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Domingo Soriano

Lo llaman "plan de recuperación" porque decir "rescate" suena poco "resiliente"

Será un fiasco, como lo fueron los de 2010-15 para Grecia o Italia. Pero que no nos engañen: lo miremos como lo miremos, esto es un rescate de manual.

Domingo Soriano
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Será un fiasco, como lo fueron los de 2010-15 para Grecia o Italia. Pero que no nos engañen: lo miremos como lo miremos, esto es un rescate de manual.
El primer ministro portugués, Antonio Costa; la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, este sábado en Oporto. | EFE

"Rescate" es un término positivo. Un secuestrado, en el zulo en el que le retienen, quiere que aparezca la Policía. Un tipo que se ha caído al agua pide que le lancen el salvavidas. Un excursionista perdido en la montaña se pasa el día mirando al cielo, esperando ver el helicóptero de la Protección Civil.

En la UE, sin embargo, tras la crisis de deuda soberana de 2010-2015, es una palabra maldita. Suena a hombres de negro, a exigencias, a austeridad. Y parece que esto no gusta. Ni los tipos que controlan, ni que se exija algún compromiso a un país que recibe ayuda millonarias de sus socios, ni contener el déficit público. Así que no se puede decir "rescate".

Y como no se puede decir, en este 2021 no se dice. Se mueve como un rescate, maúlla como un rescate, salta como un rescate...pero que nadie use la definición maldita. "Resc..." ¡¡NO!! La UE ya no rescata, ahora impulsa "planes de recuperación y resiliencia", que queda como más bonito.

También les digo que no termino de comprender la mala prensa de los rescates entre los anti-austericidas y los keynesianos. Si alguien quiere más gasto público, descontrol con el déficit y pocas exigencias, los rescates de la UE deberían estar en el número 1 de su playlist de políticas públicas. No hay más que ver lo que ocurrió con Grecia entre 2010 y 2015: promesas de ajuste del déficit incumplidas, pocas reformas, engaños a mansalva... y dinero fluyendo de Bruselas hacia Atenas como si no hubiera un mañana.

O lo que ha pasado en España, que está rescatada de facto desde 2012 a través del Banco Central Europeo. Porque eso y no otra cosa es un rescate: financiar a un país que no tendría acceso al mercado (o lo tendría a un coste muy superior) si no estuviera respaldado por sus socios de la Eurozona. ¿Y qué hemos hecho a cambio? Deshacer la reforma de las pensiones y cumplir el objetivo de déficit un año en una década. Estos hombres de negro tendrán un mote impactante, pero meten muy poco miedo.

Tras conocer los primeros avances del plan de Sánchez, se intuye que lo que nos temíamos tiene muchas posibilidades de transformarse en una realidad. (1) Bruselas va a soltar la pasta sí o sí. Nos van a regar de dinero sin meterse demasiado en cómo lo gastamos. Y el Gobierno va a repartir dinero a mansalva a cualquier empresa amiga que ponga la palabra "renovable" en su logo y a cualquier ayuntamiento donde el PSOE necesite unos pocos votos para las próximas municipales. (2) Al primer ministro holandés (o alemán o austriaco) las reformas en España le importan de aquella manera. Lo que quiere, como mucho, es que cuadremos algo (poco) el déficit y, si puede ser, con recortes en las pensiones, que es algo que parece llamativo y fácil de vender a su electorado. Más allá de esto, cómo organicemos el Presupuesto le trae bastante al pairo. Y si el Gobierno destroza la economía española con impuestos y contra-reformas en el proceso, pues no moverán una ceja mientras eso no les suponga perder un voto en sus próximas elecciones regionales.

Además, lo del acento en las reformas (rescate de 2021) frente a la obsesión con el déficit (rescate de 2012) es más cosmético que real. A la hora de la verdad, lo único concreto que el Gobierno ha puesto hasta ahora sobre la mesa son decenas de subidas de impuestos y recortes para las pensiones del futuro. Pagaremos más por cotizaciones, menos beneficios fiscales en el IRPF, Impuesto de Sucesiones y Patrimonio, diésel, matriculación, peaje, electricidad, plástico, Tasa Tobin, Tasa Google, Sociedades... ¿80.000 millones? Por ahí andará el objetivo.

