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Las encuestas que sí explican el 'Iglexit'

La realidad española es distinta a la que pretenden dibujar los ideólogos del partido morado.

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Pablo Iglesias, el pasado domingo | Flickr/Podemos/Dani Gago

El discurso de Podemos gira en torno a una serie de conceptos socioeconómicos que aparecen recurrentemente en debates políticos enmarcados en la extrema izquierda. Sin embargo, basta con repasar la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey) para comprobar que la realidad española es distinta a la que pretenden dibujar los ideólogos del partido morado.

Un ejemplo lo tenemos con el discurso sobre la "pobreza" que suele enarbolar Podemos. El retrato robot que hacen Pablo Iglesias y los suyos habla de una España plagada por la miseria. Sin embargo, solamente un 3,8% de los ciudadanos declara que su nivel de ingresos es bajo. Por contraste, una inmensa mayoría se considera dentro de la clase media trabajadora. En una escala de ingresos de 1 a 10, la mayoría de los españoles se coloca entre el 4 y el 6, lejos del escenario apocalíptico que traslada Podemos.

También hay una honda desconexión en lo tocante a la Unión Europea. Más del 80% de los españoles declara está "de acuerdo" o "muy de acuerdo" con la afirmación de que no solamente somos ciudadanos de nuestro país, sino también ciudadanos de la UE. Esta visión tan optimista del proyecto comunitario choca con los discursos anti-UE y anti-Eurozona que han enarbolado los líderes de Podemos a lo largo de los años.

Otro punto de fricción es el rechazo de Podemos a cualquier forma de patriotismo español. Pablo Iglesias llegó a declararse incapaz de pronunciar la palabra "España", algo que quizá no resulta muy atractivo en un país en el que el 55% dice estar "muy orgulloso" de su nacionalidad y otro 31% afirma estar "orgulloso" de ser español.

Tampoco está de más recordar que, de acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores, menos del 5% de los españoles ve justificable el cobro de ayudas públicas a las que no se tiene derecho. Esto choca con los expedientes abiertos a Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón por sus dudosas prácticas en la Universidad Complutense y la Universidad de Málaga.

También desliza Podemos de manera recurrente la idea de que las instituciones españolas no son del todo democráticas. Sin embargo, en escala de 1 a 10, solamente un 15% asume este discurso (puntuación de 1 a 4), mientras que el resto da un aprobado a nuestro sistema de gobierno, con un respaldo superior al 50% para las puntuaciones más altas (7 a 10).

El CIS también explica la derrota de Podemos

El mal resultado de Podemos también se puede entender a partir de las encuestas del CIS. Pablo Iglesias plantea, por ejemplo, una visión romántica del Estado en la que todos los servicios públicos son de calidad. Sin embargo, un 54,9% de los españoles se declara poco o nada satisfecho con la enseñanza estatal, mientras que un 50,2% tiene una mala opinión de la asistencia sanitaria. También suspenden las pensiones (54,5%), la administración de justicia (71,8%), los servicios sociales (53,2%) y la ayuda a los dependientes (67,5%). De hecho, apenas aprueban seguridad ciudadana, transporte e infraestructuras.

Además, aunque Podemos propone más gasto, ha calado la idea de que sus propuestas acarrean más desembolsos. Sin embargo, un 61,7% de los españoles ve ineficiencia en las estructuras del Estado, ya que considera que "recibe menos de lo que aporta en impuestos y cotizaciones". Tampoco ayuda a la formación morada su discurso a favor de subir impuestos. Un 63,9% de los españoles dice que pagamos "muchos" impuestos y apenas un 2,7% cree que pagamos "poco" a Hacienda.

Una visión elitista y alejada de la calle

Al final, el discurso de Podemos se entiende solamente desde un prisma elitista. Los profesores universitarios que copan la cúpula del partido morado tienen muy claro su discurso. Sin embargo, la realidad de la sociedad española es distinta a la que intentan proyectar con sus proclamas anticapitalistas.

Cierto es que las encuestas han reflejado una y otra vez que nuestro país no es muy partidario del sistema de mercado. No obstante, sería un error pensar que esa tendencia hacia un mayor intervencionismo se traduce en una justificación inmediata de una agenda maximalista que, por la vía del populismo, supone adoptar postulados dignos de la izquierda más radical.

En Libre Mercado

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