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Así es como los estados del Golfo se lanzan a la caza de 'gangas' en Occidente

Sus fondos soberanos reinvierten los beneficios del petróleo y gas en la compra de activos en EEUU, Europa y Asia. Telefónica es el último ejemplo.

Sus fondos soberanos reinvierten los beneficios del petróleo y gas en la compra de activos en EEUU, Europa y Asia. Telefónica es el último ejemplo.
El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman. | Cordon Press

Telefónica no es un caso aislado. Es tan sólo la última adquisición occidental por parte del abundante capital árabe. La compra del 9,9% de la operadora española a manos de empresa de telecomunicaciones saudí STC Group por 2.100 millones de euros, el límite máximo que permite la ley para no precisar de autorización previa por parte del Gobierno, es percibido por muchos como algo novedoso e incluso amenazante, pero lo cierto es que ni uno ni lo otro.

Los países árabes han intensificado en los últimos años la compra de empresas cotizadas en Occidente, aprovechando los mayores beneficios derivados de la explotación de hidrocarburos. Y su objetivo es, básicamente, económico, ya que buscan diversificar sus inversiones para generar ingresos adicionales al margen del petróleo y el gas ante la posibilidad de que la producción y/o el consumo de ambos descienda en el futuro.

Otras compras en España

Telefónica se suma a la lista de empresas españolas con inversiones provenientes de Oriente Medio. El fondo soberano Qatar Investment Authority (QIA) es el principal accionista de Iberdrola, con el 8,7%; también posee el 19% de los títulos de Colonial, la mayor socimi de España por volumen de activos; Qatar Airways tiene el 25% del grupo aéreo IAG, al que pertenecen Iberia y Vueling; Mubadala Investment Company, el fondo soberano de los Emiratos Árabes Unidos, ostenta el 63% de Cepsa; también entró en el capital de Enagás con una participación de más del 3%, siendo el quinto máximo accionista del grupo energético.

Por su parte, la participación del capital saudí en cotizadas españolas no había sido relevante hasta ahora, tras su irrupción en Telefónica, pero sí ha tenido presencia en diversas operaciones. Valga como ejemplo la celebración de la Supercopa de España desde 2020, la compra de 17 hoteles del Grupo Meliá al fondo saudí ADIA por 600 millones de euros, su participación en El Corte Inglés o la construcción de una planta de combustibles sintéticos en el Puerto de Bilbao por parte de la petrolera Aramco junto con Repsol.

A la caza de oportunidades en Occidente

El caso de España es una gota en un océano. Estas compras responden a un plan estratégico mucho más amplio de inversiones globales para tratar de diversificar los ingresos de los estados del Golfo. Sus gobiernos, en manos de dinastías reales, se valen de sus fondos soberanos, alimentados con los ingresos procedentes de petróleo y gas, para impulsar grandes proyectos a nivel nacional, pero también inversiones de todo tipo alrededor del mundo, incluyendo EEUU, Europa y Asia.

Los fondos soberanos (en manos del Estado) han crecido de forma sustancial en los últimos años, al pasar de 62 en el año 2000 a un total de 176 en 2023, mientras que sus activos bajo gestión se han disparado de apenas 1 billón de dólares a más de 11 billones. Y dentro de este particular ámbito de inversión institucional destacan muy especialmente los fondos soberanos de Asia -especialmente China- y Oriente Medio, ya que representan casi el 80% del volumen total de activos.

Los países ricos en recursos naturales, como los productores de petróleo y gas del Golfo, se sirven de estos vehículos para transformar sus economías y garantizarse vías alternativas de ingresos ante una reducción gradual de las reservas o del consumo mundial de hidrocarburos. De este modo, se preparan para un posible mundo post-petróleo.

