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Jorge Vilches: "Sánchez teje una red clientelar de subvenciones y paro para seguir en el poder"

Almudena Negro y Jorge Vilches presentan su nuevo libro, La tentación totalitaria, que advierte sobre la peligrosa deriva del "sanchismo".

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Almudena Negro y Jorge Vilches presentan su nuevo libro, La tentación totalitaria, que advierte sobre la peligrosa deriva del "sanchismo".
Pedro Sánchez, en un acto en Oporto | EFE

La periodista y diputada de la Asamblea de Madrid Almudena Negro y el politólogo Jorge Vilches publican La tentación totalitaria, un nuevo libro sobre la deriva totalitaria del gobierno de Pedro Sánchez, disponible en Almuzara (Marcial Pons). El ensayo explora la estrategia de acumulación de poder y cambio de régimen que pretende consolidar el actual Ejecutivo, explorando su vertiente propagandística, su campaña contra la independencia de las instituciones o su nefasta agenda económica.

P: La batalla de Madrid ha sido fundamental para poner de manifiesto lo que está en juego.

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JV: El gran acierto de Isabel Díaz Ayuso y del PP de Madrid ha sido conectar un principio crítico como es el de la libertad con la vida cotidiana de la gente. A veces el término genera miedo, inseguridad… pero en el ecosistema que se ha creado en Madrid resulta evidente que la libertad no es un concepto vago, sino una idea que se lleva a la práctica y que tiene efectos reales en campos como los impuestos, la educación, la sanidad... pero también las facilidades para hacer negocios, para emprender, para trabajar. A la izquierda le gusta caricaturizar todo, por ejemplo dice que el mérito de Ayuso ha sido facilitar que la gente vaya a los bares, pero realmente hay mucho más detrás de eso, hay empleo y elección personal. Ojalá ese modelo tenga impacto en toda España.

AN: El pensamiento único de la izquierda ha creado una atmósfera colectivista en España. Los políticos están todo el día diciéndonos cómo tenemos que vivir, qué tenemos que pensar… y todo se paga con más y más impuestos. Esas ideas no traen progreso, son el regreso al pasado. En plena pandemia, los dos modelos han chocado frontalmente. El "sanchismo" nos quiere encerrados en casa y sumisos ante el poder. El liberalismo madrileño apostó por la libertad. Y los españoles lo saben. Han llamado a sus familiares o amigos de Madrid y por eso saben que aquí se podía salir a la calle, abrir la hostelería y los comercios… y todo conciliando esa apuesta económica con la protección y la seguridad sanitaria. Aquí se trató a los españoles como mayores de edad.

P: En el libro se preguntan cómo muere la democracia. ¿Tan mal estamos?

JV: Lo que hacemos en el libro es describir el alma totalitaria de la izquierda, que se nutre del supremacismo moral (con el consecuente rechazo al principio de igualdad y al ideal de pluralismo) y del constructivismo (su proyecto político es pura ingeniería social). Sus ideas se limitan a regañar a la gente, a corregir a la gente, a decirle a la gente lo que tiene que hacer. Irene Montero ha declarado recientemente que los impuestos no son solamente para recaudar, sino que también están para educar a la gente. Detrás de todo eso subyace una voluntad de acaparar todo el poder. Por eso se ocupan de controlar las instituciones, de colonizar con gente afín a ellos todas las capas de la Administración. Lo vemos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en el Ejército, en la Justicia… y también en los medios públicos de RTVE, en el CIS… El asalto al CGPJ es lo más grave. Pretenden imponer una Justicia Moral, esa que condena en los platós de televisión o en manifestaciones callejeras. De modo que los jueces imparciales que se limitan a aplicar la ley les sobran, por eso van a por ellos. Los ataques a la libertad de prensa son evidentes. No está solo en las ruedas de prensa, limitadas y controladas, que imparte Sánchez, sino que también lo vemos en la persecución que sufren aquellos periodistas que se desmarcan de las ideas oficialistas. Buscan controlar el relato de forma absoluta, sin que quede espacio ni margen alguno para la disidencia.

AN: Pretenden cambiarnos la Constitución por la puerta de atrás y para ello es fundamental socavar los pilares de la democracia. A nadie escapa que el régimen del 78 se sostiene sobre los pilares de la monarquía. Por eso el gobierno de Sánchez no ha parado de atacar a Felipe VI y por eso el primer proyecto de Pablo Iglesias tras su salida de la escena política consiste en producir, junto a Jaume Roures, una serie contra la monarquía. Si tumban al Rey, ya habrán logrado todo el poder. Por eso necesitan blanquear lo que fue la II República y emplear aquel experimento tan nefasto como el precedente para un nuevo régimen controlado por ellos.

P: Sánchez parecía un gobernante omnipotente, pero las encuestas empiezan a cuestionar su liderazgo. ¿Se están cansando los españoles?

