucho menos presente en los titulares que la subida anterior. Y sin embargo, ambos datos tienen mucho en común. Por un lado, descubren una realidad, la del país que más empleo destruyó durante la crisis junto a Grecia y que poco a poco ha comenzado a recuperar su mercado laboral; por otro, Gini no deja de ser una estadística y puede explicar algunas cosas, pero no todas.

Las siguientes son diez claves sobre las cifras de desigualdad que no siempre aparecen en la discusión pública. No cubren todos los aspectos del tema, pero pueden servir para iniciar un análisis con un enfoque más amplio.

1. ¿Es negativa?: cualquier análisis sobre desigualdad debería comenzar explicando por qué es negativo para una sociedad que aumenten este tipo de ratios. Se da por supuesto, pero no tiene por qué. Corea del Norte quizás sea más igualitaria que Corea del Sur... pero casi nadie preferiría vivir en Pyongyang antes que en Seúl.

Como apuntamos, la principal referencia es el Índice Gini que publica el Banco Mundial. Según esta tabla, los países más igualitarios del mundo son Dinamarca, Noruega y Suecia (puede cambiar el orden según el año escogido), sociedades muy ricas, prósperas y estables. Mientras, en el fondo de la clasificación aparecen habitualmente estados africanos o latinoamericanos (Namibia, Sudáfrica, Angola, Bolivia, Honduras,...).

Normalmente esto es lo que se dice en los titulares. Y por eso parece evidente que la igualdad está correlacionada con la riqueza. Pero cuidado: tras los nórdicos, en el top ten de 2007 (el Banco Mundial no tiene datos de todos los países para todos los años) vemos a países como Bulgaria, Irak, Bielorrusia, Serbia o Ucrania. Al parecer los ingresos de sus habitantes son muy igualitarios para Gini, pero probablemente nadie en España envidiaría su situación.

De hecho, se suele recordar que nuestro país ocupa una posición bastante retrasada en la lista. En ese año 2007, según el Banco Mundial, aparecemos entre Tajikistán y Bosnia. Lo que no se cita tan a menudo es que países como Canadá, Reino Unido, Singapur o EEUU, tenían peor nota que nosotros. O lo que es lo mismo, igualdad no es lo mismo que prosperidad (ni a la inversa).

El caso de Singapur es sintomático. En este artículo de 2012, Juan Ramón Rallo explicaba cómo en 1980 España tenía la misma renta per cápita que la ciudad estado asiática:

Hoy Singapur tiene una renta per cápita que duplica la española (59.700 dólares internacionales frente a 30.400 en 2011) (...) El índice Gini de Singapur se ubica en torno a 45 y el de España alrededor de 30; la renta media del estrato 20% más rico de Singapur es 12 veces mayor que la del 20% más pobre, mientras que en España es sólo 10 veces mayor. Pero incluso a pesar de esta diferencia en Gini, todos los grupos de población en Singapur están mejor que sus equivalentes en España: En el año 2008, la renta media de los singapurenses en cada uno de los tramos era entre un 30% y un 60% superior a la de los españoles.

Por ejemplo, la renta media mensual del 20% de españoles más pobres fue de 420 dólares internacionales, mientras que en Singapur fue de 560 dólares internacionales (un 33% superior), mientras que el 10% más rico de los singapurenses disfrutaba de una renta mensual de unos 9.100 dólares internacionales frente a los 5.500 de los españoles (un 66% más).

2. ¿Por arriba o por abajo?: nada de lo explicado anteriormente consolará a un español sin trabajo. Pero puede ser un punto de partida para analizar si el problema de nuestro país es de desigualdad o de falta de creación de riqueza. Como hemos apuntado, es cierto que Gini se dispara entre 2007 y 2012… del mismo modo que cae con fuerza en 2013, un año en el que España seguía teniendo más de cinco millones de parados.

Cuando hablamos de desigualdad, hay dos perspectivas diferentes que pueden tomarse. ¿Por qué crece o se reduce? ¿Es que los de arriba tienen mucho? ¿O es que los de abajo tienen muy poco? Casi siempre, el foco se pone en los primeros, esos ejecutivos con sueldos millonarios que aparecen en las noticias, pero no parece que en el caso español sea éste el principal problema.

Como explica José Fernández Albertos, "un análisis de la estructura de la desigualdad indica que somos un país más desigual que nuestros vecinos no porque nuestra clase media sea particularmente pobre en relación a los más ricos, sino porque nuestra clase baja es particularmente pobre respecto a la clase media (…) Hay países más igualitarios que España (los escandinavos, esencialmente) en los que los muy ricos disponen de un porcentaje del ingreso total menor del que disponen en España. Sin embargo, hay varios países en los que el 1% ingresa un porcentaje del ingreso total mayor. No parece que en España los muy ricos sean comparativamente más ricos que los muy ricos en los países de nuestro entorno".

