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Los últimos pastores trashumantes de Soria: cuando las ovejas son mejores que los cortafuegos

Acompañamos día y noche a los últimos pastores trashumantes de Soria de camino a su destino final en las Tierras Altas.

Acompañamos día y noche a los últimos pastores trashumantes de Soria de camino a su destino final en las Tierras Altas.
Trashumancia, los últimos pastores de Soria de un oficio en desaparición

Desde los inicios de la humanidad el hombre ha realizado de manera natural un viaje siguiendo las rutas migratorias de su caza o buscando en los inicios de la ganadería los mejores pastos para sus animales. En 1273 el rey Alfonso X creó el Honrado Concejo de la Mesta de los Pastores de Castilla. Su principal función era evitar conflictos entre agricultores y ganaderos lo que se materializó después en una red viaria pecuaria: las Cañadas Reales y sus caminos menores. En el S. XV existían ya 3.200.000 ovejas trashumantes en toda la geografía española. Pero fue siglos después, en concreto 560 años después, en 1836, que el Concejo de la Mesta desapareció como tal.

La trashumancia ha marcado desde la antigüedad la vida tradicional en muchos lugares de España y sobre todo de las Tierras Altas de Soria dejando una huella que aún permanece, tanto en el paisaje como en las gentes.

A principios de este mes de julio, en los inicios de la ola de calor, durante tres días y noches (al raso) un millar de ovejas, acompañadas por sus pastores, iniciaban su recorrido trashumante en Soria llegando en camiones desde Trujillo (Cáceres) para finalizar tres días después en Oncala, donde también se celebró la fiesta de la trashumancia. En otra época, los pastores empleaban más de un mes para conducir sus rebaños, a pie sufriendo las inclemencias del tiempo y los contratiempos del viaje, desde Tierras Altas hasta los extremos del sur y viceversa.

Desde Soria capital, las ovejas parecen estar bien encarriladas en una salida rápida, a buen ritmo, atravesando carreteras bajo la atenta mirada de la Guardia Civil que previamente ha parado el tráfico, algunos pinares mezclados con encinares, guiadas y empujadas por un grupo de hombres, tres de ellos pastores trashumantes, más dos ayudantes para la ocasión y dos perros, (capítulo aparte de este oficio y bien tienen merecida su recompensa). Uno de los perros, joven, pequeño, raudo y veloz en su incansable tarea de amedrentar a los animales para que no se desvíen de su camino. El otro, de mayor tamaño, un mastín apagado por los años, veterano en la tarea de la trashumancia, aunque en su caso especializado en otear el horizonte en busca de los temidos lobos.

Acompañamos a los hermanos Pérez, de Navabellida, José María, Ricardo y Basilio, solteros, de una edad cercana a la jubilación. Son tres de los cuatro pastores que quedan en la provincia de Soria y de los pocos de toda España, hombres que han hecho de este oficio su vida. Sin relevo generacional en esta labor centenaria, ellos son los últimos de una especie en peligro de extinción, la de los trashumantes, que ahora es vista con curiosidad por muchos niños y jóvenes, aunque solo sea durante un día al año. "Siempre hemos estado juntos los tres", asegura Ricardo, el mediano de los tres hermanos, que también deja clara una apagada queja por el mal estado de las cañadas reales, incluso en esta parte de la geografía, más inaccesible y despoblada. Para hacer el recorrido a pie, cuenta, "tenemos un problema añadido, que no en todo el camino hay cañadas. En muchos tramos los agricultores han labrado la tierra, o se ha hecho obra de casas", detalla.

Preguntado por los nuevos pastores que salen de los cursos o el futuro de la trashumancia, el soriano no duda la respuesta: "Hay que estar por lo menos en un año haciendo este trabajo y en actividad", asegura. "En las escuelas de pastores te enseñan la teoría, pero no la práctica. El pastor nace, no se hace. No es lo mismo nacer entre las ovejas y convivir con ellas desde pequeño, que aprenderlo de mayor", finaliza.

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Para Ricardo, la trashumancia trae beneficios allá por donde pasa y es un trabajo muy gratificante. Para él y casi todos los ganaderos y agricultores las ovejas eran mejores que los cortafuegos de hoy en día, porque limpiaban el monte y comían el pasto. Ricardo lleva toda su vida con este oficio en el que es una generación familiar más, ya la última. "Aguantaremos igual dos años o así, por la edad que tenemos, pero somos unos románticos. Es verdad que la gente nos apoya, sobre todo los tres días de recorrido desde Soria a Tierras Altas, la prensa os interesáis, pero luego después nadie se acuerda de nosotros".

Además Ricardo añade que la trashumancia acarrea "muchos temas burocráticos para moverse de un lado a otro con los animales y eso no se dice. Desde la administración no se apoya y para los pocos que quedamos podían darnos un privilegio, pero no".

Fiesta trashumante

En Oncala se organiza cada año la fiesta de la trashumancia con la recreación del viejo oficio de pastor, desde el conteo y separación del ganado hasta la degustación de migas, pasando por un campeonato de esquileo.

La provincia de Soria llegó a tener más de 333.000 ovejas merinas en el siglo XVIII con más de 3.000 ganaderos trashumantes, según los datos de la Mancomunidad. En la actualidad, en Soria solo hay dos rebaños trashumantes, el de los hermanos Pérez Martínez, y el de Eduardo Rincón, en Los Campos, cada uno con un millar de merinas.

Ropa y comida del pastor trashumante

La ropa que llevaban los pastores durante los días de la trashumancia era en su totalidad de piel o lana: pantalón, chalecos, zagones y pellizas. Las pieles de oveja sin curtir servían para colchón, y con pieles se hacían sacos y bolsos, así como protecciones contra la lluvia. Los pastores también eran excelentes artesanos transformando productos naturales (pieles, cuernos, huesos, maderas, corchos, crines, etcétera).

El menú era bastante monótono y calórico. Desayunaban pan con el que se preparaban las migas acompañadas de manteca o grasa de oveja, pimentón y ajos. Durante el día algo de embutido o queso, y al anochecer, se comían alimentos calientes como patatas, legumbres o sopas y algo de pacharán casero o similar.

La Mancomunidad de Tierras Altas rescató hace más de 10 años esta actividad con la colaboración de las dos únicas ganaderías trashumantes que se mantienen en Soria para reivindicar y poner en valor esta actividad, explica la agente de desarrollo de la Mancomunidad, Raquel Soria. Una experiencia humana y de contacto con la naturaleza que para muchos es gratificante y evocadora de un tiempo pasado, donde la tranquilidad y el valor de la vida sosegada y austera era más apreciada.

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