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Las trampas estadísticas con las que el Gobierno quita importancia a los datos del IPC

Esas tasas del IPC más bajas se explican por el hecho de que los niveles observados durante el último año han sido cada vez más altos

Esas tasas del IPC más bajas se explican por el hecho de que los niveles observados durante el último año han sido cada vez más altos
La ministra Nadia Calviño en el Senado | EFE

El dato definitivo del Índice de Precios al Consumo correspondiente al pasado mes de abril alcanzó el 8,3%, de acuerdo con la última nota difundida por el Instituto Nacional de Estadística. Al comparar este porcentaje con el 9,8% registrado durante el mes de marzo, no son pocas las voces afines al gobierno que han afirmado que la crisis inflacionista está remitiendo.

Es importante atacar desde la raíz esta narrativa, porque de lo contrario nos arriesgamos a terminar dando por bueno un escenario de precios a todas luces inaceptable. Así, hay al menos dos trampas estadísticas en las que se están apoyando el Ejecutivo de PSOE y Podemos y sus afines para vender la idea de que los precios se están moderando.

La primera tiene que ver con la misma naturaleza del IPC. Puesto que es un indicador interanual, el dato de abril compara los precios de 2022 con los de 2021, para así extraer conclusiones sobre el nivel de aumento que se ha producido en los bienes y servicios de referencia. Este ejercicio puede resultar especialmente problemático si no se explica con detalle.

Así, imaginemos que el IPC de abril subió un 50% en 2021, para luego aumentar un 10% en 2022. En este ejemplo, el dato de 2021 establece una comparativa con el año 2020 y refleja un fortísimo crecimiento interanual. En cambio, el dato de 2022 parece a priori más aceptable, porque el incremento producido es cinco veces menos intenso (10% vs 50%).

No obstante, es importante recalcar que el repunte del 10% registrado entre abril de 2021 y 2022 se da de forma acumulada sobre el incremento del 50% observado entre abril de 2020 y 2021. Por tanto, si comparamos los precios de abril de 2020 con los del mismo mes de 2022, estamos ante un encarecimiento acumulado del 65%. Expresados en base 100, los precios pasan de 100 a 150 en el primer periodo anual, para después subir a 172,5 en el segundo ejercicio.

De modo que la moderación del IPC que empezaremos a ver en los próximos meses del año 2022 no representa un proceso de deflación que compense el encarecimiento generalizado de los precios en 2021 y, por tanto, no permitirá recuperar el poder adquisitivo perdido. Más bien, seguiremos viendo cómo la inflación aumenta, solo que lo hará a tasas interanuales más bajas. Y esas tasas más bajas se explican precisamente por el hecho de que los niveles observados durante el último año han sido cada vez más altos, de modo que la comparativa interanual producirá tal efecto. Ese "efecto base" puede llevarnos a engaños que debemos evitar.

Ignorando el IPC subyacente

Hay, además, otra trampa en las estadísticas de inflación. El IPC no solo se compone de su medición general, sino que incorpora también un cálculo subyacente que excluye del análisis a los alimentos no elaborados y a los productos energéticos. Dicho indicador no solo no muestra síntomas de relajación, sino que subió con fuerza en abril de 2022, pasando del 3,4% alcanzado en marzo al 4,4% anotado en el indicador interanual para el cuarto mes del año.

Ese 4,4% es el valor más alto que se alcanza desde finales de 1995 y pone de manifiesto que el problema de los precios va mucho más allá de problemas coyunturales como el que se está dando en el ámbito de la energía. De modo que, al vender la relajación de la subida de los precios como una bajada y al dejar a un lado el cálculo subyacente, el gobierno incurre en dos trampas estadísticas que solo tienen el propósito de quitarle importancia al gravísimo problema de inflación que sufre España.

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