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El 'dinero tonto' desvirtúa el valor de las acciones

El origen de la desestabilización que sufren los mercados financieros no se debe a los especuladores sino al "dinero caliente" o "dinero tonto".

Raquel Merino Jara
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Repasábamos la semana pasada cómo los legisladores se han propuesto meter el dedo en el ojo de los traders u operadores a corto plazo. Tras la vorágine vivida en los mercados en el mes de agosto, lo fácil para la clase política sin duda es echar balones fuera y poner en el disparadero a quienes en buena parte no hacen más que anticipar previsibles acontecimientos futuros complicados, constatada la incapacidad y frivolidad con que esos mismos gobernantes llevan a cabo sus políticas.

Los traders no son ni mucho menos los únicos agentes que operan en los mercados. Hablábamos en el anterior artículo de que esta clase de market makers tendía a comprar activos, pero no por estar interesados en el valor de la empresa que hay en funcionamiento detrás. En realidad, su negocio se sustenta en comprar, retener acciones y venderlas en un lapso de tiempo corto a quienes sí tienen esa perspectiva de la inversión o en realizar la operación inversa de vender, esperar caídas y recomprar cuando ello sea lo procedente.

Primera línea en la estabilización de precios: los traders

Es por ello que los traders constituyen la primera línea de contención para estabilizar los precios. Al no valorar el título en cuestión por lo que se revalorizará a meses o años vista, los rangos que manejan, con sus soportes y resistencias, son pequeños.

Bien es cierto que si se rompe un soporte o resistencia, tienden a fijar el siguiente rango con su respectivo techo y suelo. Pero se acaban retirando cuando los vaivenes empiezan a ser más fuertes. Dejan de controlar el mercado con sus rangos y es el mercado el que, alterado, engulle una y otra vez los cálculos que habían realizado. Los acontecimientos les superan sin saber muchas veces por qué y se salen. Y es que los traders saben bien poco de análisis fundamental o de entorno macroeconómico.

Se dice entonces que no hay negociabilidad alguna y que el mercado ha entrado en pánico –vendedor o comprador–. Repentinamente, la profundidad y negociabilidad que había en los mercados –propiciada sobre todo por estos operadores a corto plazo–, se esfuma. En el caso que nos ocupa, habrá mucho papel por vender y pocos compradores dispuestos a hacerse con él o viceversa. Esta primera línea de estabilización de precios se rompe.

En ese momento, cuando desaparecen los traders, cobran mayor protagonismo relativo, por este orden, los arbitrajistas –quienes hacen hedging–, los cuidadores e insiders y los value investors.

Los cuidadores como barrera estabilizadora de precios

Dejamos a los arbitrajistas a un lado, por la mayor complejidad de su operativa, a la espera de ser tratados quizás en otro artículo de esta sección.

Nos detenemos, pues, en los "cuidadores": estos suelen ser agentes con información insider de la empresa para la que trabajan estrechamente. Los cuidadores, a menudo vinculados con las llamadas manos fuertes, entran a comprar acciones una vez los traders desaparecen de escena y las acciones caen a precios interesantes. En el caso de los insiders el conocimiento interno de la empresa permite, si ha bajado mucho la acción, advertir que ésta puede estar realmente barata. Será el momento de entrar con fuerza merced al importante volumen de acciones que normalmente pueden adquirirse. Muchas veces, estos cuidadores son los mismos altos directivos de la empresa, quienes, sabiendo del potencial de la misma, adquieren importantes paquetes de acciones en momentos de tensión bajista.

Del mismo modo, los cuidadores e insiders entran masivamente en acción para descargar cuando los precios de la acción se mueven en niveles de sobrevaloración. El mercado, en ese momento, está valorando esas acciones en niveles que no se corresponden con la realidad empresarial. Es el momento de salirse y poner freno –o no– a la locura.

Así pues, los cuidadores se mueven en rangos lógicamente mayores que los traders, al basar su compra en un conocimiento de primera mano de la empresa y en una visión a largo plazo. Por cierto que al inversor particular que invierta a largo plazo le conviene estar pendiente de estos movimientos. Cuando estas manos fuertes compran es buena señal y cuando venden para realizar beneficios, sobre todo si se trata de momentos de excesivo optimismo, puede tratarse de una señal de venta que sea indicado seguir.

