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Diego Barceló Larran

La "compra local" o cómo pegarnos un tiro en el pie

El "compra local" es la nueva cara amable y "cool" del proteccionismo, y por eso es una propuesta destructiva como pocas.

Diego Barceló Larran
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El "compra local" es la nueva cara amable y "cool" del proteccionismo, y por eso es una propuesta destructiva como pocas.
Nuevo lío de Alberto Garzón: la compra local | Alamy

Arnold Schwarzenegger grabó un breve vídeo, que se compartió en Twitter, recomendando tres cambios de hábitos para ser parte de la "solución climática":

  1. Olvidarse del plástico
  2. Comprar productos locales
  3. Consumir menos carne.

Nuestro ministro de Consumo, Alberto Garzón, retuiteó con entusiasmo los consejos del protagonista de Terminator.

No sé qué resulta más patético: si un comunista retuiteando a un republicano anticomunista o un exgobernador de California (¡el mismo cargo que ocupó Ronald Reagan!) promoviendo el proteccionismo y pidiendo comer menos carne como "solución climática", mientras China, entre otros, contamina sin restricciones.

Entiendo que muchos se sumen al llamado a comprar productos locales porque eso convenga a sus negocios particulares. Sin embargo, es una temeridad que va contra los intereses de todos. El "compra local" es la nueva cara amable y "cool" del proteccionismo, y por eso es una propuesta destructiva como pocas.

Los mismos que piden igualdad de oportunidades y dicen preocuparse por la pobreza en el mundo boicotean la principal herramienta de progreso con la que cuentan los países atrasados: el comercio internacional. Las exportaciones permiten a los países pobres aprovechar economías de escala, acceder a mercados mucho más vastos y conseguir las divisas necesarias para importar, por ejemplo, tecnología y medicamentos. El "compra local", por tanto, bloquea la salida del subdesarrollo.

Más allá de todos los argumentos vinculados con la eficiencia económica, el comercio internacional promueve la paz y el entendimiento entre los pueblos. Es impensable una guerra entre países que comercien mucho. Los que buscamos la paz en el mundo debemos, también por ese motivo, favorecer siempre todas las oportunidades posibles de acrecentar el intercambio comercial.

Aunque quieran presentarlo como algo responsable y moderno, el "compra local" implica una caída en el nivel de vida de todos. Si se llevara a la práctica, convertiría a nuestros supermercados en tiendas como las venezolanas o cubanas, donde falta de todo. Por ejemplo, en España no se podrían consumir vinos chilenos, ni merluza argentina, ni coco de Costa del Marfil, ni cacao, ni café, ni té. Llevado a un extremo, el "compra local" privaría a España del gas y el petróleo con el que cada día se genera gran parte de la electricidad con la que se mueven nuestras fábricas y nuestros hogares.

Una de las grandes aportaciones de la Unión Europea fue hacer de todo el continente un mercado común. Eso amplió el horizonte de los empresarios y liberó a los consumidores de tener que conformarse solo con lo que ofrecieran los productores de su país. El "compra local" pretende desandar esa obra y hacernos creer que la responsabilidad y la "conciencia ecológica" pasan porque cada país vuelva a encerrarse en sí mismo. La propuesta de comprar productos locales es contraria a los valores europeos y cercena una de las libertades fundamentales de la Unión.

Sin embargo, que un comunista promueva el "compra local" se entiende perfectamente. Ellos siguen pensando que los empresarios son explotadores y mantienen como objetivo final la abolición del capitalismo de libre mercado. Es decir, la abolición de la libertad para que cada empresario produzca lo que le dé la gana y que el consumidor elija lo que prefiera. El ministro Garzón, como todos sus camaradas, prefiere decidir él mismo qué y cuánto producir, y qué cosa debe tener cada consumidor. El "compra local" es un gran paso adelante para el comunismo, pues restringe las alternativas a disposición del consumidor, empequeñece la economía y facilita el control por parte del "soviet". No es exageración: Garzón y sus camaradas son gente a la que le parece bien lo que ocurre en Cuba y Venezuela.

Preocuparnos por la calidad del aire y el agua es algo evidentemente necesario. Pero nunca deberíamos aceptar que se recorten nuestras libertades (que al comunismo siempre le parecen excesivas) a cambio de un supuesto beneficio ambiental. Libertad y medio ambiente deben ir de la mano. Y si no, dejadnos con la libertad.

Diego Barceló Larran es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)

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