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Adelson y Merkel, libertadores

Desde la izquierda socialista y la derecha reaccionaria se han alzado voces contra la aventura empresarial de Sheldon Adelson en Madrid.

Santiago Navajas
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"¡Si los americanos vienen a traernos la libertad! ¡Ojalá cambiaran más leyes para terminar con tanta bobada! ¿Y por qué se cierran los comercios cuando quieren los políticos? ¡Eurovegas viene a traernos liberalismo y libertad!".

En mitad de la crisis más pavorosa que ha sufrido España en su historia reciente, desde la izquierda socialista y la derecha reaccionaria se han alzado voces contra la aventura empresarial de Sheldon Adelson en Madrid. Combinando la moralina, el puritanismo y la ignorancia, tanto el líder de los socialistas madrileños como el obispo de Getafe han clamado contra ese presunto cóctel de sexo, juego y rock and roll que nos traería ese yanqui, judío, liberal y multimillonario cuya familia emigró de la Europa devastada por los nazis y comunistas a los Estados Unidos para añadir una nueva página al tocho de los self made men.

Sin embargo, García Pelayo, el autor de la frase entrecomillada que citaba al principio, es todo lo contrario de un trilero político, de un embaucador de almas. Candidato número uno para figurar en una reedición apócrifa de la Historia de los heterodoxos españoles de Menéndez y Pelayo; genio recientemente reivindicado del cine español vanguardista (sus películas Vivir en Sevilla y Manuela se pueden encontrar en Youtube), empresario total que lo mismo apadrina grupos de rock andaluz, apodera toreros o encuentra métodos para romper la banca de los casinos, García Pelayo es una muestra de los empresarios de fuste que, como decía Schumpeter, lideran la innovación haciendo que el capitalismo sea un movimiento intrínsecamente revolucionario al apostar por la destrucción creativa.

Porque está más cerca del talento iconoclasta y emprendedor de Sheldon Adelson que del espíritu burocrático e inquisitorial de Tomás Gómez, García Pelayo quiere que nos intervengan los empresarios norteamericanos. Para que se abran mercados, se creen oportunidades de negocio, se ofrezcan empleos y, en definitiva, la economía sea más dinámica y competitiva. Del mismo modo que algunos estamos deseando que nos intervengan (esta vez sin cursivas) desde Europa para que el caciquismo enquistado en la clase política española deje de parasitar a una sociedad civil que es incapaz, porque le han robado todos los mecanismos de autonomía, de liberarse por sí sola de una casta política que vive de cebar un Estado fofo y chocho, al que puede saquear impunemente a través del poder arbitrario para elevar los impuestos y emitir deuda en su propio beneficio.

Sheldon Adelson y Angela Merkel son la cara y la cruz de una misma moneda: la racionalidad del mercado y del estado que nos libere, al fin, de las sectas medievales (listas cerradas, vasallaje, corrupción y caudillismo) que dicen llamarse partidos políticos.

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