El último nivel: los value investors

Los inversores en valor son los que manejan un rango más amplio, especialmente, si nos atenemos al suelo de una acción. Son el "comprador de mayor rango", por así decirlo. Cuando ciertas empresas están muy machacadas, con alto potencial de revalorización, pero también en medio de gran incertidumbre, entran a comprar los inversores en valor. Si no lo hicieran, los precios quedarían aún más sumergidos. Por supuesto que en estos casos los cuidadores compran de nuevo (seguramente ya lo habían hecho antes, cuando empezó a penalizarse la empresa). Pero, decíamos, lo que cambia es el peso relativo de los actores en las operaciones. Ahora asoman más la cabeza los inversores en valor.

En cuanto al rango alto, los inversores en valor destacan por su sensatez. Pueden salirse incluso antes que las manos fuertes y, por lo general, se habrán salido todos cuando el título se cotice a precios absurdamente altos.

Todos estos agentes reseñados se complementan y necesitan. Dan lugar a un mercado profundo con distintos rangos de estabilización de precios. Encontramos un gran ramillete de personas, desde las que dan continuidad (traders) a las que saben más de los negocios y son más pacientes o tienen la cabeza más fría (los otros dos mencionados).

El problema del dinero caliente y del dinero tonto con apalancamiento

Sin embargo, a pesar de los elogios que acabamos de hacer a la labor conjunta de estos agentes, la clase política está preocupada por la desestabilización que sufren los mercados financieros desde que estallara la crisis en 2008. Y quieren poner puertas al campo.

El origen de esta falta de estabilidad se halla en el "dinero caliente" o el "dinero tonto".

Con "dinero caliente" nos referimos al dinero más inquieto. Ahora bien, inquieto puede ser tanto el dinero más miedoso –aquel que sólo invertirá en activos de la más alta graduación– como el más especulativo – aquel que busca alta rentabilidad en muy poco tiempo asumiendo gran riesgo–. El lector habrá advertido que, precisamente, ese es el dinero que más se expulsa o atrae cuando las agencias de rating varían la calificación crediticia de un país, por ejemplo.

También nos encontramos con el "dinero tonto". Al repasar los actores que configuran los mercados financieros en ningún momento hemos mencionado al portero de nuestra vivienda, al lechero, a nuestro primo o al fondo de inversión agresivo recién creado por el banco de la esquina tras cinco años de bonanza en la bolsa. Sin ánimo de ofender, el dinero tonto emerge cuando ese tipo de "inversores" acaba manejando los precios del mercado. Esto se da especialmente en épocas de burbujas financieras. Ni cuidadores ni inversores en valor ni inversores institucionales experimentados ni traders. Todos los "estabilizadores" se quedan fuera cuando el dinero tonto campa por sus respetos. En esos momentos, todo el mundo tiene acciones salvo quien realmente sabe lo que es una acción.

Origen de la desestabilización y soluciones

El dinero caliente deriva de la existencia de deudores poco solventes, impagos y devaluaciones, así como de un sistema monetario internacional sin anclaje y basado en deuda pública. El problema del dinero caliente, a menudo institucional –fondos de pensiones y de inversión, aseguradoras, hedge funds–, no proviene de que se den muchas transacciones en poco tiempo. Más bien, ese fenómeno es siempre una consecuencia de que han cambiado las circunstancias a peor y que la situación se ha convertido en muy incierta y fluida.

El volumen diario de operaciones no tiene mucho que ver y un impuesto a las transacciones, lo que denunciábamos la semana pasada, está lejos de atajar ninguno de los problemas.

El dinero tonto siempre viene auspiciado y acompañado de fuertes volúmenes de endeudamiento favorecidos por políticas inflacionistas de gobiernos, bancos centrales y banqueros privados.

El dinero tonto con apalancamiento siempre se lleva un severo castigo, pero con su estupidez pone en peligro la estabilidad económica y financiera. Lo mejor para que no se adueñe del mercado e impedir burbujas será no intoxicar con crédito fácil la economía, así como endurecer los requisitos de márgenes de garantía de colateral y capitalización.

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