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Rajoy no bajará los impuestos

Bajar impuestos implica reducir el sector público y poner coto al gasto autonómico, dos líneas rojas que Rajoy no está dispuesto a cruzar.

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La principal diferencia del PP de Aznar con el de Rajoy en el terreno económico tiene que ver con la política fiscal. Aznar y su equipo creían que bajar los impuestos a los españoles era un fin en sí mismo, cuya principal consecuencia benéfica es el inicio de un ciclo virtuoso de creación de riqueza, aumento del empleo y, adicionalmente, una mejora de la recaudación. Tras la llegada de Mariano Rajoy a la presidencia del PP, lo que era una convicción pasó a ser un albur condicionado al sostenimiento de la burbuja estatal.

Rajoy ha tenido suficiente tiempo en estos cuatro años para decretar sucesivas reducciones en el terreno impositivo. Ese fue el argumento central con el que se presentó a las elecciones de 2011 ante un electorado asfixiado por la crisis económica. En lugar de bajar impuestos Rajoy los ha subido -todos-, con lo que ya puede presumir de ser el presidente del Gobierno de España que ha decretado la mayor subida de la presión fiscal en un solo mandato.

El PP ha hecho que la dureza de esta devastadora crisis económica recaiga sobre los hombros de la España productiva. Familias, trabajadores y empresas han tenido que lidiar con los rigores de una dura recesión, combinados con un aumento de la presión fiscal sin precedentes. Lo importante, para Rajoy y su equipo, era no afrontar una reducción severa del gasto público que exige nuestro disparatado sistema territorial y administrativo. Las Comunidades Autónomas, fuente principal de los desajustes financieros del Estado, han seguido dilapidando nuestro dinero como siempre y, en el conjunto del Estado, el gasto es en estos momentos mayor que cuando Rajoy llegó a La Moncloa.

El actual PP quiere convencernos de que todo va a cambiar si gana las elecciones de nuevo, pero tras cuatro años y medio de mandato el Estado gasta más que en 2011, España ha sido incapaz de cumplir el déficit un sólo año, la deuda está desbocada por encima del 100% del PIB y Bruselas amenaza con sancionarnos por incumplidores.

Con estos antecedentes es imposible otorgar credibilidad al Gobierno cuando asegura que, esta vez sí, está dispuesto a bajar los impuestos. Para hacerlo es necesario poner en marcha un vasto programa de reformas que tengan como objetivo reducir nuestro disparatado sector público. A tenor de lo que hemos visto en todos estos años, esa es, precisamente, la única línea roja que Rajoy no parece dispuesto a traspasar.

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