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Diego Barceló Larran

Ahorro energético: ni energía ni libertad

Para asegurar el suministro de energía basta con quitar todas las trabas que limitan su producción y la libre compra y venta.

Para asegurar el suministro de energía basta con quitar todas las trabas que limitan su producción y la libre compra y venta.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Los socialistas piensan en la gente como una masa infantil, incapaz de tomar sus propias decisiones; creen que el gobierno debe "cuidarlas". Los demás sabemos que las circunstancias personales son infinitamente variadas y que cada uno sabe cuidar de sus propios asuntos mejor que cualquier gobernante.

Los socialistas creen que, ante cualquier problema, la solución debe encontrarse convocando a "expertos", para luego implementarla (imponerla) mediante un "plan". Los demás sabemos que normalmente no hay una única solución óptima y que es mucho más prudente aprovechar el pensamiento de muchísimas personas en lugar de restringirnos a lo que pueda pensar un puñado de mentes, por más "brillantes" que sean.

Las instituciones fundamentales que regulan la vida en sociedad (el dinero, los idiomas, las costumbres, el derecho) no fueron invenciones de nadie: surgieron de forma espontánea y evolutiva, aprovechando la experiencia y conocimientos de millones de personas a lo largo de muchas generaciones. Cuando los planificadores intentaron "mejorar" o hacer más "racional" alguna de ellas, el fracaso ha sido total (desde los bancos centrales, que por gestionar el dinero acaban siendo generadores de inflación, hasta idiomas inventados con pretensiones universales que no cuajaron).

El último ejemplo de la visión socialista de la sociedad son las medidas del gobierno para "ahorrar energía". Un caso que resume los fracasos de la planificación.

Todos los riesgos que tiene España en cuanto a su futuro abastecimiento de energía se deben a errores de planificación, que demonizaron la energía nuclear e impusieron el cierre acelerado de centrales térmicas, al mismo tiempo que impidieron la explotación del gas que hay en Burgos y Asturias, solo porque habría que extraerlo por la técnica del "fracking".

Si generar y vender electricidad fuera una actividad completamente libre, y su precio se fijara como el del pan o los muebles (es decir, sin regulaciones), es seguro que habría una capacidad de generación mucho más amplia y flexible, y que su precio sería más bajo. En el mercado libre, la rentabilidad de las distintas actividades tiende a ser la misma; es la regulación estatal la que crea privilegios.

El precio de la energía viene subiendo desde mediados de 2020. La gente, que no es tonta, ya viene ahorrando toda la energía que puede: poniendo lavadoras de noche, cambiando a lámparas LED, usando más la bicicleta, etc. Dos años después de que familias y empresas gestionen ese problema como pueden, aparece el gobierno con un "plan" de ahorro: una muestra de qué lejos está el gobierno de la realidad cotidiana.

El gobierno debería limitarse a intentar bajar el consumo energético del sector público, cosa que debería haber hecho hace tiempo. Pero como son socialistas, quieren imponer su idea a todos, al extremo de indicar los grados exactos a los que se puede poner la calefacción o el aire acondicionado. Lo de menos es el tema energético: si aceptamos mansamente este nuevo atropello a la libertad individual, lo próximo será nos digan qué canal de televisión ver, qué periódico leer o a qué hora acostarnos. ¿Parece exagerado? No olvidemos que ya aceptamos pasivamente que nos encerraran en nuestras casas durante semanas (de manera inconstitucional); por eso es que ahora, crecidos, intentan arrebatarnos el mando de nuestros electrodomésticos.

Para asegurar el suministro de energía basta con quitar todas las trabas que limitan su producción y la libre compra y venta. Si el precio fuera muy alto, también el incentivo para aumentar la producción sería máximo, con lo que tendería a bajar. Mientras tanto, el gobierno debería subvencionar a los que no pudieran pagar los precios elevados.

Un plan de ahorro energético por parte de un gobierno que ha planificado mal, que ha regulado mal y que ataca al sector inventándose impuestos ad hoc para expropiar supuestas ganancias "excesivas" (¡que son fruto de la propia regulación estatal!), no solo no será la solución, sino que empeorará el problema que, supuestamente, quiere resolver. Quitándonos, en el camino, otro trozo de nuestra libertad.

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