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El Dr. Sánchez y la economía L'Oréal

Sánchez piensa que todo va a salir bien porque él lo vale, a pesar de que las leyes de la economía siempre acaban imponiéndose.

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Imaginemos el siguiente diálogo entre el presidente del Gobierno y un entrevistador imaginario.

  • Dr. Sánchez, aumentar el salario mínimo encarece la contratación; ¿por qué cree que no se resentirá la creación de empleo?
  • Porque yo lo valgo.
  • Su gobierno plantea un objetivo de déficit fiscal similar al de los populistas italianos; ¿por qué piensa que eso aquí no tendrá consecuencias negativas?
  • Porque yo lo valgo.
  • Pese a que las Administraciones Públicas llevan once años gastando más de lo que ingresan, usted quiere aumentar los impuestos, pero no para reducir el déficit más deprisa, sino para gastarlo todo. Ese no es un mensaje de prudencia fiscal, sino todo lo contrario; ¿por qué imagina que eso no dañará la confianza de los agentes económicos?
  • Porque yo lo valgo.
  • La economía española necesita mantener un superávit en su cuenta corriente del balance de pagos para reducir su deuda exterior, pero usted sube los impuestos (resta competitividad) y quiere revertir la reforma laboral (aumentarían los costes de producción), justo en el mismo momento en que se encarece el petróleo; ¿por qué supone que el superávit exterior de España no peligra?
  • Porque yo lo valgo.

Este diálogo, que podría extenderse mucho más, siempre con la misma respuesta, es imaginario. Pero no puede descartarse que, palabra más, palabra menos, sí se haya producido en la cabeza del Dr. Sánchez. Así, seguramente sin ser consciente de ello, el economista presidente del Gobierno ha creado una nueva escuela de pensamiento económico: la economía L'Oréal.

La misma es muy simple, pero contundente. Su versión coloquial podría ser: "Va a salir todo bien porque te lo digo yo". De golpe, como por arte de magia, todas las restricciones que plantea la economía quedan borradas de un plumazo. Una ciencia donde las restricciones lo son todo queda simplificada al extremo. Quien formula la política económica adquiere una sensación casi omnisciente. En pocas palabras, con la economía L'Oréal todo es posible, porque el Dr. Sánchez lo vale. El límite es el cielo.

Hay un pequeño inconveniente. Todos los buenos libros de economía alcanzan conclusiones distintas a las de esa visión de la economía que, según se mire, puede resultar ingenua, estúpida o irresponsable. El Dr. Sánchez puede haberlo olvidado, pero encarecer los costes de producción, subir los impuestos y subestimar la necesidad de preservar la confianza de los agentes económicos no suele ser gratis. Es algo que suele pagarse con menor actividad y empleo de los que se podrían alcanzar.

La economía española mejoró mucho en los últimos años, pero aún es vulnerable. De un paciente en situación terminal, que es lo que dejó ZP, pasamos a otro, tras seis años de esfuerzos, que salió del hospital para seguir un tratamiento ambulatorio. Es decir, no está dado de alta. La Comisión Europea evalúa el desequilibrio macroeconómico sobre la base de catorce indicadores. De ellos, España aún tiene cinco mal, lo mismo que Portugal; Grecia, cuatro; Italia, tres; Alemania, Bélgica, Holanda y Francia, dos.

Sin embargo, Pedro Sánchez ha decidido suspender el tratamiento ambulatorio, convencido de que no es necesario, gracias a su particular enfoque: la economía L'Oréal. Si las cosas se tuercen, podría consultar a un curandero, pero no al médico, de quien desconfía. Ya sabemos el final de esta historia: la culpa será de los bancos, los capitalistas salvajes, los especuladores, "las derechas", los empresarios y/o las multinacionales. Incluso habrá algunos que lo crean.

Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)

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