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La amarga medicina de Merkel empieza a curar los PIIGS

Los países periféricos están recuperando, poco a poco, competitividad gracias a la devaluación interna. Pero quedan retos por delante.

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Los países periféricos están recuperando, poco a poco, competitividad gracias a la devaluación interna. Pero quedan retos por delante.
Angela Merkel | Archivo

Desde que estalló la crisis de deuda, los países más débiles de la zona euro están registrando un ajuste inédito, al menos en lo que se refiere al sector privado. La pertenencia a la moneda única y la medicina recetada por Alemania imprime a las economías periféricas una disciplina similar a la que en su día exigía el ya desaparecido patrón oro. Así, la imposibilidad de devaluar sus respectivas monedas obliga a los gobiernos a aprobar reformas estructurales y aplicar ajustes fiscales para, por un lado, ganar competitividad y, por otro, reducir el déficit público.

En crisis precedentes, lo normal era que los distintos gobiernos optaran por devaluar su moneda nacional para ganar competitividad externa, encareciendo las importaciones y abaratando las exportaciones, a costa, eso sí, de empobrecer de forma lineal, a la par que soterrada, a toda la sociedad. Sin embargo, la actual coyuntura supone un hecho histórico, ya que la amarga receta de los ajustes -sin devaluar la moneda- comienza a dar resultados en lo que respecta a la mejora de la competitividad.

La medicina Merkel consiste, básicamente, en imponer la devaluación interna -caída relativa de precios y salarios- a base de flexibilizar la economía y apostar por la austeridad presupuestaria, en línea con la política de reformas que aplicó Alemania a principios del presente siglo.

A cambio, Berlín ha permitido que las autoridades comunitarias pongan en marcha dos mecanismos que, en la práctica, ejercen como prestamistas de última instancia para evitar el colapso de bancos y estados: en primer lugar, el Banco Central Europeo (BCE) ha sustituido al mercado interbancario para proveer de liquidez casi ilimitada al sistema financiero de los países más débiles; en segundo lugar, Bruselas ha creado dos fondos (EFSF antes, ESM ahora) para rescatar estados insolventes, con el respaldo también del BCE (programa de compra de deuda, OMT).

Así pues, por el momento, Merkel se ha impuesto a los líderes europeos que pedían mutualizar la deuda periférica, tanto soberana como bancaria, a través de una integración económica y fiscal que todavía se vislumbra lejana, al tiempo que se ha evitado la ruptura del euro.

Los países periféricos, por su parte, se ven obligados, en mayor o menor medida, a acometer los ajustes exigidos. En un primer momento, esto se traduce en recesión y aumento del paro. La caída de la economía actúa así a modo de resaca para tratar de depurar los excesos y errores de inversión propios de la burbuja crediticia previa. Desde 2007, la renta per cápita ha descendido en los países periféricos, no así en Alemania, tal y como muestra el siguiente gráfico.

Por su parte, las reformas estructurales están logrando aumentar la competitividad económica de los denominados PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), lo cual se refleja en la reducción e incluso práctica desaparición del déficit por cuenta corriente. De hecho, la balanza comercial conjunta de Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España registró superávit por primera vez en 2012 desde la entrada en el euro.

Asimismo, los costes laborales unitarios también han empezado a caer en los periféricos, reduciendo así la brecha de competitividad existente entre el norte y el sur de Europa.

Grandes riesgos por delante

Así pues, la receta de la devaluación interna funciona. Poco a poco, las economías más débiles del euro están purgando sus errores y ganando la competitividad perdida durante la burbuja crediticia. El problema, sin embargo, radica en la lentitud de las reformas y, sobre todo, en las reticencias que muestran algunos gobiernos, tanto españoles como europeos, para reducir de forma drástica el gasto público, apostando de forma firme por la austeridad.

Los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) siguieron a rajatabla la medicina de Merkel y, tras dos años de dura recesión, ahora lideran el crecimiento de la UE. Algunos gobiernos de los PIIGS, sin embargo, no han seguido la receta con la misma intensidad, de modo que el retraso de los ajustes y las reformas se está traduciendo en una crisis prolongada, cuyo riesgo radica en el rechazo y hartazgo de los votantes. Así, si bien es cierto que los periféricos están recuperando competitividad no lo es menos que, hoy por hoy, la necesaria austeridad pública está aún lejos de alcanzar sus objetivos.

Este histórico proceso de saneamiento cuenta, pues, con riesgos por delante, tales como el rechazo explícito de los votantes a la medicina de Merkel (Italia o Grecia) o las reticencias de los gobiernos a cumplir con los deberes exigidos. En este sentido, cabe recordar que Francia pidió esta misma semana a sus socios europeos suavizar las políticas de consolidación fiscal para apostar por los estímulos económicos (más gasto público). "La austeridad ha fracasado en Europa, ésta es la salida", según el ministro galo de Finanzas, Pierre Moscovici. Asimismo, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirmó también esta semana que España está sufriendo las consecuencias de la política de austeridad "suicida" que aplica Europa, por lo que pidió un cambio de rumbo, sobre todo de los países del norte hacia los del sur. Incluso el Fondo Monetario Internacional se decanta por suavizar la austeridad fiscal en la zona euro.

Por ello, Merkel apenas cuenta con el apoyo de algunos socios europeos, como Finlandia y Holanda, el BCE y la Comisión Europea para mantener la senda seguida hasta el momento. El vicepresidente económico de la Comisión Europea, Olli Rehn, volvió a señalar el viernes que el estímulo fiscal "no es la respuesta".

"El reequilibrio que está en marcha en la actualidad es ante todo el reflejo de los desequilibrios acumulados en la década anterior a la crisis, alimentados por burbujas de crédito en países como Irlanda, España y Reino Unido o por una acumulación de niveles insostenibles de deuda en el sector público en Grecia o Italia", subrayó Rehn. Por ello, "sean cuales sean los motivos iniciales de la acumulación de deuda, hoy es esencial que los Gobiernos afronten el problema a través de la consolidación fiscal", al tiempo que se mantiene "el impulso de las reformas estructurales".

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