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AN: Las encuestas muestran que el desencanto de los españoles con el gobierno de Pedro Sánchez ha ido en aumento durante el último año. Cada vez hay más gente que entiende que tenemos al peor gobierno en el peor momento posible. Desde el inicio de la pandemia, Sánchez no ha parado de engañar a los españoles. Primero dijo que apenas habría casos de coronavirus y hemos tenido un exceso de mortalidad de más de cien mil fallecidos. Luego afirmó que saldríamos más fuertes y el empleo y el PIB se desplomaron. Este año intentó convencernos de que tendríamos veinte millones de personas vacunadas en primavera y estamos a años luz de esa meta. La gente se da cuenta de eso y lo que ha pasado en Madrid supone un antes y un después, porque ha sacado a la luz lo peligroso que es el socialismo y lo bien que funciona el liberalismo.

P: En clave económica, su agenda se basa en subidas y subidas de impuestos.

JV: En el libro explicamos que la izquierda tiene un planteamiento arcaico de la política pero también de la economía. El ciclo económico socialista, tal y como estamos viendo una y otra vez, es perfectamente predecible. Ante cualquier situación de crisis, lo que hacen los socialistas no es tratar de administrar mejor los recursos, sino disparar la presión fiscal para descargar el esfuerzo sobre las empresas y las familias, lo que genera un círculo vicioso que solo empobrece más a la gente y conduce a nuevas subidas de impuestos. El gobierno tan negligente que lidera Sánchez utiliza la presión fiscal para cambiar a la sociedad, en varios sentidos. Por un lado, sus tasas pretenden ajustar las costumbres y el pensamiento de la gente, a través de "impuestos verdes", de los nuevos impuestos sobre la circulación en carreteras y autovías y de otros gravámenes. El plan de "rescate" europeo solo incide en esta ingeniería económica financiando nuevos programas de gasto orientados a cambiar al hombre y a la sociedad. La izquierda quiere una red clientelar de subvenciones y desempleo que perdure su estancia en el poder.

P: ¿Europa es un freno ante la deriva totalitaria que describe el libro?

AN: El problema es que Europa solo interviene en casos muy graves, como lo del CGPJ. Sin embargo, no toda la deriva totalitaria se canaliza mediante cambios tan radicales, sino que a menudo se materializa a través de cambios graduales que no llegan a trascender a nivel comunitario. Al final, la Unión Europea ha mirado hacia otro lado más de una y dos veces, de modo que no podemos fiar todo a su actuación. Tenemos que salvarnos nosotros mismos.

P: El estado de alarma dio pie al Estado de propaganda.

JV: La izquierda está instalada en la posverdad, es decir, en la propagación de mentiras que permitan arrinconar sistemáticamente al enemigo político. Pedro Sánchez ha basado en ello su carrera política, todo su recorrido es pura mentira y pura manipulación. Pero el electorado de izquierdas, consciente como es en muchos casos de esta deriva, llega al extremo de apoyar semejantes prácticas, puesto que entiende que es necesario para que no gobierne la derecha. Pablo Iglesias y Podemos han cultivado también este tipo de ofensiva, que bebe mucho de cultivar las emociones. El libro habla de esa técnica como un paso crucial hacia el totalitarismo, en la medida en que permite acorralar y señalar al disidente.

AN: Luego está el tema de las fake news, es decir, las noticias falsas de toda la vida. Jean Francois Revel ya escribió que la batalla por la verdad se libra, a menudo, en el terreno de la propaganda. Pues bien, en la actualidad vemos que los medios de comunicación son, a menudo, un campo fértil para la propagación de fake news, sobre todo porque muchos de estos medios están controlados por la propaganda institucional. Es muy revelador que Podemos haya impulsado una cloaca como La Última Hora, que básicamente no es más que un portal de mentiras en el que continuamente se propaga todo tipo de bulos y ataques contra aquel que critique a la izquierda. Ya no solo es que critiquen a Jiménez Losantos, es que incluso si García Ferreras le hace alguna pregunta incómoda a Pablo Iglesias también le acaban atacando, por mucho que haya sido una pieza clave a la hora de dar espacio mediático a la izquierda radical. Y a todo esto hay que sumarle la degradación del periodismo, con redacciones llenas de activistas que no pretenden contar lo que sucede sino cambiar el mundo.

JV: Los totalitarios necesitan que la ciudadanía pierda la noción de lo que es la realidad y lo que es el relato. Y el relato no tiene por qué estar anclado en la realidad, sino en aquello que genera votos. Por eso propagan tantas mentiras, porque quieren embarrar la escena política, generando una avalancha de noticias en la cual un escándalo clave del gobierno acaba perdiendo peso informativo ante la concatenación de publicaciones.

AN: En esta campaña hemos vivido, por ejemplo, una campaña de intoxicación muy peligrosa sobre la posibilidad de que se diese un "pucherazo" en el voto por correo. Hemos intentado combatirlo, pero mucha gente biempensante se lo tragó todo, por mucho que los hechos demuestran que el sistema electoral es seguro.

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