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El Nobel de Economía, contra la "ayuda al desarrollo" y el pesimismo anticapitalista

En libros como "La gran evasión", Angus Deaton pone en valor la caída de la pobreza global y se muestra crítico con la "ayuda al desarrollo".

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Angus Deaton ha recibido el Premio Nobel de Economía | EFE

Angus Deaton acaba de hacerse con el prestigioso Premio Nobel de Economía. El jurado ha querido reconocer la contribución del académico de la Universidad de Princeton al estudio de cuestiones como la desigualdad o la pobreza.

Para conocer a fondo su pensamiento, conviene echar un vistazo al que ya es su libro más popular: "La gran evasión" (The Great Escape). Este ensayo rompe con las tesis habituales de la izquierda y afirma sin complejos que el progreso no se desarrolla de forma equitativa.

"De hecho, el progreso en sí es un factor de desigualdad, porque no no todos los países ni las personas lo experimentan al mismo tiempo y en el mismo grado", recuerda Deaton en el libro, respondiendo así a quienes tienden a relacionar una menor desigualdad con un mayor pobreza.

El profesor nacido en Escocia añade que "la idea de acumular crecimiento económico era algo impensable hace más de 200 años... Cuando fui a la universidad se me explicó que la Revolución Industrial era un ejemplo de progreso, pero hoy parece que no se entiende de ese modo".

"La gran evasión" señala que "la expectativa de vida en los países pre-industriales subía y bajaba se forma significativa, pero se quedaba siempre por debajo de los 40 años. Todo quedaba ligado a la evolución de las cosechas y a que no llegasen enfermedades que entonces eran mortales pero hoy ni siquiera son problemáticas".

La conquista como un salto adelante

Deaton echa la vista atrás y ensalza el descubrimiento de América y otras tierras desconocidas para Europa como un salto adelante digno de aplauso. El Premio Nobel destaca en su libro la movilidad social que alimentaron las conquistas españolas y portuguesas, y recuerda que ese progreso fue de la mano con una mayor desigualdad entre los países.

La política naval de Reino Unido veía con desconfianza los descubrimientos del siglo XV. El enriquecimiento de aquellos marineros estaba mal visto porque había muchos prejuicios contra la acumulación de riqueza, el comercio, las diferencias generadas, la movilidad de gente ajena a la nobleza... Por eso se frenaron aquellas expediciones. Fueron España y Portugal quienes acabaron escribiendo la historia, una historia de progreso y también de desigualdad.

La desigualdad y la salud

Durante la era industrial, Deaton identifica importantes cambios en el campo sanitario. "Desde 1750, conforme se desarrolla el capitalismo, empiezan a darse mejoras en la salud. Las vacunas y los tratamientos no se repartían por igual: llegaban primero a los más ricos, pero luego iban extendiéndose entre los demás ciudadanos. Había desigualdad pero en un contexto de progreso, de cambio a mejor", apunta.

Para ilustrarlo, muestra la siguiente gráfica en la que se puede comprobar la evolución de la esperanza de vida entre la población británica (línea) y las familias más privilegiadas de Hollingsworth (puntos). Los segundos experimentan un claro despegue desde mediados del siglo XVIII mientras que el resto de la ciudadanía tuvo que "esperar" hasta la segunda mitad del siglo XIX.


"Lo ideal es que estos avances lleguen a la vez a todos, y que lo hagan por un precio asequible. El problema es que no entendemos que la desigualdad inicial es punto de partida para que luego se extiendan los usos, se mejoren los procesos... Pienso en estas desigualdades iniciales como un preludio de un progreso y un avance significativo", explica el premiado.

Deaton también deja reflexiones políticamente incorrectas sobre el vínculo entre PIB y desarrollo socioeconómico. A menudo escuchamos que un mayor nivel de ingresos no garantiza un repunte del bienestar. Sin embargo, el profesor escocés entiende que "las desigualdades en materia de ingresos o salud tienden a ir de la mano".

Frente al pesimismo anticapitalista

¿Cuál es el resultado de dos siglos de progresivos avances del capitalismo? El pesimismo anti-mercado choca con el discurso del Nobel de Economía, que entiende que "lo que hoy vemos es la foto de un progreso humano sin precedentes, vivido en unas tres décadas y marcado por mejoras sustanciales en la calidad de vida de la mayoría de personas".

