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Manuel Fernández Ordóñez

Todos los fiascos por los que pasará a la historia Teresa Ribera

Esta legislatura ha sido la más agitada energéticamente y Teresa Ribera no creo que pase a la historia por su buen hacer al frente de la cartera.

Esta legislatura ha sido la más agitada energéticamente y Teresa Ribera no creo que pase a la historia por su buen hacer al frente de la cartera.
La ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera | Europa Press

No nos habíamos repuesto del ciclón electoral del pasado domingo cuando, el lunes, nos dieron la alegría de dos meses más de campaña electoral continua. Nos tocará votar el 23 de julio, día en el que Fernando Alonso va a ganar en el Gran Premio de Hungría, por cierto. Pero, anécdotas aparte, lo cierto es que esta repentina convocatoria de elecciones nos deja varias cosas en el aire. Algunas importantes en materia energética.

Esta última legislatura ha sido, posiblemente, la más agitada -energéticamente hablando- en muchos años y Teresa Ribera, la vicepresidenta tercera y ministra para la transición ecológica y reto demográfico, me temo que no pasará a la historia por su buen hacer al frente de la cartera.

En su haber, intentos fallidos de modificación de los peajes eléctricos, un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima que hace agua por múltiples frentes, el retraso inaceptable de las declaraciones de impacto ambiental para las energías renovables, negativas a bajar el IVA de la electricidad utilizando a Europa como coartada (para terminar bajándolo), creación de figuras impositivas que aumentan los precios de la electricidad, apoyar el impuesto del CO2 europeo que hace poco por el clima y mucho para generar pobreza energética, oponerse a la taxonomía de la Unión Europea, oponerse al marginalismo de los mercados eléctricos para recibir un varapalo europeo, abandonar a los consumidores vulnerables acogidos al PVPC incumpliendo el mandato de Bruselas… Podríamos continuar todo el artículo, pero creo que ya se hacen una idea.

Una legislatura que se recordará por una fuerte carga ideológica contraproducente para los intereses de todos los españoles. Un gobierno muy preocupado en decretar emergencias climáticas pero que luego subvencionaba la quema de gas, un gobierno cuyo objetivo primordial en materia energética era cerrar las centrales nucleares pero que ha bendecido todas y cada una de las centrales de gas que tenemos en España. Un gobierno que ha puesto en riesgo el suministro energético de nuestro país al dinamitar las relaciones con Argelia. Un gobierno que se niega a que ejerzamos nuestra soberanía energética, prohibiendo por ley la explotación de hidrocarburos o uranio de nuestro suelo. Un ejecutivo, en definitiva, que en materia energética ha vivido de fantasiosos planes sobre el papel que se han estrellado al intentar hacerlos realidad.

Los retos que tenemos delante son enormes, siguen siendo los mismos, en realidad. Tenemos que electrificar la economía, tenemos que reducir las emisiones del transporte y la industria, tenemos que desarrollar tecnologías de almacenamiento y tenemos que aumentar el porcentaje de energías libres de gases de efecto invernadero. Para ello, debemos seguir apostando por las energías renovables, de un modo realista y con inversiones que permitan un avance estable y sostenible de las tecnologías. Pero sobre todo debemos, de manera absolutamente irrenunciable, continuar operando las centrales nucleares que tenemos en España. Unas centrales que producen más del 20% de la electricidad de nuestro país y sin las que no llegaríamos muy lejos, por no decir a ningún sitio, en el difícil camino que debemos recorrer. Sin energía nuclear no habrá transición energética a tiempo. Espero que el resto de los líderes políticos lo tenga más claro que los anteriores en el cargo.

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