De hecho, tal y como publicaba Libre Mercado, el 1% más rico de España atesora una renta media de 153.000 euros. En términos comparativos, nuestra élite es menos pudiente que la de otros países de la OCDE. Por ejemplo, el 1% más rico de España atesora el 8% de la renta nacional, mientras que en Francia, Italia y Suiza, este porcentaje alcanza el 9%, 10% y 11%, respectivamente.

Con todo esto encima de la mesa, parece claro que en España la desigualdad, si es un problema, lo es por abajo: es decir, tenemos millones de personas con unos ingresos reconocidos muy reducidos. Evidentemente, esto se ha agravado con la crisis. Cinco millones de parados son cinco millones de personas sin apenas rentas.

Y si a eso se le suman temporales y empleados a tiempo parcial, la foto es aún más triste. Son esos once millones de precarios de los que hablábamos hace unas semanas. Para todos aquellos preocupados con ese incremento en Gini o en la ratio 80/20, ésta debería ser su prioridad. Aunque sea menos llamativa que señalar a un directivo con un bonus.

3. ¿Qué se mide?: ésta es otra cuestión polémica y que casi nunca se pone sobre la mesa. Cuando medimos los ingresos de una sociedad, lo más importante es decidir qué se mete en el saco. Por ejemplo, ¿desigualdad antes o después de transferencias y subsidios? ¿Comparamos renta anual o patrimonio acumulado? ¿Cómo se mide el valor de los servicios públicos recibidos?

En este sentido, Rallo apunta a que el patrimonio del 20% de la población está sesgado a la baja, porque no incluye lo que llama los "activos ocultos": el capital humano (su propia capacidad de creación de riqueza) y sus derechos a percibir prestaciones públicas a futuro. Estos dos factores suman entre un 35 y un 55% de la riqueza de un país, pero nunca aparecen en una estadística de desigualdad o ingresos.

Por ejemplo, en el caso de las pensiones. Imaginemos a una persona que no ha trabajado nunca y que a los 65 años sólo tiene un fondo de pensiones con 100.000 euros; enfrente, su vecino ha cotizado 45 años y tiene derecho a la pensión máxima, aunque no tiene un seguro privado. Desde el punto de vista financiero, sería muy discutible si este segundo individuo está en mejor o peor posición que el primero. Por ejemplo, la renta vitalicia que aquél podrá negociar será mucho más reducida que la pensión máxima actual. Sin embargo, en las estadísticas de patrimonio, el primero aparecerá con 100.000 euros y el segundo con cero.

En el caso de nuestro país, además, hay otro aspecto que no se cita por ser políticamente incorrecto, aunque podría tener mucha importancia. En esta crisis, junto a la desigualdad y el paro, se ha disparado también la economía sumergida, especialmente en las comunidades más pobres. ¿A cuánto asciende y cómo cambiarían las estadísticas de ingresos si ese 25% del PIB nacional saliera a la luz y se contabilizara?

4. Los recién llegados: imaginemos una ciudad con 800 habitantes, con unos ingresos medios de 150.000 euros al año y una distribución de la renta bastante homogénea. Es fácil presuponer qué pasaría en términos de desigualdad si aparecieran 200 habitantes nuevos, que se han enterado de la prosperidad de la población, y se ofrecen para determinados servicios de poco valor añadido, a razón de unos 25.000 euros al año. La ratio 80/20 y el índice Gini se dispararían. Mientras que antes el 20% inferior de la población cobraba de media 100.000 euros, ahora sólo gana 25.000. Pero eso no quiere decir que nadie viva peor que antes. Ni los antiguos ni los nuevos habitantes.

Lo anterior es un ejemplo hipotético, pero sirve para explicar una realidad tangible. España recibió 5 millones de inmigrantes netos entre el año 2000 y el año 2011. Todas estas personas llegaron sin ningún patrimonio y en su gran mayoría entraron directamente a los percentiles inferiores de renta. Ningún otro país europeo sufrió un cambio similar. ¿Cómo afectó esta nueva realidad a los índices de desigualdad? ¿Cuánto hay de efecto estadístico por los recién llegados y cuánto de desigualdad real?

5. ¿Viejos y privilegiados?: como hemos apuntado, en lo que se refiere a las estadísticas de desigualdad, es fundamental tener en cuenta si hablamos de renta o de patrimonio. En los últimos meses, se han publicado trabajos, algunos muy publicitados, que mezclaban ambos conceptos (por ejemplo, el de Intermon Oxfam).