El Golfo alberga a cerca de 20 fondos soberanos, con casi 4 billones de dólares bajo gestión. Su naturaleza, tamaño, objetivos y gobernanza difieren mucho entre sí, pero todos ellos cuentan con dos puntos en común: su principal fuente de ingresos deriva de la exportación de materias primas y operan bajo la dirección y supervisión del gobierno y, más concretamente, de la monarquía gobernante. En concreto, los siete fondos más grandes de la región gestionan más de 3,2 billones de dólares, según datos del Sovereign Wealth Fund Institute.

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Y su actividad ha sido especialmente intensa en los últimos años. Los fondos soberanos del Golfo están aprovechando la inestabilidad e incertidumbre que provocó la pandemia en 2020 para buscar oportunidades de inversión mediante la compra de empresas baratas en Occidente. Y todo ello en un contexto de grandes beneficios para los estados productores de petróleo y gas debido al fuerte aumento de precios.

La combinación de cotizaciones atractivas y más ingresos se ha traducido en una importante oleada de compras a nivel global a través de estos vehículos. Los fondos soberanos de Oriente Medio han más que duplicado sus inversiones en Occidente, incluyendo EEUU y Europa, al pasar de 21.800 millones de dólares en 2021 a casi 52.000 millones en 2022.

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Cinco de los diez fondos soberanos más activos durante el pasado año son de la región del Golfo. Y 26 de las 60 grandes operaciones realizadas en 2022, con compras superiores a 1.000 millones de dólares, son también de Oriente Medio, centrándose la mayoría (17) en adquirir activos de EEUU y Europa.

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Además, si bien en la crisis financiera de 2008 aprovecharon los precios de derribo para entrar en el sector financiero, hoy estos fondos buscan oportunidades en múltiples sectores, desde tecnología y construcción hasta turismo, entretenimiento e infraestructuras.

Esto responde a un cambio de estrategia, ya que ahora no sólo se centran en buscar gangas en tiempos de turbulencias, sino en diversificar sus carteras mediante la compra de empresas que generen buenos retornos a medio y largo plazo, tales como el sector tecnológico.

PIF, el gran fondo de Arabia Saudí

Uno de los vehículos más destacados es, precisamente, el de Arabia Saudí (PIF, por sus siglas en inglés), Con casi 600.000 millones de dólares en cartera, la familia real saudí quiere que convertirlo en el fondo soberano más grande del mundo, con 2 billones de dólares bajo gestión en 2030.

Entre sus inversiones extranjeras, destacan compañías tan diversas como Lucid, Uber, Meta o Softbank, por citar tan sólo algunos ejemplos. Pero también el desarrollo de grandes proyectos nacionales, como la construcción de Neom, una mega ciudad de 500.000 millones de dólares en el desierto alimentada por energía renovable.

En los últimos años, el capital árabe ha llamado la atención por su fuerte apuesta en el mundo del deporte, con la compra de clubes y estrellas del fútbol, así como competiciones de diversa índole, como el golf. El objetivo en este caso consiste en lavar la cara al régimen saudí para atraer capital y turismo extranjero.

Pero su estrategia va mucho más allá y se llama Visión 2030, un plan para transformar la economía saudí con el fin de que en el futuro no dependa tanto de la explotación de hidrocarburos. Incluye la descarbonización del país para 2060, así como ambiciosos proyectos de modernización local e inversión internacional para propiciar nuevas fuentes de riqueza e ingresos estatales.

Este fondo soberano es "el motor que impulsa la transformación de la economía de Arabia Saudí. Apasionado por liderar el desarrollo económico local, localizar tecnología y conocimientos de vanguardia, PIF está ampliando su cartera de activos internacionales, invirtiendo en sectores y mercados globales mediante la construcción de asociaciones estratégicas y lanzando iniciativas para contribuir a los objetivos de Visión 2030", tal y como rezan los objetivos del PIF.

La Visión 2030 pretende convertir Arabia Saudí en una "potencia de inversión global" para "estimular nuestra economía y diversificar nuestros ingresos", según enfatiza Mohammed bin Salman, el príncipe heredero al trono. La compra de Telefónica es tan sólo una pieza más del puzzle.

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