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José María Rotellar

La preocupante evolución de la inflación subyacente

El Gobierno, en lugar de vivir alejado de la realidad, debe poner de su parte y reducir el gasto, eliminando todo el innecesario.

El Gobierno, en lugar de vivir alejado de la realidad, debe poner de su parte y reducir el gasto, eliminando todo el innecesario.
La tasa de inflación anual subió dos décimas en febrero, hasta el 6,1 % | EFE

El indicador adelantado del IPC de febrero publicado a finales de febrero -y que será confirmado mañana sin posibilidad de mucha oscilación, confirmó que la inflación no se frena, en contra de lo que el Gobierno viene publicitando desde hace meses, sino que el período inflacionista no cesa. Así, la tensión en los precios sigue siendo muy importante, no se ha relajado y encierra elementos muy preocupantes, aunque el Gobierno se empeñe en ir contra la realidad.

La subida constante de precios desde noviembre de 2020 puede que haya tenido algún falso llano, pero la tendencia sigue siendo alcista, cobrando este mes especial intensidad. De esa forma, en febrero, el IPC general se situó en el 6,1% interanual -dos décimas más que en enero, pese a partir de una comparación con un mes en el que había ya elevada inflación, como era febrero del pasado año. Sin embargo, lo más preocupante es la evolución de la subyacente, que sube otras dos décimas y crece hasta el 7,7% interanual, de manera que la inflación más preocupante, la más estructural, que es la subyacente, sigue creciendo, tras cruzarse con el índice general, que muestra cómo el alza de precios se ha enroscado de manera muy importante en toda la cadena de valor.

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Fuente: IPC. INE

Los alimentos siguen liderando la subida importante de los precios un mes más. El indicador adelantado no ofrece desagregación, pero ya en enero crecían un 15,4% interanual en la cesta del IPC. En el mes pasado, el pescado aumentó un 2,1% y la carne, un 0,6%. Ahora, vuelven a crecer y, según la nota del INE, lo hacen más que en febrero del año pasado -cuando crecieron un 5,6% interanual, y arrastran al índice hacia arriba, al igual que la electricidad, que sube este mes.

Si el IPC está subiendo un 6,1% interanual, con un 7,7% de subyacente, y los alimentos están por encima de un 15% de incremento, los productos básicos del día a día, en los supermercados, han subido mucho más desde el verano, con incrementos en el precio de la leche de hasta el 61%; un 14,3% en las naranjas; un 44% en los tomates; un 36% en los huevos; un 11% en el pan; un 20% en la carne; hasta un 40% en el pescado; o un 84% en el aceite de oliva, por poner unos ejemplos.

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Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo en supermercado entre julio de 2022 y febrero de 2023

Todo ello, lleva a un empobrecimiento de la economía, que intensifica mes tras mes, con las empresas que no soportan ya más aumento de costes y con las familias asfixiadas por el incremento de la cesta de la compra y la subida de las cuotas hipotecarias variables -como hemos analizado en Libertad Digital periódicamente-, que seguirán subiendo, porque ante la fuerte resistencia de la inflación la política monetaria no va a suavizarse.

Cuánto mejor habría ido si los bancos centrales no hubiesen tardado tanto en reaccionar, generando con su amplio retardo interno lo que está siendo un larguísimo retardo externo de su política monetaria.

Y cuánto mejor nos iría si los gobiernos dejasen de presionar al alza los precios, alimentando los cuellos de botella de manera artificial, que es lo que hacen con su política fiscal tremendamente expansiva por el lado del gasto público, que dificulta y retrasa la aplicación de la política monetaria.

En el día a día en el supermercado, como acabamos de ver, se puede comprobar cómo los productos básicos han subido mucho más desde el verano, que merman la capacidad de compra de los ciudadanos. De hecho, las cadenas de supermercados han detectado ya no sólo una sustitución de los productos de marca por los de marca blanca, que también, sino un descenso en el número medio de productos que compra cada consumidor, con lo que, claramente, el consumo se está debilitando en términos reales o constantes y sólo el alza de precios mitiga la caída en la facturación de las compras realizadas, pero debido exclusivamente a ese efecto inflacionista.

Esto deja, una vez más, completamente fuera de la realidad la afirmación mantenida por la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, y por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando dicen que los precios de los alimentos han comenzado a bajar, cosa que no es cierta.

Los precios, como hemos visto antes -y como ve cualquier persona que realice habitualmente la compra sin autoengañarse- no han bajado, sino que han subido. Puede que ahora tengan esa rebaja del IVA, pero anteriormente habían incrementado su precio dichos productos de manera importante, con lo que no hay bajada, sino una mitigación de la subida, que demuestra, además, que los impuestos han redoblado la asfixia sobre familias y empresas a raíz de la inflación.

Por ejemplo, una barra de pan antes del pasado verano costaba en un supermercado 65 céntimos. En septiembre, subió a 70 céntimos, y en octubre, se incrementó hasta los 75 céntimos. Es decir, aumentó un 15,38%. Al ser el impuesto proporcional, la parte del tributo se incrementó igual, un 15,38%, de 2,5 céntimos a 2,885 céntimos. Ahora, la rebaja del IVA ha hecho que dicha barra de pan descienda a 72 céntimos, pero el incremento de precios sigue siendo importante, un 10,95%.

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Fuente: elaboración propia a partir de trabajo de campo en supermercado entre julio de 2022 y febrero de 2023

Esto no es culpa de los supermercados, sino de una política económica, la del gobierno al que pertenece Calviño, que con su ingente gasto público presiona los cuellos de botella y dificulta la transmisión de la política monetaria para reducir la inflación. Si los precios han dejado de subir una mínima parte se debe a que las empresas han aplicado la rebaja del IVA a rajatabla, sin subir el precio base, cosa distinta de lo que ha hecho el Gobierno durante meses, que se negó a bajar dicho IVA para compensar la subida de precios derivada de los mayores costes a los que se enfrentan las empresas, elemento que le ha permitido amasar una recaudación adicional que malgasta en lugar de reducir mucho más decididamente el enorme déficit público que sigue habiendo y la todavía más abultada deuda pública que se sigue acumulando.

El Gobierno, con este tipo de afirmaciones demuestra tanto que está alejado de la realidad que cotidianamente viven los españoles como que los trata como personas poco informadas que pueden creerse cualquier falsedad que se diga de manera muy rotunda.

Con un crecimiento muy plano, casi inexistente, y una inflación muy elevada, especialmente la subyacente, que en el día a día se plasma en unos incrementos exponenciales de los precios de los alimentos, calzado y vestido, la situación económica no es nada halagüeña, porque el descenso del consumo hará caer a la producción y si esto se consolida puede comenzar a destruirse empleo de manera importante y agravar la ya difícil situación económica.

El Gobierno, en lugar de vivir alejado de la realidad, debe poner de su parte y reducir el gasto, eliminando todo el innecesario, para permitir una más rápida transmisión de la política monetaria del BCE y lograr, así, atajar cuanto antes el crecimiento de los precios.

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