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Diego Barceló Larran

María Jesús Montero: envidia y resentimiento

Montero cree que el gobierno puede decidir arbitrariamente en cada momento cuánto te quita y cuánto deja en tus manos.

Montero cree que el gobierno puede decidir arbitrariamente en cada momento cuánto te quita y cuánto deja en tus manos.
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, 22 de septiembre en el Congreso. | Europa Press

"Es un buen momento para pedir un mayor esfuerzo a las grandes fortunas, a las energéticas, a la banca, a las eléctricas; en definitiva, a los que están teniendo un mejor resultado, o tienen más capacidad económica en detrimento de la clase media". Tal es una reciente declaración de María Jesús "Chiqui" Montero, la ministra de Hacienda.

Esas palabras son una síntesis excelente del ideario que guía a este gobierno: el Manifiesto Comunista. En efecto, Montero cree que los beneficios de unos (energéticas, banca) son la pérdida de otros ("la clase media"). Por eso dice "en detrimento". Montero equipara las ganancias empresariales con un robo, porque ella comparte la teoría marxista de la explotación, según la cual todo beneficio empresarial es una quita al valor creado por los trabajadores.

Que una ministra diga que las ganancias de unos son "en detrimento" de otros tiene también una consecuencia política: es una forma de excitar el resentimiento y, de allí, la división y el conflicto social entre "los pobres" y "los ricos".

La idea de que "es un buen momento para pedir un mayor esfuerzo" también refleja la concepción marxista: nada es tuyo, todo es de la comunidad. Por eso Montero cree que el gobierno puede decidir arbitrariamente en cada momento cuánto te quita y cuánto deja en tus manos.

Aunque muchos se empeñan todavía en llamar a este gobierno "socialcomunista", las palabras de Montero evidencian que están en un error. Este gobierno es, simplemente, comunista: está integrado por ministros abiertamente comunistas (Yolanda Díaz, Garzón, etc.), otros que promueven esas ideas (María Jesús Montero) y otros más que, con su presencia, lo avalan (Calviño, Escrivá, Robles, etc., a quienes se les aplica aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres"). Todos, para peor, bajo el liderazgo de un mentiroso sin escrúpulos.

En el mercado libre, las transacciones son voluntarias. Ambas partes, comprador y vendedor, lo hacen porque ganan. Así, toda ganancia empresarial en un mercado libre es doblemente legítima: surge de transacciones voluntarias que, además, también enriquecieron a sus clientes.

En cambio, no hay evidencia que respalde la hipótesis de que el socialismo actúe en favor de la clase media ni, menos aún, de los más necesitados. Sin embargo, que hay mucha gente que, sea por tradición familiar, sea por creer en la "igualdad", se considera socialista y lo hace de buena fe. Distinto es el caso de la dirigencia. Es muy difícil ser un dirigente socialista o comunista sin albergar una cierta dosis de envidia y resentimiento. El socialismo les da la oportunidad de dar rienda suelta a esos bajos instintos con la ventaja de hacerlo en nombre de la "justicia social".

El gobierno comunista de Pedro Sánchez ataca de manera continua y descarada el derecho de propiedad, piedra fundamental de la que parte cualquier camino hacia la prosperidad. El problema es que ese ataque no tiene el mismo impacto en todos los sectores de la sociedad; es mucho más dañino para los más pobres. El "rico" puede marcharse al lugar del mundo que prefiera para proteger lo que es suyo. Pero cuando el "rico" se va, y se lleva lo suyo, también se lleva puestos de trabajo y la recaudación tributaria que su actividad genera. Por el contrario, el currante es rehén del socialismo empobrecedor: no puede irse y tiene que depender, cada vez más, de las dádivas que el demagogo de turno tenga a bien entregarle.

El socialismo no solo es empobrecedor. Además, hace del currante algo cada vez más parecido a un esclavo y más diferente de un ciudadano.

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