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Sergio Brabezo

Te va a doler un poquito: tres casos graves de inflación

La diferencia de la inflación actual es que ahora no lo pagaremos solo con dinero sino también con paro, pobreza y dolor.

La diferencia de la inflación actual es que ahora no lo pagaremos solo con dinero sino también con paro, pobreza y dolor.
Centro comercial | Alamy

Después de apretar tu hombro de forma cariñosa, te mira a los ojos y te dice con voz calmada, "ahora te va a doler un poquito". Esa es una de las frases que más tememos de nuestro médico porque sabemos qué significa eso: dolor. Mutatis mutandis para frenar la inflación, una terrible enfermedad económica que puede llegar a matar una economía entera, solo es posible erradicarla mediante acciones que provocan dolor a los ciudadanos tal y como nos ha enseñado la historia reciente.

Veamos cómo se ha actuado en tres casos graves de inflación:

La gran inflación de Estados Unidos

La primera economía del mundo era incapaz de controlar aumentos de precios sostenidos de más del 10% por año. Todo ello cambió con la administración Reagan (1981–1989) porque consiguió acabar con la inflación desbocada y estructural del país. En este caso, el cirujano de urgencias que salvó al paciente fue Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal. Volcker subió el tipo de interés hasta el 22% anual cuando la inflación registrada llegó al 14,8% en marzo de 1980. Pocos meses más tarde, Reagan puso en marcha diferentes medidas liberalizadoras que permitieron la competencia empresarial. El resultado fue que las empresas compitieron a la baja en los precios de los bienes y servicios ofertados a los ciudadanos.

La crisis del petróleo que impactó a la España de la Transición

En 1973, los países productores de crudo, agrupados en la OPEP, decidieron limitar las exportaciones de combustible a los países que apoyaron a Israel en la Guerra de Yom Kipur. Debido a la política de subvenciones del gobierno español al consumo de petróleo, no se sufrió el golpe inflacionista hasta 1977, cuando la inflación media llegó al 26%. Para rebajar la crítica fiebre inflacionista fueron necesarios los Pactos de la Moncloa. Así, el Banco de España registró un aumento de los tipos de interés que llegaron al 22%. Este es un caso de inflación de costes que otros países sortearon con modernizaciones de su mercado interno, pero que España no quiso implementar en ese momento. Como consecuencia, nuestro país sufrió proceso de desindustrialización devastador años más tarde.

La inflación inducida por la incompetencia felipista

Los sobrevalorados y siempre enfrentados entre sí Josep Borrell y Carlos Solchaga, empujaron la inflación subyacente hasta el 7,3%. Lo peor de todo es que los socialistas llegaron a afirmar que no se podía hacer nada en materia fiscal y presupuestaria para controlar el desbocado aumento de precios que sufría España. Entre las medidas paliativas aplicadas destaca el tipo hipotecario utilizado entre 1983 y 1993 que se movió entre el 15 y el 10% durante todos los años. Y, por otro lado, la imposición de un tipo de cambio fijo que provocó la erosión de la economía interna española dejando en el paro a 4 millones de personas. A diferencia de Reagan, la resistencia de los socialistas a la modernización del mercado laboral y empresarial fueron las principales claves de su fracaso.

Esas experiencias, trasladadas a la realidad actual, muestran cómo los 140.000 millones de euros que la UE ha dispuesto para el Gobierno de Sánchez y la compra de deuda pública de España por parte del BCE no han sido gratis. La diferencia es que ahora no lo pagaremos solo con dinero sino también con paro, pobreza y dolor. Y parece que no aprendemos porque las borracheras de gasto público siempre generan una enfermedad económica llamada inflación que, todo indica, nos va a doler un ‘muchito’ poder curar si no actuamos inmediatamente.

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