Países como China son un ejemplo. "Desde que se abandonaron las políticas del "Gran Salto Adelante" que había impulsado Mao, la esperanza de vida creció cada vez más, al igual que el ingreso per cápita".

Ese progreso no siempre está garantizado. Por ejemplo, "Sudáfrica vivió una mejora continua de sus condiciones de vida que culminó con el fin del apartheid y la consolidación de la nueva democracia, pero en los 90 la epidemia del VIH acabó con parte de estas mejoras... El golpe fue aún peor en otras naciones del Continente Negro, pues su situación de partida no era tan buena como la de Sudáfrica".

La salud en el Primer Mundo

Deaton reconoce que aún hoy se siguen viendo muchas desigualdades en el campo sanitario como las que describía para los siglos XVIII y XIX. "No obstante, hay importantes mejoras en el tratamiento de males como el cáncer y, además, su coste antaño elevado se va reduciendo progresivamente. También ayudan los hábitos: se fuma cada vez menos en los países del mundo desarrollado. Además, desde finales de los 70 y comienzos de los 80, las enfermedades cardiovasculares bajan de manera notable", explica.

El nuevo Premio Nobel reconoce que "sigue habiendo un gran debate sobre el acceso a la salud y las desigualdades que pueden darse, pero podemos decir que quien hoy aún no tiene acceso a un tratamiento tiene la expectativa de que pronto esté a su alcance, mientras que si echamos la vista atrás vemos que no era el caso en ninguna circunstancia".

Desigualdad, "ayuda al desarrollo" y progreso

Mucho se ha hablado de desigualdad en los últimos tiempos. Deaton opina que "a menudo se critica la desigualdad sin comparar sus fuentes, su evolución a lo largo de los años... En realidad, hay cosas buenas de la desigualdad y hay cosas malas".

Refiriéndose al reparto del progreso a lo largo y ancho del mundo, el autor de "La gran evasión" recuerda que la mortalidad infantil en países pobres es hoy menor a la registrada en lugares prósperos hace pocas generaciones.

¿Puede la "ayuda al desarrollo acelerar ese progreso? "Entiendo que emplearla como herramienta contra la desigualdad no sirve como solución a los problemas de los países más desfavorecidos. El progreso es un fenómeno que exige un descubrimiento. Ese descubrimiento viene motivado por necesidad o por curiosidad, y debe ser canalizado después por el mercado. En primera instancia, dará lugar a un aumento de la desigualdad. Sin embargo, lo que llegará después es una generalización de las mejoras".

¿Debemos entonces quedarnos de brazos cruzados? "La verdad es que "podemos" hacer mucho, pero cuando digo "podemos" no me refiero al gobierno ni al establishment de la "ayuda al desarrollo". En mi opinión, invertiría más en tecnología sanitaria, para acelerar su desarrollo, y apostaría por la liberalización comercial. No apostaría por más "ayuda al desarrollo" porque me temo que hace más mal que bien".

En esta línea, Deaton llega a afirmar que "el Banco Mundial debería privatizarse y convertirse en una consultora como MCkinsey o cualquier otra. Incluso si sigue siendo público debe ser solamente un ente asesor, la cuestión de la asesoría a cambio de dinero no funciona".

Además, el Nobel de Economía denuncia que "con la "ayuda al desarrollo", no pocos gobiernos consiguen financiar todo su gasto únicamente a través de estas transferencias. A cambio, ni protegen la propiedad privada, ni atienden las necesidades de sus ciudadanos, ni permiten el desarrollo de una economía de mercado".

¿Qué hay de transferir dinero directamente a los pobres? "Esto tampoco funciona, porque en cualquier caso sus gobiernos tienden a confiscar la riqueza privada y, además, la pobreza no se soluciona por esta vía", apunta.

"Los programas de "ayuda a cambio de medicinas" son los que major han funcionado, es de lo poco que se salva. Hoy, los fármacos antirretrovirales (TAR) benefician a más de 10 millones de personas en países empobrecidos, apenas un millón tenía acceso hace una década", explica Deaton.

"Sin embargo, incluso en estos casos sigue sin existir un marco apropiado para el desarrollo de un mercado sanitario local, capaz de gestionar las propias necesidades de los ciudadanos. Recuerdo una discussion electoral en Canadá sobre cómo enfocar el gasto en educación aprobado para Botswana. Esto debería discutirse en Botswana no en Canadá", denuncia.

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