Es fundamental tenerlo en cuenta, porque si no, los errores se multiplican: por ejemplo, un recién licenciado con un MBA en finanzas puede tener una renta de 100.000 euros pero ningún patrimonio. Del mismo modo, un pensionista puede tener una prestación pequeña pero ser propietario de dos casas con mucho valor. Según se mida desigualdad de ingresos o de patrimonio, uno y otro podrían estar en el top 10 o en el 10% inferior.

Rallo lo explica con detenimiento en el siguiente artículo:

Supongamos una sociedad donde se trabaja desde los 26 a los 65 años y se vive del patrimonio acumulado desde los 66 a los 85. Asumamos que el salario es el mismo para todos los trabajadores y que todos ellos ahorran un 30% del mismo, el cual logran rentabilizar cada año a una tasa media del 5,5%.

Igualmente, asumimos que las herencias se destruyen una vez fallece el propietario y que la cantidad de trabajadores en cada franja de edad es la misma. Es obvio, pues, que estamos ante la sociedad más igualitaria imaginable. [Sin embargo] la masa salarial y la propiedad del capital quedarían concentradas del siguiente modo:

Salarios

Propiedad del capital

El 10% más alto

10%

28,8%

(El 1% más alto)

1%

3,2%

El 40% de en medio

40%

57,8%

El 50% inferior

50%

13,4%

Es decir, sólo el efecto edad (los más mayores han ido acumulando capital) explica que en una sociedad totalmente igualitaria, el 10% más rico acumula casi el 30% de la riqueza y el 50% más pobre apenas el 13,4%. No es un caso extraño en el mundo real.

En EEUU, por ejemplo, el 50% más pobre no tiene riqueza neta, fundamentalmente porque sus deudas (hipotecas) son iguales o superiores al valor de sus propiedades. Esto cambiará según pasen los años, pero en las estadísticas de desigualdad el efecto es demoledor.

6. El 'efecto Amancio': en las estadísticas de desigualdad, especialmente en los niveles superiores de rentas, unos pocos individuos pueden mover las ratios. Por eso, nos preguntábamos hace unos días, ¿cómo quedarían las cifras en España sin contar a Amancio Ortega?

Y no es un tema que sólo afecte a nuestro país. The Economist publicaba hace unas semanas un artículo titulado "Olvida el 1%. Es el 0,01% el que realmente está destacando en EEUU". Son las 16.000 familias más ricas (ese 0,01%) las que han disparado sus ingresos y patrimonio. De hecho, el porcentaje de la renta nacional en poder de los hogares que están entre el 90 y el 99% más rico ha descendido.

¿Y quiénes son estos nuevos súper ricos? Pues fundamentalmente los propietarios de las nuevas y grandes empresas que han crecido en los últimos años. En su inmensa mayoría no hablamos de grandes fortunas históricas, sino de recién llegados al club, que aprovechan las nuevas oportunidades y la altísima productividad de la nueva economía. El semanario explica que "las familias más ricas son más jóvenes que hace una generación y reciben un porcentaje más elevado de sus ingresos a través de los salarios y no en forma de rentas".

7. El 'efecto Amancio 2': lo dicho en el apartado anterior es muy importante, por dos razones que también apuntábamos en nuestro artículo sobre el fundador de Zara. Si estos empresarios (Bill Gates, Amancio Ortega, Larry Ellison, Mark Zuckerberg,...) no existieran, el resto no seríamos más ricos. Su patrimonio no lo han conseguido quitándoselo a los demás, sino generando nuevo valor.

Por eso, en todo lo que tiene que ver con la desigualdad es muy importante la cuestión de la movilidad social. ¿Qué posibilidades tiene alguien en los deciles inferiores de subir en la escala social? Por ejemplo, en EEUU, no hay muchas diferencias con lo que pasaba hace unas décadas.

A pesar de que los ricos son más ricos, alguien que nazca en el 20% inferior de la población tiene las mismas posibilidades de llegar al top 20 que hace 40 años. De hecho, según explica Thomas Sowell: "La mayor parte de los americanos trabajadores que estaban inicialmente en el 20% inferior salieron de este nivel a lo largo de su vida. De hecho, un porcentaje superior acabó en el 20% superior de los que se quedaron en el 20% inferior".

8. No son los mismos: esto es muy importante. Tiene que ver especialmente con lo apuntado en los epígrafes 5 y 7. Por ejemplo, cuando se dice que el 10% más rico acumula más riqueza que hace 30 años, todo el mundo tiende a pensar que hay un grupo de personas que cada vez tiene más, en contraposición al resto. Pero lo que casi nunca se dice es que el 10% de 2014 no tiene nada que ver con el 10% de 1984. Es decir, sigue habiendo un top 10, pero no son las mismas personas las que forman ese grupo.

