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EDITORIAL

Tambores de recesión... que el Gobierno ignora

Lejos de intentar poner remedio ante las alarmas internacionales que alertan de otra recesión, el Ejecutivo de Sánchez se está dedicando a ocultarlas vilmente.

Saltan las alarmas en las economías mundiales y España no podría estar en peor situación. Los estragos de la pandemia del coronavirus, la deplorable política monetaria y fiscal de los bancos centrales, la tormenta inflacionista o la invasión de Ucrania avivan los temores de que próximamente se desate una recesión a nivel internacional que afectará, sobre todo, a los territorios que peor desempeño económico hayan tenido tras la pandemia. Y difícilmente una economía podría haber exhibido una evolución tan nefasta como la española.

A nivel técnico, la recesión implica que el crecimiento de un país se sitúe en terreno negativo, al menos, durante dos trimestres consecutivos, escenario que muchos analistas ya consideran inminente en innumerables territorios. Fue en junio de 2020 cuando España entró en recesión con un dantesco desplome del PIB del 22%, que provocó una debacle en las finanzas del país. Tal fue el colapso en la economía nacional, que el PIB terminó cerrando el año con una caída que rozó el 11%, la mayor entre todas las economías desarrolladas.

Ya en 2021 el panorama siguió siendo igual desolador. La economía nacional apenas lograba crecer un 5,1% –menos de la mitad de lo perdido un año antes– lo que implicó otro nuevo baldón: ser el país europeo que más tarde en recobrar la riqueza destruida por la pandemia. Además, la recuperación, si es que llega en 2023, será más débil que la de nuestros socios y competidores.

Para colmo, con un 13,5%, España lidera la tasa de paro de la UE –es el doble que la media europea– y tiene una de las tasas de inflación más altas del Continente, así como uno de los niveles de deuda y déficit más desorbitados en comparación con los países vecinos. Pero este catastrófico escenario base no es más que el principio, ya que la situación se está agravando todavía más debido a que otros indicadores económicos nacionales han empezado a deteriorarse. El desboque los precios industriales, el frenazo del empleo o el hundimiento del consumo son algunas de las variables que empiezan a poner la piel de gallina a todos los organismos internacionales... pero no al Gobierno.

Y es que, lejos de intentar poner algún remedio al incremento de todas estas múltiples perturbaciones, el Ejecutivo de Sánchez se está dedicando a ocultarlas vilmente. Para el mendaz Gobierno que aseguraba que el coronavirus tendría "un impacto poco significativo" en la economía o que la inflación sería un "fenómeno coyuntural", España atraviesa ahora un periodo de bonanza económica que nadie en su sano juicio podría creerse.

El objetivo del Gobierno con este optimismo exacerbado, completamente ajeno a la realidad, no es otro que evitar tener que admitir su enorme responsabilidad en la situación en la que se encuentra España. Nuestro país debería estar preparándose para la inminente subida de tipos que drenará la liquidez del sistema, encarecerá los créditos y ralentizará todavía más el crecimiento. Sin embargo, Sánchez solo se dedica a alimentar una economía sostenida artificialmente por un gasto público desmedido. España se queda sin capacidad de respuesta. Prepárense para lo peor.

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