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Juan Velarde

La crisis que nos golpea

La crisis de 1923 se llevó para siempre por delante la existencia de los partidos liberalconservador y liberalfusionista. La crisis de 1935 liquidó para siempre multitud de partidos republicanos, empezando por el radical de Alejandro Lerroux.

La crisis de 1923 se llevó para siempre por delante la existencia de los partidos liberalconservador y liberalfusionista. La crisis de 1935 liquidó para siempre multitud de partidos republicanos, empezando por el radical de Alejandro Lerroux.

Se ha escrito mil y una vez que esta crisis es muy grave, pero conviene efectuar una cuantificación para saber hasta dónde nos ha conducido la política económica practicada a partir de 2004. En el año 2009, al mismo tiempo que se batía la marca absoluta, de 1850 a 2011, del déficit del sector público respecto al PIB (11’1%), se observaba que el PIB por habitante a precios de mercado en paridad de poder de compra caía un 6’2%. ¿En qué año, a partir de 1851, según la serie publicada por Albert Carreras y Xavier Tafunell en Estadísticas históricas de España. Siglos XIX-XX, volumen III, se superó tal caída? El primero, con un descenso del 11,05%, fue 1868. Recordemos que se trata del año en que, tras la batalla de Alcolea, perdió el trono Isabel II y en que se inició el Sexenio Revolucionario, en medio de un caos económico y político extraordinario.

El siguiente hundimiento –un 7,05%– fue en 1874, precisamente al cierre de ese Sexenio. España tenía sobre sí una guerra en Cuba, la III Guerra Carlista, los alzamientos cantonales, intentos rifeños sobre Melilla, más unas ciertas complicaciones en Filipinas, provocadas por piratas chinos y malayos que exigían el envío de buques de guerra.

La tercera crisis que empeora la cifra de 2009 es la causada por la última guerra de Cuba, con una caída del PIB a precios de mercado por habitante de un 8,17%. Las situaciones bélicas importantes, lógicamente, tienen consecuencias depresivas.

La cuarta, naturalmente, es la correspondiente a 1936, con un formidable descenso de esa macromagnitud en un 23,3%, seguido de otro, en 1937, del 9%. El panorama bélico continuaba explicando esas catástrofes. Y es también lo que sucede en 1945, momento clave de la economía derivada de la II Guerra Mundial, de las sanciones impuestas al régimen político español con la condena de Potsdam y con las destrucciones originadas por la lucha guerrillera comunista.

Y ya no vuelve a existir otra caída mayor que la de 2009. Las siete crisis anteriores ocurrieron en medio de condiciones traumáticas. La sociedad española ha asumido la de 2009 de otro modo. El progreso económico logrado, la monarquía democrática existente y la amplia la clase media española han proporcionando una especie de aliviadero para evitar violencia política. Sin embargo, sería un error creer que esta crisis no va a ser traumática para nadie. Porque tras la crisis de 1923 –el PIB a precios de mercado por habitante sólo creció un 0,76%‑, se llevó para siempre por delante la existencia de los partidos liberalconservador y liberalfusionista. La crisis de 1935, con una caída de la renta nacional, según la estimación de Julio Alcaide, del 1,91%, liquidó para siempre multitud de partidos republicanos, empezando por el radical de Alejandro Lerroux, esfumado totalmente en las elecciones de febrero de 1936. Sería, pues, lógico que lo que ahora sucede tenga también severas consecuencias políticas.

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