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El otro legado de Obama: por qué la izquierda estadounidense está en ruinas

El carismático presidente demócrata deja una herencia de mediocridad económica a su sucesor que explica el fuerte retroceso de su partido.

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Obama dice adiós con un flojo legado económico | Casa Blanca

Ahora que el carismático Barack Obama abandona la presidencia estadounidense, conviene echar la vista atrás y analizar el récord económico del mandatario demócrata. ¿Puede sacar pecho después de ocho años de gobierno o, por el contrario, deja una economía decadente a su sucesor Donald Trump?

El primer indicador en el que suelen fijarse los partidarios de Obama es la tasa de paro. Durante su presidencia, el empleo creció en 10 millones de personas y la desocupación bajó al 5%, lo que a priori parece apuntar un cambio a mejor. No obstante, si se desagregan los datos, es fácil comprobar que el grueso del empleo creado en EEUU a lo largo de los últimos ocho años fue generado en Texas, el bastión de la derecha política estadounidense.

Además, su periplo en la Casa Blanca se salda con una reducción de la población activa de más de 14,5 millones de personas. Esto supone que el número de personas que ha abandonado el mercado laboral ha subido un 18% desde enero de 2009, el primer mes de la Era Obama. Esto supone que se ha alcanzado una cifra récord: la tasa de participación es de apenas el 62% y, en consecuencia, ya hay 95 millones de adultos fuera del mercado de trabajo.

El ‘Tea Party’ frenó su dispendio fiscal

En clave presupuestaria, podría parecer que la Administración del primer presidente negro no ha sido especialmente negativa, ya que el déficit comunicado por el Departamento del Tesoro para 2016 fue casi idéntico al de 2008: 3,1% del PIB en el último año de George W. Bush y 3,2% del PIB en el ejercicio de despedida de Obama.

Sin embargo, es importante señalar que, en los años 2009, 2010 y 2011, el gobierno federal asumió un diferencial entre ingresos y gastos superior al 8% del PIB. La deriva fiscal de Obama empezó a ser corregida a raíz del avance del Partido Republicano en las elecciones legislativas de 2010. Los lectores con más memoria recordarán que las disputas presupuestarias entre la Casa Blanca y el parlamento llegaron a desembocar en el cierre del gobierno federal.

Los recortes económicos que se aplicaron de manera automática y los ajustes fiscales que se pactaron en los siguientes presupuestos permitieron que el déficit fuese bajando hasta situarse en niveles mucho más moderados. Sin embargo, la deuda pública subió notablemente en los años de menor control fiscal, de manera que el pasivo federal ha pasado del entorno del 60% del PIB a niveles que superan el 105% del PIB.

(Pueden saber más sobre la austeridad que impusieron los legisladores republicanos al gobierno de Obama haciendo click aquí, aquí y aquí)

El fiasco de Obamacare y los planes de estímulo

La reforma sanitaria de Barack Obama, conocida como Obamacare, se ha convertido en otro de los talones de Aquiles de la Administración demócrata. Se estima que el encarecimiento de los seguros médicos generado por la reforma ha supuesto un descenso medio de los sueldos de 1.200 dólares.

A esto hay que sumarle una subida de tasas e impuestos indirectos que va a suponer 100.000 dólares por hogar a lo largo de la próxima década. Y, a pesar de todos estos costes, se estima que 27 millones de personas siguen sin recibir cobertura sanitaria, algo que ya avanzó Libre Mercado hace años.

Antes del desastre de la reforma sanitaria, Obama había enfrentado ya fuertes críticas por sus programas de estímulo, orientados a relanzar la economía estadounidense a golpe de gasto público. La quiebra de Detroit es quizá el mejor símbolo del fiasco de este programa impulsado por el gobierno demócrata.

Otro ejemplo de despilfarro que ha generado fuertes ataques al gobierno del presidente saliente es su programa de inversiones en energías verdes. El 70% de los subsidios concedidos desde Washington han ido a parar a empresarios vinculados con el Partido Demócrata y muchos de estos proyectos han acabado en la quiebra, como demuestra el fiasco de Solyndra, una compañía en la que el gobierno federal enterró 535 millones de dólares.

Decadencia económica

Aunque los partidarios de Obama aseguran que el presidente saliente le dio la vuelta a la Gran Recesión, son también muchas las voces que lamentan la espiral de decadencia económica en la ha entrado el país norteamericano. Y es que, aunque gurús de la izquierda como Larry Summers o Paul Krugman afirman que crecer al 2% es lo máximo a lo que puede aspirar Estados Unidos, la mayoría de informes apunta que, aprobando medidas liberales, la economía del país del Tío Sam puede disparar su crecimiento hasta niveles del 4%.

De hecho, la sensación de decadencia que deja el gobierno de Obama se puede comprobar visitando los datos de remuneración que publica el Departamento de Trabajo. Según el equivalente estadounidense a nuestro ministerio de Empleo, el salario mensual medio se ha estancado en el entorno de los 800 dólares durante todo el período de gobierno de Obama. Ese aplanamiento salarial explica la pérdida de apoyo del Partido Demócrata en numerosos territorios que tradicionalmente votaban a la izquierda.

Pérdida de fortaleza política

Aunque el arrollador de Obama en 2008 parecía abrir las puertas a una revolución progresista, ocho años después nos encontramos con un panorama muy distinto. Desde su llegada a la Casa Blanca, su partido tiene doce gobernadores menos y ha perdido 900 asientos en los parlamentos estatales. Además, los republicanos han conseguido controlar tanto el Congreso como el Senado, dejando a la izquierda en una posición muy precaria.

Cierto es que Obama cuenta con una gran popularidad en los dos enclaves progresistas por excelencia: Nueva York y California. Sin embargo, el discurso del presidente saliente no solo no ha logrado ensanchar la base de su partido, sino que la ha estrechado, como refleja el mapa de las últimas elecciones presidenciales.

Especialmente llamativa es la pérdida de influencia de los demócratas entre las clases medias. De hecho, en la prensa de izquierdas ya se han publicado diversos artículos críticos que cargan contra el Partido Demócrata de Obama y Clinton por haberse convertido en una formación "intolerante", "elitista", "alejada de los problemas reales", "incapaz de asumir su derrota"…

En Libre Mercado

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