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Recortes y sanidad pública

Lo que sí está claro es que al socialismo le encantan los impuestos y prometer más y más derechos gratis total para todos, tiene aversión a lo privado y a los malvados empresarios, y no se le da demasiado bien la buena gestión.

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Según José Martínez Olmos, coordinador del programa sanitario del PSOE y exsecretario general de Sanidad, "los recortes están afectando claramente a la calidad asistencial, pero además, preocupan mucho a la ciudadanía. Y esto hace necesario más que nunca el reforzar el compromiso con lo público".

Tal vez podría pedirles o incluso exigirles ese compromiso con lo público a los propios funcionarios de la cosa pública, que como tienen la suerte de poder elegir prefieren en su inmensa mayoría la sanidad privada desde hace mucho tiempo.

Si la ciudadanía está tan preocupada, quizás pueda permitírseles también a ellos elegir qué servicios utilizar, mediante por ejemplo un cheque sanitario. El no plantearse esta posibilidad de controlar la calidad de los servicios médicos muestra que las menciones al bienestar y la salud de la ciudadanía son pura demagogia política, típica de intervencionistas que pretenden hablar en nombre de todos.

Para este socialista "la sanidad pública no se puede perder y es perfectamente sostenible a través de los impuestos y la buena gestión"; "no se puede usar la crisis para dar más espacio a la sanidad privada. No está claro si lo de que "no se puede" es imposibilidad metafísica, un deseo mal expresado o una simple prohibición de quien está acostumbrado a mandar y ser obedecido; lo que sí está claro es que al socialismo le encantan los impuestos y prometer más y más derechos gratis total para todos, tiene aversión a lo privado y a los malvados empresarios, y no se le da demasiado bien la buena gestión.

Sobre la huelga de médicos en Cataluña, para Martínez Olmos "los médicos hacen bien en revelarse (sic) contra lo que está pasando, es la forma de defender a la propia ciudadanía". Pero quizás haya algunos ciudadanos que no se sienten defendidos sino más bien agredidos ante un colectivo que se niega a atenderles. ¿No será que están defendiendo algún tipo de privilegio o interés particular y se escudan, como de costumbre, en la defensa del bienestar general? Seguro que no: "desde el punto de vista de los profesionales es complicado, descorazonador y frustrante trabajar en esas condiciones... Lo que está pasando toca el núcleo duro de la sanidad, la autoestima de los profesionales y de la población". Pobre población, toda ella perdiendo su autoestima, a dónde vamos a llegar; ya no nos queremos ni a nosotros mismos.

Este aspirante a representante de la ciudadanía ya avisa de lo que va a pasar: "Independientemente de los resultados de las elecciones va a haber una rebelión de la ciudadanía para reclamar sus derechos". No especifica cuáles son esos derechos, pero probablemente tienen poco que ver con la vida, la libertad y la propiedad.

Si toda la ciudadanía tiene realmente esos presuntos derechos ¿a quién se los reclama? ¿A otras ciudadanías, como los acreedores extranjeros, ya algo cansados de tanto exigir? Tal vez es que quienes reclaman y reciben derechos son ciudadanos, pero los que tienen el deber de pagarlos lo son algo menos.

Francisco Capella es director del área de Ciencia y Ética del Instituto Juan de Mariana, creador del proyecto Inteligencia y Libertad y escribe regularmente en su bitácora.

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