De hecho, según los datos del departamento del Tesoro estadounidense, "aquellas personas que estaba en el 1% superior de ingresos en 1996 tuvieron unos ingresos un 26% inferiores en 2005". Aquí a veces también puede darse otra trampa estadística. No nos damos cuenta de que puede haber numerosas explicaciones para que una persona normal entre en el top 1-10 de la riqueza un año puntual: desde una casa vendida, hasta una herencia o un ejercicio extraordinario en el trabajo, con un bonus cobrado. Claro, al año siguiente este afortunado ya no tendrá esos ingresos y aparecerá como un miembro del top 10 que ha caído en la clase media.

Y algo parecido pasa en los niveles inferiores. Por ejemplo, según Eurostat, España ha sido uno de los países con mayor "movilidad social" en esta crisis. La explicación más probable es el paro: encontrar o perder un empleo puede hacer que cualquiera pase del top 20-40 de ingresos a los niveles inferiores en unos meses.

9. La piscina del Tío Gilito: Pablo Iglesias asegura que limitará los salarios máximos si llega al poder y lo explica porque veinte salarios mínimos (el límite que más cita, aunque ha usado otros) dan para vivir muy bien y para comprarse todos los coches que uno necesita. En la misma línea, cuando sale la lista de los hombres más ricos del mundo, hay quien calcula cuántos años tardarían en terminar con su fortuna si gastasen la fantástica cantidad de 1 millón de dólares al día.

En ambos casos, nos encontramos ante lo que podríamos denominar como la falacia de la piscina del Tío Gilito: parece como si los millonarios fueran unos avaros egoístas, que buscan la acumulación por la acumulación y tienen una enorme pila de dinero en la que disfrutan revolcándose cada día. Nada más lejos de la realidad. Las fortunas que aparecen en los diarios tienen siempre un punto de ficticias. Hacen referencia al valor de los activos en su poder.

Así, la mayor parte del patrimonio que se asocia con Amancio Ortega consiste en acciones de Inditex. Por supuesto, podría conseguir una enorme cantidad de dinero si las vendiese… aunque también valdrían mucho menos un minuto después de que el genial empresario gallego decidiese desprenderse de ellas.

En este sentido, es muy significativo ver cómo se reparte la fortuna de Bill Gates: el empresario tiene una buena parte en Microsoft, pero no se ha contentado con dominar la empresa que fundó. Además de dedicar una proporción considerable a obras filantrópicas, está presente en decenas de otras empresas, que le proporcionan rendimientos cada año… pero a las que él también ayuda con sus inversiones.

¿Cuánto dinero se necesita para construir una central de gas, investigar un nuevo medicamento, levantar una fábrica de coches o buscar el coche eléctrico definitivo? En todos estos casos, y en cientos de ejemplos más, las empresas necesitan enormes cantidades de capital, que luego recuperarán a través de los consumidores y que beneficiarán a estos.

Sin personas que acumulen grandes riquezas gracias a sus buenas inversiones previas, todos estos avances serían más complicados. Por eso, cuando alguien se pregunte para qué quiere Gates su dinero, no estaría de más que echase un vistazo a dónde lo tiene metido y qué beneficios ha generado esta fortuna a toda la sociedad.

10. ¿En máximos?: por último, hay una cuestión fundamental en cualquier discusión sobre desigualdad que se quiera mantener. A pesar de todo lo escrito y hablado en los últimos años, lo cierto es que desde una perspectiva amplia estas ratios están en niveles mucho más reducidos de lo que ha sido habitual a lo largo de la historia.

Es cierto que en algunos países occidentales ha repuntado a partir de 1980. Pero no lo es menos que los beneficios del capitalismo y la globalización han sacado a más gente de la pobreza, reduciendo las distancias entre países (el ejemplo asiático es el más destacado), incluso aunque dentro de los mismos sí haya habido incrementos de las ratios.

Así, podríamos volver al inicio del artículo: dentro de China la distribución de la renta es ahora más desigual que en 1970; pero el país es más rico y se acerca a pasos agigantados a niveles de renta propios de países desarrollados. ¿Cómo estaban mejor sus habitantes: entonces o ahora?

Esto no quiere decir que todas las situaciones de desigualdad sean positivas. Los países que aparecen a la cola en la lista del índice Gini no son un ejemplo en casi ningún aspecto. Pero mirar tan sólo esta estadística, sin analizar lo que hay detrás de sus cifras, tampoco parece la mejor manera de afrontar la situación.

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