Por cierto, que esto es lo más "austericida" y anti-keynesiano que nos podamos imaginar. No es que yo sea muy fan del economista británico. Pero creo que lo último que Keynes recomendaría para salir de una crisis es una subida fiscal como la que nos espera. Lo de tirar el dinero enganchando placas solares a los focos de las pistas de pádel del Plan E sí lo aplaudiría, por muy absurdo que sea. Pero meterle un rejonazo fiscal a los contribuyentes en plena supuesta recuperación... eso no está en ningún manual de ortodoxia multiplicadora.

Porque, además, no es la única opción. A una mano te llegan 70.000 millones de Bruselas, que gastas desde La Moncloa, decidiendo quién va a ganar y quién no, quién los merece, qué tecnologías tendrán éxito o qué infraestructuras España (no) necesita mejorar. Es la fatal arrogancia, una vez más. Arrogancia "resiliente", "inclusiva" y "sostenible"... pero con las mismas consecuencias.

Mientras, para compensar, con la otra mano le metes una subida fiscal a tus ciudadanos de 80.000 millones. Tampoco hay que ser un genio para ver que se podía haber hecho al revés: dar un alivio fiscal (incluso temporal, si se quiere) por el montante que aporte Bruselas, incluso aunque ese alivio hubiera consistido simplemente en no subir impuestos en estos años de déficit disparado. Y esperar a que el crecimiento fuera comiéndose poco a poco los números rojos. El gasto llegaría igual a la economía real. Pero llegaría a los proyectos que los ciudadanos consideren más útiles. Que el multiplicador es el mismo, pero la diferencia es que ya no lo controlan ellos.

Los sucesivos rescates de 2010-2015 fueron un fiasco en Grecia por lo contrario de lo que se dice. Ni se obligó al Gobierno heleno a cuadrar las cuentas a tiempo, ni se le presionó con las reformas necesarias. Y al final, cuando hubo que meter la tijera para contener el déficit, se hizo de la peor manera posible: subiendo impuestos a una economía que ya tenía unos problemas brutales de competitividad. Porque a los hombres de negro no les preocupaba la economía griega, sino los titulares en Bruselas.

El rescate de 2021 para España marcha por la misma dirección. Pocas reformas y las pocas de las que se habla, inconcretas y con pinta de que no saldrán adelante. Si acaso, se desandará el camino en la reforma laboral, de lo poco bueno que salió del único plan de cambio real que tuvo España, el que impuso por la vía de los hechos la la prima de riesgo entre el verano de 2011 y el de 2012.

Todo el ajuste llegará por el lado de los impuestos, sin un sólo recorte de verdad, de los que tocan la grasa que sobra, que es mucha. En el lado de las reformas, lo poco que se promete queda fiado a la palabra de un Gobierno muy poco fiable, con tensiones entre sus miembros, y que se irá haciendo todavía menos fiable según se acerquen las próximas elecciones.

Los rescates fueron un fiasco en 2012 en Atenas, en Madrid y en Roma. Y los de 2021 volverán a serlo. Aunque el esquema es el mismo, esto es un rescate de manual. Que no nos engañen: grandes transferencias de dinero de unos países a otros a cambio de promesas de reformas y ajustes. A ver si no, a cuento de qué, iba a estar este Gobierno, en este momento y con las encuestas en contra, con la cantinela de los impuestos. Que sí, que entonces había MoU y ahora hay Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. El mismo perro con distinto collar. ¿Que no se cumplirán las promesas? Tampoco se cumplieron entonces. Pero si a uno le llamamos "rescate", por qué no al otro. ¿No será porque éste le toca a un Gobierno de izquierdas? Otra de esas preguntas sin respuesta...

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